La economía chilena finalmente volvió a crecer. Después de cinco meses de caídas, el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de junio anotó un alza de 2,4%, superando las expectativas del mercado, lo que le permitió al gobierno sostener que Chile había evitado una recesión técnica y marcado un punto de inflexión.
En el programa Mirada Líbero, el ex economista jefe de la OCDE, profesor de la Universidad del Desarrollo e investigador del CIES-UDD, Klaus Schmidt-Hebbel, advierte que el resultado no significa que la economía haya salido del estancamiento.
Además, aborda las perspectivas económicas para los próximos meses y analiza el Plan de Reconstrucción Nacional.
«Del estancamiento no hemos salido»
—El Imacec de junio creció 2,4% y el gobierno lo celebró. ¿Cuál es su lectura? ¿Nos salvamos de una recesión técnica?
—Sí, nos salvamos de una recesión técnica por una décima, dos o tres. La definición estándar que define técnicamente una recesión es que el PIB trimestral, cuya mejor aproximación posible es el promedio trimestral de los Imacec desestacionalizados correspondientes, caiga durante dos trimestres consecutivos. Y más adelante, cuando el Banco Central publique sus cifras del PIB, que son muy cercanas al promedio trimestral del Imacec, lo va a confirmar o lo va a corregir un poquito para arriba o para abajo. Efectivamente, solo durante el primer trimestre de este año el promedio trimestral del Imacec cayó respecto del cuarto trimestre de 2025. En el segundo trimestre creció el promedio del Imacec trimestral correspondiente a abril, mayo y junio en 0,26%. Es decir, no hubo una segunda caída. Pero ojo, muy importante es que en este segundo trimestre ni siquiera recuperamos el promedio del Imacec del cuarto trimestre. Ese fue de 113,97% y ahora estamos en 113,93%.
—¿Qué significa eso, entonces?
—El nivel de la actividad está, para todos los efectos prácticos, estancada durante los últimos seis meses respecto del cuarto trimestre del año pasado. Del estancamiento no hemos salido. Claro, es una buena noticia que el Imacec anual, en comparación con 12 meses atrás, haya crecido 2,4%. Pero lo que realmente mide la actividad económica en tiempo real, la velocidad actual, es el Imacec mensual y, particularmente, el Imacec al que se le sacan los factores estacionales, que se llama desestacionalizado. Esta explicación puede ser muy técnica, pero hay que darla para definir con precisión qué significa o no una recesión. Esta es una ‘no recesión’, pero todavía es un estancamiento pleno. Y como dijo el ministro Quiroz, la observación de un mes no implica una tendencia. Lo que necesita Chile es que cambie la tendencia, y ese es el PIB estructural o tendencial. Y ese todavía sigue muy parado, muy cerca de 1% anual, 1,5% quizá, pero todavía no salimos de esto.
«Esta reforma es un win-win por todos lados»
—Usted escribió una columna en El Mercurio sobre el Plan de Reconstrucción Nacional, en la que dice que esta es la primera gran reforma profunda que promueve el crecimiento de Chile después de las privatizaciones de Frei y las concesiones de Lagos. ¿Qué tan relevante es aprobar este proyecto para cambiar el rumbo económico del país y cuánto crecimiento adicional podría generar durante los próximos años?
—Esta megarreforma es ultranecesaria, no solamente para cambiar las perspectivas, sino también para cambiar el mundo real sobre el cual se basan la inversión y los proyectos futuros de las empresas. Es muy importante porque, y esto es interesante, nadie discute las proyecciones de crecimiento que ha hecho Hacienda respecto del efecto que tiene esta megarreforma en uno, dos o 10 años, incluso de aquí a 14 años más, hasta 2040. Yo revisé las proyecciones correspondientes, tanto de crecimiento como fiscales, con mucho detalle. Las comparé con otros estudios internacionales sobre reformas similares y también con estudios nacionales, y están técnicamente bien fundamentadas. Además, el 80% de los parámetros utilizados en las proyecciones de crecimiento se basa en los parámetros que indicó el informe de la Comisión Marfán, que llamó el ministro Marcel hace tres años. Entonces, la oposición política y económica tampoco tenía mucho de dónde agarrarse en sus críticas, porque esto emana de una comisión muy transversal que armó el ministro Marcel.
—¿Qué efectos espera que tenga entonces?
—Soy optimista. El 0,7% promedio anual que Chile va a crecer más por esta reforma está bien fundamentado, está bien justificado e, insisto, nadie de la oposición ni de los economistas de oposición discute esas proyecciones. Además, esta reforma está autofinanciada. Está autofinanciada incluso si uno saca la suma de los pequeños déficits iniciales y los superávits futuros más significativos que produce esta reforma. Los superávits dominan a los déficits y, por lo tanto, está más que autofinanciada en esta segunda versión, que aprobó el Senado ya en un 98% la semana pasada.
—¿Qué significa esto?
—Que los déficits un poquito mayores que había en la versión inicial se corrigieron porque algunas indicaciones del gobierno cambiaron y otras se negociaron con el Senado. Cambiaron los fundamentos fiscales, se hizo menos oneroso. En particular, se reformuló el subsidio al empleo de bajas calificaciones y se transformó en un crédito tributario para las empresas exportadoras de servicios, que son mucho menos que toda la economía nacional, por supuesto. Además, está focalizado en el empleo calificado de esas empresas exportadoras de servicios. Es más barato y, por lo tanto, está autofinanciado. Entonces, esta reforma es un win-win por todos lados. Es un win-win por el lado del crecimiento, más 0,7% de crecimiento anual durante los siguientes 11 años, y está autofinanciado. Por lo tanto, soy optimista respecto del futuro porque esto es una inyección a la vena de un paciente que está estancado económicamente, que es nuestra economía.
«Empezaremos a crecer más significativamente en 2027«
—¿Y cuándo cree que la gente podrá empezar a sentir el efecto? El desempleo llegó a 9,4% y hay cerca de 980 mil personas sin trabajo. ¿Existe algún plazo de mejora?
—Por supuesto que hay un plazo, pero ese plazo no es el próximo mes, el actual mes de agosto, ni siquiera fin de año. La razón es que, hasta que se materialicen los nuevos proyectos de inversión, va a pasar tiempo. Especialmente la construcción que reacciona un poquito más rápido, la minería reacciona mucho más lento, porque los plazos de desarrollo, diseño y aprobación son mucho más largos. Los servicios también son más rápidos. Entonces, el desempleo hoy está en 9,4%, con un crecimiento que el gobierno proyecta en 1,8% para este año (…). Podemos compartir o no esta proyección, podemos considerarla un poquito optimista. Yo creo que está un poquito optimista. Pero vamos a empezar a crecer durante este segundo semestre, en la segunda mitad del año, o en lo que queda del año. Pero va a ser más fuerte el próximo año.
—¿Y esto va más allá del Plan de Reconstrucción?
—Yo creo que la misma megarreforma tiene muchos incentivos para la construcción de viviendas. Se ha hablado y se ha manifestado, por parte del gobierno, la intención de extender un subsidio a las tasas de interés para proyectos de viviendas de hasta 6.000 UF. Eso es adicional, más allá de la megarreforma. Puede haber otras medidas adicionales que se anunciaron por el lado puramente del empleo, en un programa muy ambicioso de reformas laborales que presentó el ministro Tomás Rau hace un mes. Eso es adicional también. Son buenas señales y luces para creer que saldremos del estancamiento y empezaremos a crecer ya más significativamente en 2027. Este año está casi jugado, pero también soy más optimista respecto del crecimiento en agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre y medio pesimista respecto de julio, porque en julio nos pegaron muy fuertemente los temporales, que son recesivos. Le pegan muy fuerte a la agricultura y a las personas que pierden sus casas (…). Entonces, julio ya está perdido, pero de ahí en adelante vamos a crecer más.
«Subestimé la intensidad del estancamiento heredado del señor Boric»
—¿Y cuánto más? Usted decía en una entrevista en enero en este programa, que Chile podía crecer cerca de 3% este año.
—Me equivoqué completamente. Subestimé la intensidad del estancamiento heredado del señor Boric. Grau y Marcel son los grandes culpables de la mala gestión económica durante los cuatro años previos. Subestimé la profundidad de esta casi recesión, que es el estancamiento del primer semestre que acaba de pasar. Además, en enero no anticipaba las locuras del señor Trump en cuanto a su guerra en Irán y las consecuencias para el precio del petróleo y de la energía, que a nosotros nos afectan brutalmente porque importamos el 99% de nuestras necesidades de combustibles y petróleo.
—¿Y cuáles son sus proyecciones de crecimiento para Chile durante el próximo año?
—Soy moderadamente optimista, pero trato de no ser sesgado. No me pida una cifra. No va a ser el 3,5% o 4%, que es la ambición del gobierno para fines de este mandato. Yo le doy un rango amplio, entre 1,5% y 2,5%. Ojalá estemos en el techo de ese rango, pero yo creo que hay tal incertidumbre internacional, Trump, Irán, el precio del petróleo, el estrecho de Ormuz y la geopolítica en general. Y hay enormes incertidumbres también locales. Yo creo que faltan muchas reformas adicionales pro crecimiento y pro empleo, como las del ministro Rau. Y reformas para que Chile vuelva a ser más seguro, con menos narcotráfico, con menos inmigración ilegal de bandas criminales que vienen de Venezuela y de otros países también. Ser más efectivos en eso significa reducir el mayor impuesto que se paga en Chile, que lo pagamos los 19 millones de residentes en Chile que no somos criminales. Los 100 mil que son criminales se benefician, y ellos recaudan ese impuesto privadamente al dedicarse al narcotráfico y a la delincuencia común (…). Entonces, espero que el ministro Arrau, con su agenda, avance muy fuerte y significativamente, con buenos resultados que creo que pueden venir el próximo año. Y eso, a su vez, significa quitarles un impuesto brutal no solamente a las personas, a los habitantes y al consumo, sino también a la inversión de las pymes, de las empresas medianas y grandes, que pagan todas también un impuesto muy grande para protegerse mejor.
—¿Considera que el Plan de Reconstrucción es el mayor triunfo legislativo y económico del gobierno? ¿Y qué le parece cómo quedó la invariabilidad tributaria? Usted decía que le habría gustado ampliar todavía más el proyecto.
—Sin duda es un gran triunfo legislativo y es bueno para todo Chile, para el empleo, para inversión y para el crecimiento. Además, no cuesta plata fiscal, porque están balanceados los ingresos y los egresos. Pero, por supuesto, hay que hacer mucho más. Ojalá haya una megarreforma 2.0 el próximo año. Cuesta pasarla, lo hemos visto ahora. Esa reforma debería extender la invariabilidad tributaria a todas las empresas de Chile, no solamente a las grandes empresas que invierten más de US$50 millones, como quedó ahora. Así se lo dije a las senadoras de oposición que me entrevistaron en el Senado (…). Sería fantástico que pudiesen contar con un horizonte de 10, 15 o 20 años en el que no les suban nuevamente los impuestos de primera categoría ni les coloquen un impuesto especial y específico a su sector o a su producción. Eso sería un enorme boost, un enorme incentivo a la inversión de las empresas pequeñas y medianas.
—¿Y respecto a la tasa del impuesto de primera categoría?
—Ciertamente me encantaría que se prosiga reduciendo la tasa del impuesto de primera categoría para las empresas. Es interesante que, mientras nosotros aprobamos este proyecto en Chile, la primera ministra socialdemócrata de Dinamarca, planteó un diagnóstico que decía que Dinamarca ha perdido competitividad tributaria y que se les van las empresas grandes y medianas a otros países de la Unión Europea, para producir donde pagan menos impuestos. Por lo tanto, propuso reducirlos. Ella es de centroizquierda, y pasó una ley reduciendo la tasa de primera categoría, pero no de 27%, como tenemos en Chile. Si no que de 22% a 19% (…). Entonces, a nosotros nos falta camino por recorrer también en eso.
—¿Qué otro aspecto le gustaría ampliar?
—Finalmente, me gustaría que el gobierno aprobara una ley que fomente, como alternativa a la reducción de los impuestos de bienes raíces de contribuciones para los mayores de 65 años, que facilite la hipoteca revertida. Para todos, también para los menores de 65 años. Eso significa que uno puede entrar en un contrato con un banco y el banco me paga por mi propiedad, pero yo sigo siendo propietario hasta el día en que muera. Y cuando eso pase mis descendientes tienen que pasarle una parte de la propiedad, que corresponde al valor presente y futuro de todo lo que me ha pagado el banco, y esa propiedad tiene que entregarse al banco. Puede ser la totalidad, si financió esa especie de renta vitalicia que tuvo la persona antes de morir, o una parcialidad, si tuvo una renta vitalicia más baja. Se vende la propiedad y esa parcialidad pasa al banco, mientras el resto pasa a los herederos. Como opción, no como obligación.
—¿Entonces, el Plan de Reconstrucción es un primer paso y faltan muchas más cosas?
—Faltan muchas más cosas que harían más eficiente o extenderían este paquete, que es muy bueno en general. Yo no estuve de acuerdo con las contribuciones reducidas a cero para los mayores de 65 años. Aunque yo tengo 65 años y me beneficiaría, porque pago contribuciones por mi propiedad, pero no estoy de acuerdo y creo que la hipoteca revertida hubiese sido mucho mejor. Hubiese sido mejor fiscalmente, desde el punto de vista de la distribución del ingreso y desde el punto de vista de la asignación de recursos.
—¿Cómo ha visto la actitud de la oposición en todo esto y cómo ha visto, en general, los argumentos que la oposición busca presentar ante el TC?
—Yo creo que son muy malos argumentos. No me quiero referir al detalle de por qué son malos, pero básicamente es una oposición que, con esas iniciativas de ir al Tribunal Constitucional por considerarlo antidemocrático, cuando Chile tiene una historia de invariabilidad tributaria y leyes previas. El año 1955, hubo una ley que pasó invariabilidad tributaria por algunos años. Después se cambió nuevamente y se hizo variable la capacidad del Congreso de modificar los tributos hacia arriba y hacia abajo. Pero yo creo que, en la situación actual de enorme incertidumbre para las empresas en Chile, provocada internacional y especialmente domésticamente, es un instrumento central. Entonces, ir al Tribunal Constitucional para alegar que es antidemocrático, no. ¿Por qué puede ser antidemocrático si es una ley democráticamente adoptada por el Parlamento? Es una especie de amarrarse las manos correctamente para tener más empleo y crecimiento.
«Estas son tonteras autodestructiva para las bases del desarrollo financiero y económico del país»
—El gobierno anunció vetos. ¿Está corrigiendo el proyecto de esa forma?
—El artículo que prohibiría cobrar intereses sobre intereses, el anatocismo, y el perdonazo a la información sobre las deudas, son todas cosas que serían un golpe casi mortal para la intermediación financiera, la banca y el mercado de capitales. Por lo tanto, son cosas absurdas. Ningún país del mundo adopta esas tonteras. Esto es simplemente tonteras autodestructiva para las bases del desarrollo financiero y económico del país. Por lo tanto, está muy bien que el Presidente las vete, cosa que supongo que va a ocurrir.
—¿Y cuál es su opinión respecto de la actitud general de la oposición durante la tramitación del proyecto?
—No me sorprende mucho, era esperable. Pero también hay que diferenciar entre oposiciones y oposiciones. La oposición cerrada del Frente Amplio y el Partido Comunista no me sorprende, porque básicamente los neocomunistas del Frente Amplio y los viejos comunistas del PC están unidos y buscan, en el largo plazo, la dictadura del proletariado. Por lo tanto, se van a oponer a todo, pero son pocos. Y dentro de la oposición más democrática, que va desde los socialistas, el PPD y la DC, creo que hubo luces en una dirección, luces en la otra y contradicciones, pero también hubo algunos senadores y diputados que se mostraron muy abiertos a apoyar. Algunos de ellos fueron acallados por las directivas de sus partidos y otros siguieron estando cerca, en conversaciones con el gobierno.
—¿Cómo interpreta la salida del subsecretario de Hacienda, Juan Pablo Rodríguez? ¿Cree que debería o no volver después de mostrar varios tests negativos?
—Tengo opiniones entremezcladas o contradictorias. El subsecretario fue valioso, fue importante, fue un gran colaborador, un excelente subsecretario. Y es una pena que no esté. Pero me parece excelente que desde la Presidencia se sea muy duro con los resultados de los test de drogas, a diferencia de la administración anterior. Hay que decirlo claramente, con todas sus letras. Además, yo creo que se consumían drogas hasta en las más altas esferas del poder, sin mencionar a nadie, no tengo pruebas, pero se sugiere. Respecto de este caso, tengo dudas porque, por una parte, me gusta la posición dura desde la Presidencia para abajo y de todo el gabinete. Pero, por otra parte, estos test fallan. Entonces, es muy importante esperar la contramuestra. Si se espera con la persona en el cargo, con la persona en suspensión o echando a la persona afectada por el primer test que da positivo, es una decisión del gobierno de turno. Puede ser un poco injusto echarlo de inmediato y puede ser más justo esperar el segundo resultado.
—En otro tema, ¿cuál es su mirada sobre el 12,5% de aranceles que impuso Estados Unidos a ciertos productos chilenos? ¿Cómo debe actuar un país pequeño como Chile frente a una creciente tensión entre Estados Unidos y China, sin quedar obligado a escoger uno u otro bando?
—Este instrumento arancelario que usa el Ejecutivo de Estados Unidos es irracional para el mundo y para Estados Unidos. Todo arancel que impone un país, en términos de los costos económicos que provoca al reducir el libre comercio, afecta negativamente más al propio país que lo impone que al resto del mundo. En el caso de este arancel particular, en el que se alega que hay esclavitud o trabajo forzado en Chile, es particularmente mentiroso y falso. Lamentablemente, la Oficina de Comercio de Estados Unidos o el Departamento de Comercio se apoyó en unas afirmaciones estúpidas de algunas ONG chilenas que no se basan en la realidad. Pero, como instrumento, no nos afecta solamente a nosotros. Hay unos setenta países afectados por este incremento de 10% a 12,5%. Los 2,5 puntos porcentuales adicionales se aplican supuestamente porque tenemos trabajo forzoso o esclavitud en Chile, lo que es absolutamente ofensivo y estúpido. Segundo, hay que ser muy cuidadosos con las afirmaciones que se hacen sobre esto porque, mal que mal, es un país poderoso. Es un país con el cual somos mucho más cercanos políticamente, no obstante el fulano que habita la Casa Blanca por cuatro años. Es un país con el que, además, tenemos una cercanía cultural, política, ideológica y de todo tipo mucho mayor que con el otro poder hegemónico del mundo, que es China. Es la dictadura más longeva, más totalitaria y más genocida de la historia mundial, y sigue siéndolo hasta el día de hoy. Entonces, el equilibrio tiene que darse de acuerdo con los intereses económicos, pero existe un desequilibrio respecto de la cercanía política, ideológica, de pensamiento similar y de la convicción de que solo la democracia es el régimen natural en el cual los países deberían desarrollarse.
