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Publicado el 29 de noviembre, 2018

La letra chica de la invitación de Maduro a Bachelet: revisar con el gobierno chavista cómo éste promueve los DD.HH. en Venezuela

Autor:

Emily Avendaño

La fecha de la visita de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos a Venezuela aún no se ha definido, aunque la Cancillería de ese país dejó claro que será el próximo año. Hacerlo después del 10 de enero de 2019 supone una disyuntiva, pues a partir de ese momento más de 40 gobiernos han dicho que no reconocerán a Nicolás Maduro, por haber sido reelecto en comicios tildados de "fraudulentos". Lilian Tintori afirma: “Después del 10 de enero, reunirse con Maduro es reunirse con un Presidente ilegítimo”.
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Emily Avendaño

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La carta de invitación de Nicolás Maduro a Michelle Bachelet para que visite Venezuela debe ser leída con lupa. En la misiva, el Presidente venezolano autoriza a la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos a que realice una visita oficial a Venezuela, pero con ciertas condiciones. La primera es que la inspección se hará “junto al Gobierno Bolivariano”, la segunda es que Bachelet podrá ver “los amplios e históricos esfuerzos a favor de garantizar y promover los derechos humanos del pueblo venezolano”, y la tercera es que conozca al detalle “las repercusiones negativas” de las “medidas coercitivas unilaterales impuestas por factores adversos a Venezuela”.

La información difundida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país, no alude a que la visita de la representante de la ONU no es casual. Y que se produce por un mandato del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que solicitó, el 26 de septiembre, a la Alta Comisionada que preparase un informe exhaustivo sobre la situación de los Derechos Humanos en Venezuela. Todo esto, en el contexto de una “crisis política, económica, social y humanitaria”.

La propia Alta Comisionada cuando explica ante CNN en Español que ha recibido esta invitación, tampoco menciona este mandato. “Esta petición se une a las palabras del presidente Nicolás Maduro durante la Asamblea General -de la ONU- donde señaló públicamente que iba a invitarme, y en el día de hoy -26 de noviembre- he recibido una carta formal para ir a Venezuela. Claramente habrá que mirar en qué momento es posible, en qué condiciones, para yo, como Alta Comisionada, tener la posibilidad de así como hablar con el gobierno, también hablar con todas las partes que corresponda”, afirma Bachelet en una entrevista ofrecida al programa Conclusiones.

En esa oportunidad que recuerda la ex Presidenta, Maduro afirmó: “Cuando quiera ir a Venezuela, siempre es bienvenida”. Previamente, Bachelet había sostenido una reunión de trabajo con Jorge Arreaza, ministro de Relaciones Exteriores de esa nación, tan solo cinco días después de haber asumido como Alta Comisionada. La ex Mandataria explicó más tarde que en ese encuentro, realizado en Ginebra, le había pedido al canciller “acceso al país”.

No obstante, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), desde Caracas, lanzó una advertencia en su cuenta de Twitter: “Cancillería pretende distraer mandato con visita controlada”. Y agregan: “El mandato dado por el Consejo de #DDHH a @mbachelet no es para una visita social como pretende el régimen. La Alta Comisionada lo sabe y por eso explora condiciones adecuadas”.

Ligia Bolívar, representante del Centro de DD.HH. de la UCAB, explica que en la visita de la Oficina de la Alta Comisionada pueden ocurrir tres escenarios. Uno de ellos es que Bachelet vaya a Venezuela con su equipo técnico, otro es que solo vaya el equipo técnico -sin Bachelet-, y el tercero es que el informe se elabore desde fuera de Venezuela. En los dos primeros casos es obligatoria la autorización del Gobierno para que la Oficina entre a Venezuela.

“Quien venga, sea quien sea, cualquier organismo internacional en una misión en materia de Derechos Humanos tiene que tener acceso libre a los temas y a las personas que quieran entrevistar. Si ella dice que quiere ir al Sebin -la policía política-, le tienen que autorizar la ida al Sebin. Si quiere ir a un hospital se lo tienen que permitir, y tiene que ser el hospital que ella decida. La visita tiene que hacerse con plena libertad”, argumenta Bolívar.

“Maduro dijo: ‘Bachelet puede venir cuando quiera’, pero es que no es su amiga Bachelet, o su pana Michelle, es la institución. El mandato es a la institución y no se trata de una visita de cortesía. Esta carta ya fija la agenda y la agenda no es la que dijo el Consejo de Derechos Humanos. La ‘invitan’ como si ella no tuviera un mandato. Le dicen: ‘Usted puede venir, pero vendrá a esto”, advierte la defensora de los Derechos Humanos.​ Además, para Bolívar, debe quedar claro que no se trata de un tema personal: “Ella no es la salvadora, ella no viene aquí a salvar a Venezuela y resolver todos los problemas. Viene la Oficina de la Alta Comisionada de DD.HH. de Naciones Unidas, pero a lo mejor Bachelet no viene y si no viene no hay que leerlo como una derrota o como algo malo”.

“Después del 10 de enero reunirse con Maduro es reunirse con un Presidente ilegítimo”

Los activistas por los Derechos Humanos en Venezuela están alerta ante este futuro examen y exigen la presencia de Bachelet en persona. Lilian Tintori, esposa del dirigente opositor encarcelado Leopoldo López, ha ido durante ocho semanas consecutivas a la sede del Programa de las Naciones Unidad para el Desarrollo (PNUD), en Caracas, para exigir que la ex Jefa de Estado vaya a Venezuela. Finalmente fue recibida el pasado 23 de noviembre por Peter Grohmann, coordinador residente de las Naciones Unidas. “Nos dijeron que sí, que ellos quieren que venga la ONU; que ellos quieren que venga la Alta Comisionada a Venezuela porque reconocen que hay una crisis a todo nivel: política, económica, social”, cuenta Tintori a El Líbero.

Aprovecharon la oportunidad para entregar un informe elaborado por la Coalición de los Derechos Humanos y la Democracia, que registra la existencia de 402 presos políticos, y de 227 muertes ocurridas en el contexto de manifestaciones desde el año 2014.

“Esta visita de Michelle Bachelet y su equipo técnico es no solamente un mandato de las Naciones Unidas y del Consejo de Derechos Humanos, sino que es un deber moral que tiene la Alta Comisionada. La oficina de los DD.HH. donde está ahora Michelle Bachelet sabe perfectamente que el régimen de Nicolás Maduro mandó a disparar a los venezolanos que estaban protestando el año pasado. Ella sabe que aquí hay una violación sistemática de DD.HH, así que entre más rápido venga se evitarán más muertes, más éxodo, más dolor en Venezuela”, reclama Tintori.

Hasta ahora la fecha no se ha definido, pero en Venezuela existe un deadline claramente establecido: el 10 de enero de 2019. Ese día comienza un nuevo período presidencial en Venezuela. Sin embargo, la reelección de Maduro, ocurrida el 20 de mayo, no es reconocida por Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Brasil, Chile y la mayoría de los países hispanoamericanos. Tan solo 15 países aceptaron esa victoria, entre los que están China, Rusia, Cuba, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Bolivia, Haití y Bielorrusia.

Durante sus dos períodos presidenciales Michelle Bachelet mantuvo una política relativamente imparcial ante la conflictividad interna en Venezuela, una posición apegada en todo caso a los mínimos estándares de la diplomacia y el derecho internacional”.

“El 10 de enero es un día emblemático y es un día histórico para el país, porque el 10 de enero Venezuela ya no tiene Presidente, así que ella tiene que venir antes y yo, como venezolana, le recomendaría que lo hiciera, porque después del 10 de enero reunirse con Maduro es reunirse con un Presidente ilegítimo”, afirma Tintori.

Para Miguel Ángel Martínez Meucci, doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación y profesor de la Universidad Austral, si la visita de Bachelet se produjera después de esa fecha, “no cabe duda de que el hecho podría ser interpretado por diversos actores internacionales, en particular los gobiernos de los países miembros del llamado Grupo de Lima, y por las fuerzas de oposición más frontales en Venezuela como un gesto de respaldo velado de Bachelet al régimen de Maduro, o por lo menos de insuficiente condena a sus prácticas autocráticas y de violaciones de los DD.HH. Cabe incluso la posibilidad de que dicha posición llegare a significar un punto de antagonismo con la postura asumida por el actual gobierno chileno con respecto al caso venezolano”.

El especialista subraya que desde que fue nombrado Presidente de Venezuela, Maduro ha sido un “jugador hábil”, en especial con la carta del diálogo con la oposición para intentar apaciguar presiones internas y externas, con lo que ha logrado ganar tiempo. “El sucesor de Chávez juega con las expectativas de la oposición venezolana en torno a una eventual transición negociada; en tal sentido, podría resultarle útil un informe de la Alta Comisionada que presente el caso venezolano como un conflicto entre iguales y no como una tiranía que oprime a su pueblo. Ahora bien, depende enteramente de Michelle Bachelet que su actuación responda o no a las expectativas que alberga el régimen venezolano”.

El 10 de enero Venezuela ya no tiene Presidente, así que ella tiene que venir antes y yo, como venezolana, le recomendaría que lo hiciera, porque después del 10 de enero reunirse con Maduro es reunirse con un Presidente ilegítimo”, señala Lilian Tintori

Por lo pronto, la nota de prensa entregada por la Cancillería de Venezuela ya da por sentado que el encuentro tendrá lugar el próximo año.

Ligia Bolívar es más escéptica con respecto a la cuestión de la fecha: “Yo creo que no tendría repercusiones porque la Oficina del Alto Comisionado ni reconoce, ni desconoce gobiernos. Tienen que cumplir un mandato que le dio el Consejo de Derechos Humanos. La Oficina y la Comisión Interamericana han ido a países en dictadura en diferentes momentos y en diferentes regiones del mundo, sin que eso implique un reconocimiento”. No obstante, admite que es “muy probable” que Maduro intente utilizar la visita para que su gobierno sea reconocido, “pero la comunidad internacional sabe en dónde está parada”.

“Hay 11 relatores que han pedido venir al país y no se les da la invitación que les permite el ingreso”

Hace una semana se hizo pública una carta de respuesta de Bachelet a los padres de 20 jóvenes asesinados durante las protestas de 2017. En la misiva la Alta Comisionada les dice: “Sus hijos y familiares se encontraban ejerciendo sus derechos humanos a la libertad de expresión y de reunión pacífica con el fin de buscar un mejor futuro para Venezuela”.

José Gregorio Pernalete, uno de los padres que envía la carta, asegura que todos están dispuestos a declarar para el informe que debe elaborar la ex Presidenta. “El Estado venezolano nos niega la justicia, no hay culpables, ni se ha hecho un solo juicio. Además, nos niegan el acceso a los expedientes y cambian los fiscales tratando de que nos cansemos y dilatan los procesos. Violan nuestros derechos y el derecho a la justicia de nuestros hijos. Es por eso que nos da mucha esperanza y fe este respaldo que hemos recibido”.

Ella no es la salvadora, ella no viene aquí a salvar a Venezuela y resolver todos los problemas”.

Otro elemento esperanzador sería que, por primera vez, después de muchas peticiones, el gobierno venezolano acepta la visita de un organismo de protección de DD.HH. “El Gobierno intenta hacer control de daños cada vez que hay algún llamado de atención de cualquier tipo por parte del Consejo de Derechos Humanos. Hay 11 relatores que han pedido venir al país y no se les da la invitación que les permite el ingreso”, indica Bolívar.

Martínez Meucci hace otra lectura de este permiso: “Durante sus dos períodos presidenciales Michelle Bachelet mantuvo una política relativamente imparcial ante el conflicto interno en Venezuela, una posición apegada en todo caso a los mínimos estándares de la diplomacia y el derecho internacional. Si por un lado los gobiernos de Chávez y Maduro quizás esperaban de ella un respaldo más explícito, dada su proximidad a lo que se ha llamado la ‘nueva izquierda latinoamericana’, la oposición venezolana contaba con una condena más clara y frontal al régimen chavista. Quizás se deba a dicha posición intermedia el hecho de que ahora, cuando ocupa la posición de Alta Comisionada, su visita sea reclamada por Maduro y por los sectores más moderados y socialdemócratas de la oposición venezolana: ambos grupos de actores albergan la esperanza de que el eventual reporte de Bachelet pueda respaldar sus versiones de los hechos”.

El sucesor de Chávez juega con las expectativas de la oposición venezolana en torno a una eventual transición negociada; en tal sentido, podría resultarle útil un informe de la Alta Comisionada que presente el caso venezolano como un conflicto entre iguales y no como una tiranía que oprime a su pueblo”, plantea el experto Martínez Meucci.

“Michelle Bachelet viene por una resolución aprobada en el Consejo de Derechos Humanos”, destaca Tintori. “No va a venir porque es invitada por Nicolás Maduro. Es irónico pensar que Maduro la esté invitando cuando ha rechazado la visita de Presidentes, de ex Presidentes, de líderes democráticos del mundo. Ya el régimen de Nicolás Maduro le ha informado a Michelle Bachelet que la espera, así que Michelle Bachelet no tiene ninguna excusa para no venir, por el contrario tiene ahora más obligación de constatar la crisis y formular un informe muy claro, muy real de qué es lo que está pasando en Venezuela, y vea con sus propios ojos el dolor y el horror de esta dictadura”, agrega.

La activista señala que la oposición venezolana está siendo perseguida, se encuentra en la cárcel o en el exilio. “A pesar de todo eso, está unida en un frente amplio que se llama Venezuela Libre y allí han hecho un trabajo impresionante. Hay puntos de encuentro sobre qué debemos hacer en Venezuela y para que esto pase necesitamos el apoyo y la ayuda de las Naciones Unidas y de todos los países democráticos del mundo”.

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