Publicado el 05 de agosto, 2020

Laurence Golborne a 10 años de “los 33”: “Desafortunadamente ese espíritu de unidad se ha ido perdiendo”

Autor:

Magdalena Olea

El ex ministro de Minería relata los episodios ocurridos desde el derrumbe de la Mina San José ocurrido el 5 de agosto de 2010. “Hay que concederle el mérito real que tiene el Presidente Piñera en esto, porque la decisión política que él tomó de comprometer a su gobierno en esta tarea es lo que permite que hoy día 33 personas estén vivas”. Además, comenta cómo ve ese Chile que se unió para el rescate de los mineros hace 10 años con el Chile post 18-O. “Hemos caído en una política en la que buscamos cuál es el camino más fácil para complacer a las personas y eso no es necesariamente lo mejor en el largo plazo para el país”, sostiene.

Autor:

Magdalena Olea

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Ayer se cumplieron 10 años desde el derrumbe de la Mina San José, que se produjo el 5 de agosto de 2010, y que dejó atrapados a 33 mineros a unos 720 metros de profundidad durante 69 días, hasta el rescate, que ocurrió el 13 de octubre. 

Para abordar el tema, la periodista Magdalena Olea conversó, durante el programa Mirada Líbero en Agricultura, con el ex ministro de Minería y de Obras Públicas Laurence Golborne, protagonista de ese episodio. “Ese sentimiento de unidad que se vivió en el rescate es una cosa que mostró que Chile, cuando se une detrás de un objetivo común, es capaz de grandes cosas. Desafortunadamente ese espíritu duró 70 días y luego de eso se ha ido perdiendo”, sostiene en la conversación.

-A 10 años del derrumbe y posterior rescate de los mineros. ¿Cómo fue esa experiencia, cómo fue estar en los zapatos del ministro de Minería cuando ocurrió el derrumbe de la mina? La situación debe haber sido muy tensa durante los días en que no se sabía nada sobre el estado de salud de los trabajadores atrapados, hasta que finalmente se encuentran con vida…

-La verdad es que al recordar 10 años atrás se vienen sentimientos de distinta naturaleza. Recordar los primeros 17 días donde nadie tenía nada claro, no hay un manual de cómo rescatar personas, de hecho en el mundo lo que ha ocurrido en situaciones similares ha sido dramático, y fueron días realmente duros, un verdadero infierno. Yo siempre digo que en ese minuto nadie quería estar ahí, incluyéndome, porque era una situación muy muy complicada. Pero afortunadamente el 22 de agosto logramos llegar a encontrar a estos mineros que tenían la suerte de no estar en la zona donde ocurrió el derrumbe y poder irse al refugio y de esa manera poder salvar sus vidas, y logramos encontrarlos. Después de esos 17 días vino un periodo con mucho trabajo, esfuerzo, dedicación, y logramos rescatarlos. Sin embargo, ha sido una de las tareas más maravillosas que me ha tocado desarrollar en mi vida personal y profesional.

-¿Cómo fue el rescate, qué recuerdos tiene de ese día?

-Sin lugar a dudas el día más importante es el 22 de agosto, que es el día en que los encontramos. Hay que entender que vivíamos en una situación dramática, estábamos cada día dando malas noticias desde que ocurrió el accidente el 5 de agosto. Llegaron las primeras autoridades en la noche de ese día, yo llegué al día siguiente, volviendo desde Quito, Ecuador, ya que el Presidente me pidió que volviera, dada la gravedad del hecho. Y hasta el 22 de agosto, esos 17 días solo tuvimos malas noticias. Nosotros hablábamos con las familias, les decíamos lo que estaba pasando, los avances, pero en realidad eran avances y retrocesos y, por tanto, la frustración, la preocupación era creciente y la angustia de las familias era un tema que nos marcaba a todos, muchísimo. Entonces, el 22 de agosto a las 5 de la mañana cuando un llamado telefónico de Cristián Barra, un gran amigo y colaborador dentro del rescate, me despierta y me dice “rompimos”, se me salió el corazón. Pero eso no significaba nada, hasta ese minuto “rompimos” significaba que habíamos llegado con una perforación a una cavidad, o sea podríamos haber legado a un túnel, o al refugio, donde fuera, pero no sabíamos nada más, no sabíamos si estaban vivos, si estaban muertos, absolutamente nada.

-¿Y luego, como fue cuando los encontraron? ¿Cuál fue el minuto más emocionante o más fuerte que vivió?

-Partimos corriendo a la zona del sondaje y el proceso de retirar las barras de perforación toma alrededor de 5 o 6 horas, en ese intertanto les contamos a los familiares que habíamos roto, los tratamos de calmar respecto a las expectativas, es decir, esto tenía una serie de protocolos que definían qué hacer, “esto no significa nada”, “vamos a poner una cámara”, “vamos a ver si hay algo”, y a medida que van saliendo las barras a través de las horas llegamos a la última barra, donde está el cabezal del martillo que perfora la roca y ese cabezal, al salir, viene manchado con pintura roja… Esa pintura roja es normalmente usada en las minas para marcar cosas abajo, y yo le digo a las persona que está al lado mío “este cabezal está marcado, ¿qué paso?” y me dice “no, si eso no estaba marcado, estaba limpio”… Y en ese instante es el momento preciso en que yo sentí algo especial, fue en ese momento, cuando a mí se me salió el corazón. Significa que alguien había rallado eso, que alguien estaba ahí o que alguien había allá abajo… y bueno, cuando sigue saliendo el último tramo del perforador, y sale la cabeza del martillo, ahí viene una bolsa amarilla plástica amarrada, donde viene un papel que sacamos y era una carta, estaba toda mojada, era una carta de Gómez -uno de los mineros- a su mujer, y la empiezo a leer y la guardo porque era privado. Y alguien justo mira por debajo de la cabeza del martillo y ve que hay un papel asomándose ahí. Lo saca y era un papel que dice “estamos bien en el refugio los 33”. Una frase tan pequeña, pero que reflejaba tanto… Extraordinario. Ahí, en ese instante, ocurrió una verdadera epifanía, la gente cayó de rodillas rezando, dando gracias a Dios, nos abrazábamos, gritábamos, era realmente una situación de alegría indescriptible.

-¿Ha seguido en contacto con los mineros? ¿Cuándo fue la última vez que los vio? ¿Cómo es la relación con ellos?

-Sí, con algunos de ellos he mantenido el contacto, con otros no tanto. Una vez al año en general nos juntábamos a comer, el año pasado fue la última vez que lo hicimos, y llegaron del orden de 17 de los 33, por ahí. Y en general tengo contacto con algunos vía telefónica… a Marito Sepúlveda lo saludo para el cumpleaños, con algunos de ellos me contacto cada cierto tiempo, ellos me saludan. Pero las relaciones no son tan cercanas dado que muchos están repartidos por Chile. Unos en Concepción, otros en Talca, otros en el norte, etc. Y ellos han tenido también entre ellos una relación difícil. No ha sido todo lo cordial que uno quisiera, entonces tampoco es fácil esa relación.

-Al cumplirse 5 años del rescate de los mineros de la mina San José salió una película: “Los 33”, con usted como protagonista. ¿Qué le pareció la película y cuáles diría son las principales diferencias de la película con la vida real?

-La película es una ficción, hay que entender que es una película que está dramatizada de un hecho real, basada en hechos reales, donde mezcla muchos personajes en algunos, y claro, tiene algunas licencias creativas. Refleja bastante certeramente la historia en rasgos generales, pero yo siempre destaco que hay dos temas en los que creo que la película es tremendamente injusta, beneficiándome a mí en el fondo, pero es importante hacer la aclaración. Primero, en la película aparezco yo como la persona que dice “Presidente tenemos que rescatar a los mineros”. En eso hay que concederle el mérito real que tiene el Presidente Piñera en esto. A muchos podrá gustarle o no gustarle, pero la real decisión política, la decisión que él tomó de comprometer a su gobierno en esta tarea es lo que permite que hoy día 33 personas estén vivas. Esa es una realidad y es un mérito de él y nadie más. Yo no le dije eso, al revés, él fue el que dijo “vaya usted para allá, y hagamos todo lo humanamente posible por encontrarlos”. Me dio carta blanca para hacerlo y finalmente tuvimos éxito. Pero la decisión clave fue la decisión de comprometer al gobierno, y eso es mérito del Presidente y de nadie más. No sé si cualquier otra persona racional, un político de experiencia, se hubiese comprometido así. Uno ve las historias de otros países y de otros rescates y uno no ve a un gobierno involucrado directamente en una situación así. No la ve porque obviamente tiene muchos riesgos desde el punto de vista político.

Yo no tuve ninguna idea genial, la idea fue de un grupo de personas y de un trabajo en equipo real”.

-¿Y la segunda diferencia entre la vida real y la película?

-Lo segundo es que uno de los elementos clave del rescate fue el trabajo que hicieron los sondajistas, un equipo grande de personas que trabajaron en el área del sondaje. Y ellos empezaron a medir las desviaciones, porque uno de los problemas que teníamos es que los sondajes se desviaban tremendamente de la dirección a la que estábamos apuntando. Ellos empezaron a medir estos sondajes y en algún momento, en nuestras reuniones de trabajo, empezamos a decir “por qué no consideramos estas desviaciones y apuntamos considerándolas”, es decir, apuntamos en una dirección pensando que el giro lo va a mover en otra dirección. Y esa decisión en la película aparezco yo como la persona a la que se me ocurre esto y le digo a André Sougarret que hay que hacer eso, y la verdad eso no fue así. Yo no tuve ninguna idea genial, la idea fue de un grupo de personas y de un trabajo en equipo real, como ocurre normalmente en la vida de la gente, que se genera mucho valor cuando se trabaja en equipo. Así lo hacíamos en la mina y así finalmente tuvimos éxito… Son esos dos elementos en que creo que la película es un poco injusta, y tiene un montón de otras licencias divertidas. Hace ahí un guiño entre María Segovia y el ministro. La María es una mujer extraordinaria, hermana de uno de los mineros, una mujer chilena típica, muy luchadora y aguerrida además, y obviamente yo tuve una muy buena relación con ella. Es un gran mujer que creo que sigue en Antofagasta vendiendo empanadas. Y tiene una serie de cosas así, como Mario Sepúlveda, que aparece representado por Antonio Banderas, que es un tipo genial, pero tiene días buenos y días malos, yo creo que abajo en la mina había días en que lo querían matar y otros que lo querían besar, pero en la película aparece como un gran héroe.

Desafortunadamente ese espíritu duró 70 días y luego de eso se ha ido perdiendo”.

-¿Como ve ese Chile que se unió para el rescate de los mineros hace ya 10 años, con el Chile del 18 de octubre hacia adelante?

-Eso creo que es en realidad una de las cosas más importantes que se descubrió en esa instancia. La situación era sumamente complicada y en una zona políticamente difícil, a pesar de tener una oposición muy fuerte al gobierno en esa área logramos todos trabajar con un objetivo común. Ahí, el alcalde de Vallenar, el de Caldera, de Copiapó, todos de oposición en su minuto, la senadora Isabel Allende, el diputado Lautaro Carmona del PC, juntos trabajando con Baldo Prokurica, que era el senador de Chile Vamos, o Giovanni Calderon, diputado de la zona, Carlos Vilches… todos trabajando juntos con el mismo objetivo, ninguno con una crítica destructiva tremenda, todos tratando de aportar su grano de arena para que esto funcionara. Yo eso lo valoro tremendamente. Ese sentimiento de unidad que se vivió en el rescate es una cosa que mostró que Chile, cuando se une detrás de un objetivo común, es capaz de grandes cosas. Desafortunadamente ese espíritu duró 70 días y luego de eso se ha ido perdiendo y creo que hoy estamos en una situación bastante más triste que la que vivimos en ese minuto. Pero fue una situación que logró unir a un país entero.

-Usted que fue pre-candidato presidencial, y candidato a senador también. ¿Le gustaría tener un rol activo en la política ahora que se viene el plebiscito, el proceso constituyente y el cargado escenario electoral?

-No la verdad que no. La política no es lo mío. En la vida uno tiene que saber para lo que sirve y para lo que no sirve. Yo creo tener algunos atributos que pueden ser útiles para el servicio público, pero tengo algunos elementos que me faltan para desempeñarme en la vida política, y que no me hacen añorar ese periodo. Nunca había estado en política antes de entrar a ser ministro, entré sin ninguna militancia en ningún partido, sin el apoyo de ningún partido. Entré pensando que podía hacer una contribución por un tiempo al país, se dio esta situación de los mineros, esto generó una popularidad tremenda, ahí mucha gente me dijo que era un capital político que no se podía desaprovechar y yo estuve dispuesto y disponible para enfrentar otros desafíos. Las cosas no se dieron así, saqué muchos votos, pero no los suficientes, y en definitiva, hay que aceptar esa situación y volver a la vida y a lo que uno es capaz de hacer. Me desempeño en el sector privado bastante exitosamente, bien, y participo en la vida pública a través de distintas instancias, pero no en la política activa directa, y no es algo que hoy yo esté buscando ni esperando.

-Usted fue en su momento el ministro más popular del Presidente Piñera, alcanzó un 95% de aprobación… hoy vemos hay una mala evaluación en general, una percepción de desconfianza institucional y política de parte de la ciudadanía, con un debate además súper polarizado. ¿Cómo ve hoy la situación en Chile?

-Creo que ha pasado de todo en este país, pero en definitiva se ha perdido por una parte el respeto a la convivencia cívica, se ha perdido el respeto hacia el pensamiento de los demás. Hoy muchos tratan de imponer sus propias ideas del lado que sea, y cuando alguien no opina igual que uno, prácticamente en lugar de dialogar, conversar y buscar puntos de acuerdo, uno se siente ofendido, y es como una censura a los pensamiento distintos. Eso es un grave error que nos distancia y no nos une. Y en el punto de vista político, también se ha caído en algo bastante triste, que es pensar que el estar conectado con la gente significa hacerle caso a lo que la calle opina, entendiendo calle por lo que dicen las redes sociales, tuiter o lo que la gente publica en instagram, y eso no necesariamente es así. La política tiene que estar basada en convicciones, en lo que uno cree, tiene que estar basada en un contacto directo y en la relación estrecha con las personas, pero no significa que uno no tenga que a las personas decirles la verdad y decirles lo que de verdad es necesario hacer. Porque una cosa es lo que la gente puede querer hacer y otra distinta es lo que es necesario hacer. Nadie quiere hacer las cosas duras, nadie quiere hacer las cosas que son complicadas, el esfuerzo, el trabajo, levantarse temprano, etc., son todas cosas que no nos gusta hacer, peor tenemos que hacerlas.

-¿Se ha deteriorado la política en Chile?

-Uno tiene que canalizar las necesidades del país con políticas públicas que se aboquen a lo que uno debe hacer como país, y hacer el máximo esfuerzo como político de explicar a las personas y convencerlas de que eso es necesario. Pero hemos caído en una política en la que, al revés, buscamos cuál es el camino más fácil para complacer a las personas, y eso no es necesariamente lo mejor en el largo plazo para el país, y lo hemos estado viendo con una serie de políticas publicas, a mi juicio, de dudosa calidad. Voy a ponerle un ejemplo muy simple. Creo que es sumamente destacable e importante que la gente entre a la universidad y estudie, y me parece fantástico que pueda existir gratuidad, me parecería extraordinario. Pero en un país que tiene recursos tan limitados como el nuestro, pensar que tenemos gratuidad universitaria pero no tenemos colegios básicos con un nivel de calidad adecuado, que no tenemos parvularios, y no tenemos un nivel de educación a nivel básico de primer nivel, me dice bueno, ¿y qué politica estamos haciendo? ¿Porqué no colocamos ese dinero en ese nivel de educación primario, que es donde se necesita prioritariamente? Y luego, cuando el país crezca, y pueda, podremos ir avanzando, pero ponemos a veces las prioridades en lugares equivocados.

Revisa acá el video del rescate realizado por El Líbero

 

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