Lucas Ghersi (30) es peruano y no quiere que el gobierno del Presidente Pedro Castillo impulse nuevamente la creación de una Asamblea Constituyente. Y es que el Mandatario de ese país ya lo hizo. En abril presentó un proyecto al Congreso para convocar a una Asamblea, el que fue rechazado un mes después. Y esta semana hubo una nueva intentona del Ejecutivo para avanzar en esa dirección, lo que agudizó la crisis política, ya que el gobierno sufrió una nueva derrota y la caída de su cuarto primer ministro, con lo que volverá a reconfigurar su gabinete.

Para lograr su objetivo de evitar la realización de una Asamblea Constituyente, este abogado de la Universidad Católica del Perú, master en derecho de la Universidad de Chicago y ex asesor del Tribunal Constitucional de su país, creó hace algo más de un año la iniciativa “No a la Asamblea Constituyente”.

El movimiento ha logrado recolectar más de un millón de firmas. Para hacerlo, Ghersi y su equipo han recorrido varias ciudades del país, incluso las que son los principales bastiones de la izquierda peruana.

José Francisco Lagos, Alejandro Cavero y Lucas Ghersi.

De visita en Chile para participar en un conversatorio organizado por Res Pública -que contó con la participación del director del instituto, José Francisco Lagos, y del diputado peruano Alejandro Cavero-, Ghersi abordó con El Líbero los principales lineamientos de la iniciativa que impulsa, los riesgos que correría el Perú si se inicia una Asamblea Constituyente, la crisis desatada esta semana y cómo el proceso chileno se ha transformado en un caso a observar.

“El trabajo de las organizaciones de la sociedad civil que se hizo en Chile para oponerse a la nueva Constitución es un verdadero ejemplo para toda América Latina”, señala, advirtiendo que en la región “tenemos que desactivar este culto que hay a las Asambleas Constituyentes”.

“Yo creo que ustedes se asomaron al abismo, vieron el abismo, y retrocedieron. Yo creo que Chile, con las fortalezas institucionales que tiene, fue capaz de iniciar un proceso constituyente y salir de él, aunque siga en una situación algo incierta. En el Perú, una vez que se iniciase este proceso, sería prácticamente imposible salir de él. Si en el caso peruano esto se inicia, nuestras posibilidades de responder y reaccionar serían mínimas. Por eso nuestra batalla debe ser una batalla previa, que no permita el avance en ese sentido”, dice.

“Las instituciones peruanas están bajo una amenaza mortal”

-¿Cómo ves la situación actual del Perú? ¿Qué riesgos hay de que haya una involución democrática?

-La continuidad del Estado de Derecho en el Perú está bajo amenaza, está bajo peligro mortal. Si es que uno revisa sólo los indicadores macroeconómicos puede llevarse una falsa impresión de que el Perú es una país resiliente y estable. En el Perú la inflación se ha mantenido bajo control porque hay un presidente del Banco Central que es muy responsable, en el Perú no hay recesión y habrá crecimiento de entre 2 y 3%. Si miramos sólo estos indicadores, alguien podría distraídamente afirmar que en el Perú no pasa mayor cosa. Pero la realidad es que las instituciones peruanas están bajo una amenaza mortal. La situación en la que estamos es extremadamente frágil.

El Presidente Pedro Castillo y el grupo de personas que llegó al poder, proviene de un sector de la izquierda extremadamente radical. La izquierda peruana es maoísta y Pedro Castillo proviene del sector maoísta más radical que incluso tiene vinculaciones con los grupos remanentes de Sendero Luminoso.

-¿Pero hay opciones reales de que pueda ver la luz la opción de hacer una Asamblea Constituyente?

-El presidente del partido Perú Libre, al momento de llegar al poder, dijo ‘hemos conseguido el gobierno, pero no hemos conseguido el poder. Para poder conseguir el poder se requiere hacer una Asamblea Constituyente’.

En el Perú existe una posibilidad provista en la Constitución de disolver el Congreso. Perú no tiene un modelo presidencialista tradicional, como Chile o la mayoría de los países de América Latina. Perú tiene un sistema de gobierno afrancesado que tiene un primer ministro, que tiene la institución de la ‘cuestión de confianza’, y si el gobierno hace dos cuestiones de confianzas que son denegadas en el Congreso, el gobierno puede disolver el Congreso. Entonces, la estrategia del gobierno es provocar la disolución del Congreso ya sea constitucionalmente o a través de un golpe de Estado. Una vez que consigan la disolución del Congreso, la idea es convocar a una Asamblea Constituyente. El lema de la izquierda del gobierno en este momento, de quienes viajan por todo el país haciendo campaña, es ‘cierren el Congreso, nueva Constitución’. Eso estamos enfrentando nosotros.

-¿Qué ha pasado en estos días en Perú? Castillo acusa que el Congreso le negó la primera ‘cuestión de confianza’. ¿Faltaría sólo una negación más para que pueda disolver el Congreso?

-Lo que ha ocurrido en el Perú en los últimos días refleja lo que he mencionado anteriormente. La semana pasada, el presidente del Consejo de Ministros, Aníbal Torres, acudió al Congreso y presentó cuestión de confianza respecto de una ley que modificaba la norma peruana sobre participación ciudadana. La ley en materia del objeto de la cuestión de confianza decía que el Presidente no puede plantear cambios de la Constitución directamente por referéndum, sino que el referéndum tiene que primero aprobarse en el Congreso. Es decir, la ley dice que no puede haber referéndum sin votación previa en el Congreso. Lo que está pidiendo el gobierno es que se derogue esta ley que limita los referéndums. El Congreso, en vez de discutir la confianza, en vez de tramitarla, dijo que sobre ese punto no puede haber cuestión de confianza, porque antes había una ley donde se señaló que no cabe la cuestión de confianza respecto de materias que son competencia exclusiva del Congreso, como las reformas de la Constitución.

Entonces en este momento se ha producido una discrepancia interpretativa. El Presidente considera que se le ha negado la confianza una vez y el Congreso considera que no ha habido ninguna denegación de la confianza. Para el Presidente ya hay un strike de dos que se requieren para disolver el Congreso, y para el Congreso no hay ningún strike. Esta diferencia interpretativa puede ser que termine siendo dilucidada por el Tribunal Constitucional del Perú, pero ahora estamos en una situación muy difícil, porque el Presidente de la República seguramente buscará plantear una segunda cuestión de confianza para proceder a disolver el Congreso e instalar una Asamblea Constituyente.

“La Asamblea Constituyente no sólo es un medio para una nueva Constitución, también es un fin en sí mismo que tiene por objetivo suspender la separación de poderes”

-¿Qué tintes podría tener una Asamblea Constituyente en el Perú?

-Si se instalase una Asamblea Constituyente en el Perú, tendría poderes originarios absolutos. En el Perú la izquierda ni siquiera pretende justificar la idea cuestionable de una convención constituyente con poderes limitados, sino que de frente la idea es una asamblea con poderes absolutos cuyo trabajo no sería susceptible de ningún tipo de control constitucional. Podrían implementar la reelección presidencial indefinida, ponerle una mordaza a la prensa, cambiar completamente el modelo económico y no habría ninguna autoridad capaz de revisar esta nueva Constitución. 

La Asamblea Constituyente podría ser usada para intervenir instituciones que son independientes al gobierno, como reorganizar el Poder Judicial para crear un Poder Judicial plurinacional o popular y declarar nulas las sentencias anteriores. Lo mismo con el Ministerio Público, que en este momento tiene acorralado al Presidente Castillo con denuncias de corrupción. O sea, la lógica es ‘si es que yo no puedo vencer jurídicamente a quienes me investigan por corrupción, creo la Asamblea Constituyente y la uso para intervenir el Ministerio Público’. Lo mismo puede pasar para el Tribunal Constitucional o la Defensoría del Pueblo.

Para el Socialismo del Siglo 21 como se manifiesta en el Perú, la Asamblea Constituyente no sólo es un medio para una nueva Constitución, también es un fin en sí mismo que tiene por objetivo suspender la separación de poderes y capturar todos los espacios. 

Lo más grave de todo es que lo que propone el gobierno, y lo propone transparentemente, es que sólo el 40% de los integrantes de la Asamblea Constituyente sean electos por el pueblo a través del voto y el resto serían designados por un sistema corporativista, neofascista, donde grupos de la sociedad civil a través de organizaciones intermedias designen constituyentes a dedo.

“Evo Morales se pasea por todo el Perú como si fuera una especie de Virrey”

-¿Cuándo la izquierda comenzó a levantar la bandera de una nueva Constitución por medio de una Asamblea Constituyente?

-En el Perú se ha hablado de Asamblea Constituyente desde el día siguiente a la caída del gobierno de Fujimori, pero siempre ha sido una discusión de baja intensidad. Siempre se ha sabido que no ha sido necesario hacer una nueva Constitución para mantener el Estado de Derecho. La Constitución ha tenido más de 40 reformas, además fue ratificada por un referéndum, donde hubo participación de diversos sectores. 

Ha habido una larguísima discusión sobre cambiar la Constitución, pero siempre de muy baja intensidad. Pero este gobierno le ha dado un nuevo realce con la idea de imponer una dictadura al estilo bolivariano. La inspiración más clara es Evo Morales, que es un asesor extraoficial del gobierno peruano. Él se pasea por todo el Perú como si fuera una especie de Virrey. Es una cosa notoria. Es lo que estamos enfrentando.

-¿Cuál es la estrategia que utilizan como movimiento para combatir la idea de realizar esta Asamblea Constituyente?

-La estrategia es no sólo con un argumento jurídico, sino que buscando dar la pelea de la legitimidad. Competir con el adversario político en las calles, en los mercados, en las plazas del Perú, hacer conferencias no sólo en Lima, sino que en ciudades más pequeñas y sobre todo en el sur del Perú, que es el bastión tradicional de la izquierda radical en nuestro país. En vez de ser pasivos, competir con el adversario político en el bastión de ellos. La única manera de preservar el Estado de Derecho es defendiéndolo militantemente, no tímidamente. Ese es el trabajo que hemos hecho, recolectando más de un millón de firmas en contra de la Asamblea Constituyente en el Perú.

El trabajo de las organizaciones de la sociedad civil que se hizo en Chile para oponerse a la nueva Constitución es un verdadero ejemplo para toda América Latina. Nosotros iniciamos la campaña contra la Asamblea Constituyente de manera preventiva. De antes de que Pedro Castillo asumiera la presidencia. Es algo que hemos hecho totalmente desde la sociedad civil, lo lanzamos desde la nada y muchísima gente respondió. Hemos preparado equipos de trabajo y comités que han recolectado firmas en todas las ciudades del Perú. Si llegásemos a tener un referéndum o un plebiscito, podríamos convertir lo que ya tenemos en una campaña por el No. Esto está hecho como una precampaña, que esperemos que nunca se transforme en una campaña, pero si llegamos a ese punto, tendremos que hacerlo. Pero tengo la seguridad de que el trabajo preventivo va a rendir frutos y no vamos a llegar a eso.

-¿Por qué optaron por recolectar firmas?

-Porque lo que hacía la izquierda radical en el Perú era juntar firmas a favor de la Asamblea Constituyente, pero ellos lo hacían de una manera un poco caótica. Entonces dijimos, ‘si ellos juntan firmas, nosotros también’. Recolectamos muchas más firmas que ellos y hemos logrado desactivar la campaña de recolección de firmas de ellos. Ha sido un trabajo muy intenso donde ha habido muchos actores. Por ejemplo, han participado mucho los profesores de colegios públicos que conocen a Pedro Castillo, que también es profesor, y dicen ‘cuando yo era profesor conocíamos a este señor que era un mafioso que venía a cobrar cupos, a llevarse parte del sueldo de los demás profesores’. Ha participado mucho la comunidad cristiana, los cristianos evangélicos, que se han movilizado de una manera impresionante. Otro sector muy importante ha sido el personal militar y policial en situación de retiro, que combatió en la guerra interna contra el terrorismo del Sendero Luminoso. Esos son sectores clave, también los microempresarios, asociaciones de comerciantes, y en general gente de la sociedad civil. También muchos peruanos en el extranjero, como los que están en Santiago, donde se recolectaron miles de firmas en contra de la Asamblea Constituyente. Ha sido un esfuerzo muy grande.

“Si en el Perú perdemos la batalla previa, de repente ya no va a haber batalla posterior”

-¿Se podría decir entonces que están ganando la batalla cultural en este tema?

-Es que el eje del debate en Perú no está tan tirado a la izquierda, y la izquierda es consciente de la extrema impopularidad de la mayoría de sus propuestas. Los peruanos en su mayoría reconocen que la Constitución actual ha permitido la creación de una clase media, el crecimiento de la economía, eliminar la inflación… hay un consenso muy fuerte alrededor de la economía de mercado. Entonces, cuando le preguntas a la gente de extrema izquierda para qué quieres cambiar la Constitución, hay un silencio sepulcral, no saben qué decir, porque la verdadera razón por la cual ellos la quieren cambiar es porque quieren que el Estado tenga empresas, quieren expropiar, quieren robarse la plata de los fondos de pensiones. La propuesta es tan visceral y en contra del sentido común que ellos no se atreven a proponer qué es lo que quieren. Ellos lo que buscan es decir ‘dame el poder absoluto pero no te digo para qué’. Y el argumento que dan es muy barato, ad hominem, un argumento en contra del fujimorismo. La izquierda siempre polariza. Si no estás con la extrema izquierda eres fujimorista. 

Esta batalla previa que estamos haciendo es fundamental. Si en el Perú perdemos la batalla previa, de repente ya no va a haber batalla posterior, porque esta es gente que tiene un desprecio absolutamente abierto por la democracia, que están abogando por el autoritarismo de una manera totalmente transparente. En el Perú ellos no son progres, como podrían ser otras izquierdas como la chilena. No estamos discutiendo con gente que te habla del género o del medio ambiente. Estamos hablando con comunistas sacados de una máquina del tiempo de los años 50, con maoístas. Eso tenemos al frente. Puede parecer algo museográfico, pero a veces así es el Perú.

“En el caso peruano el riesgo de perder la democracia tal vez es mayor al que había en el caso chileno”

-¿Cómo ves el caso chileno, que comenzó un proceso constituyente en 2020 tras el estallido de octubre de 2019? Acá hubo un acuerdo político transversal para impulsarlo, se le pusieron bordes al proceso y en el plebiscito de salida de hace un par de meses la ciudadanía rechazó el texto propuesto por la convención.

-El caso peruano, si bien tiene similitudes con el caso chileno, también tiene diferencias. En el caso chileno el proceso constituyente fue una demanda de grupos de izquierda muy radicales, pero muy desordenados y desorganizados entre sí, que plantearon demandas y el gobierno de ese entonces capituló y cedió el proceso constituyente. En Perú es distinto, porque viene como algo que quiere imponer el poder Ejecutivo. Lo que vemos en Perú es más bolivariano, se parece más a lo que fue el proceso constituyente de Bolivia, con Evo Morales, o incluso el proceso de Venezuela. Tanto así que el proyecto de ley que presentaron unos congresistas oficialistas peruanos para la Asamblea Constituyente, es prácticamente un plagio, copiado literal del decreto que convocó a la Asamblea Constituyente venezolana de 2017.

En el caso peruano el riesgo de perder la democracia tal vez es mayor al que había en el caso chileno. Siendo también muy grande el del caso chileno. Yo creo que ustedes se asomaron al abismo, vieron el abismo, y retrocedieron. Yo creo que Chile, con las fortalezas institucionales que tiene, fue capaz de iniciar un proceso constituyente y salir de él, aunque siga en una situación algo incierta. En el Perú, una vez que se iniciase este proceso, sería prácticamente imposible salir de él. Si en el caso peruano esto se inicia, nuestras posibilidades de responder y reaccionar serían mínimas. Por eso nuestra batalla debe ser una batalla previa, que no permita el avance en ese sentido.

En América Latina tenemos que desactivar este culto a las Asambleas Constituyentes. Las Asambleas Constituyentes tienen poder absoluto. El poder absoluto no es el entorno más sano para discutir las reformas que requieren los países. Las reformas hay que discutirlas de manera parcial. Un referéndum sobre todo al mismo tiempo y con poder absoluto, probablemente confunde y fuerza una decisión emocional, identitaria, y no una discusión mínimamente racional sobre las cosas.

-¿Desde la centro derecha y la derecha peruana hay apertura para hacer cambios a la Constitución de 1993?
-Por supuesto que puede haber cambios, pero dentro del marco democrático institucional, debatiendo reforma por reforma, sobre todo en la estructura del Estado. En el régimen electoral, por ejemplo, debería haber un sistema uninominal, en la elección del Congreso no se debería escoger al 100% de los parlamentarios con el Presidente, sino que la mitad y la otra mitad en medio del período presidencial. Bienvenidos los cambios, pero no cambios suspendiendo la vigencia de la separación de poderes. Esa es la lucha en la que estamos. 

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