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Publicado el 09 de febrero, 2019

Jorge Desormeaux y Reforma Tributaria: «Espero que los partidos de centro negocien para buscar el mejor acuerdo»

Autor:

Bastián Garcés

El ex vicepresidente del Banco Central explica que si el gobierno logra aprobar «las reformas más trascendentes», Chile va a ser un país «mucho más interesante para los actores locales y extranjeros». Sobre los cambios laborales, el economista espera que el Ejecutivo «se atreva» a tocar áreas sensibles. Explica: «Una parte importante de la baja creación de empleos que hemos tenido, y de la preferencia de las empresas por mecanizar procesos, tiene que ver con el temor que genera la legislación laboral».

Autor:

Bastián Garcés

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«No cabe duda de que la economía chilena está en un mucho mejor pie que cuando terminó el 2017″, señala el economista Jorge Desormeaux respecto al 4% de crecimiento acumulado que reflejó el Imacec de diciembre. Pero advierte que se ha notado una desaceleración debido a que los procesos para sacar adelante las reformas «han sido un poco más lentos». El ex vicepresidente del Banco Central sostiene que esto se debe, en parte, porque hay «algunos sectores de la oposición -que tiene mayoría en ambas cámaras- con una posición de abierto obstruccionismo«.

En conversación con «El Líbero«, el economista señala que para que las expectativas se mantengan, y mejoren, es necesario que el gobierno pueda aprobar las reformas que ha planteado. Respecto a la modificación en el sistema tributario, Desormeaux cree que hay que tener cuidado con las modificaciones impositivas para las Pymes: «La idea es emparejar la cancha, pero no llegar a un extremo de glorificarlas, hay que tener cuidado de no dar señales que pueden ser perversas en este sentido«.

-¿Qué impacto tiene el crecimiento de la economía de 4%?

-No cabe duda de que la economía chilena está en un mucho mejor pie que cuando terminó el 2017. Hemos tenido un deterioro en el dinamismo del crecimiento y eso es lo que genera preocupación. La economía partió creciendo a tasas bastante elevadas el primer semestre del año pasado, mucho de esto fue un fenómeno puntual, y sabíamos que en el segundo semestre esto no iba a estar presente y, por lo tanto, esperábamos una desaceleración. Influyó también, como lo destaca el Banco Central, los feriados en el mes de septiembre. La forma en que se distribuyeron dieron lugar a un impacto negativo sobre el sector industrial. Pero la verdad es que la desaceleración ha ido un poquito más allá y eso, de alguna manera, refleja varias hipótesis. Una hipótesis es que detrás de esto, lo que hay es la frustración de expectativas muy optimistas que se habían creado después del triunfo de Sebastián Piñera, que hacía esperar cambios relativamente rápidos e importantes. Los cambios han terminado siendo un poco más lentos, porque es mucho lo que se le está pidiendo al Congreso y porque algunos sectores de la oposición, que tiene mayoría en ambas cámaras, están con una postura de abierto obstruccionismo.

-¿Cómo se podrían transformar, este año, las expectativas en realidades?

-Un elemento muy importante es que el gobierno pueda progresar en su programa de reformas. No cabe ninguna duda de que la administración anterior tuvo un programa que tenía un efecto negativo sobre las expectativas empresariales y de los hogares. La inversión cayó cuatro años consecutivos, esto es una cosa que en los últimos 30 años no lo habíamos visto, de manera que un cambio en esa dirección no se puede hacer meramente con modificaciones administrativas. Pese a esto, la apreciación que tienen los inversionistas respecto a la economía chilena sigue siendo muy buena, pero no cabe ninguna duda de que si Chile progresa en las reformas más trascendentes va a ser un país mucho más interesante. Para los actores locales y extranjeros, lo que ayudaría muchísimo a generar un ambiente de mejores expectativas.

Los cambios han terminado siendo un poco más lentos, porque es mucho lo que se le está pidiendo al Congreso y porque algunos sectores de la oposición, que tiene mayoría en ambas cámaras, están con una postura de abierto obstruccionismo».

-¿Cómo analiza este 4% de crecimiento acumulado con los otros indicadores que se han dado a conocer?

-El país ha logrado producir más, sin gran aumento en los insumos. El hecho de que el empleo no haya crecido mucho, a pesar de que es un empleo de más calidad el que se está generando, significa que tiene que haber un aumento en eficiencia: en producir más con menos, o producir más con lo mismo. El aumento de productividad es una muy buena noticia, lo importante es que esto persista en el tiempo. La inflación negativa, o la baja inflación del año, es un reflejo, por ejemplo, de que después de un fuerte aumento en los precios de los combustibles, estos han estado cayendo alrededor de un 25% en dólares. Y si a eso uno le suma que se ha preciado la moneda, o sea que el dólar ha caído, hay una presión a la baja sobre la inflación muy importante. Todo eso, naturalmente, es una buena noticia para las familias porque significa que el poder de compra de las familias ha mejorado, a pesar de que sus remuneraciones pueden no haber crecido mucho en términos nominales. Pero en términos reales, su capacidad de compra, su poder adquisitivo, ha mejorado. 

El hecho de que el empleo no haya crecido mucho, a pesar de que es un empleo de más calidad el que se está generando, significa que tiene que haber un aumento en eficiencia: en producir más con menos, o producir más con lo mismo».

-Pero la ciudadanía no pareciera percibir estos resultados.

-Las encuestas de percepción sobre la situación económica de los hogares son extraordinariamente sensibles a lo que ocurre con el IPC históricamente. Puede ser que la gente no lo exprese en esos términos, pero la verdad es que cuando se les pregunta cómo ven las cosas, un alza, por ejemplo, en la locomoción colectiva tiene un impacto negativo inmediato. IPC bajos y sostenidos tienen también un efecto importante en las percepciones de los hogares.

«Tenemos que tener cuidado, la idea es emparejarle la cancha a las Pymes, pero no llegar a un extremo de glorificarlas»

-Ya comenzó la discusión sobre la reforma tributaria, ¿cómo cree que debería enfocarse el proceso?

-Ojalá que el debate en el Congreso sea técnico en la mayor dimensión posible. Las reformas tributarias son complejas, no son temas fáciles de entender y, por lo tanto, lo lógico es que estos temas los discutan los equipos técnicos de los distintos grupos políticos. Tengo la esperanza de que el gobierno logre un acuerdo satisfactorio, que el sistema vuelva a ser integrado y que el sistema tributario recupere la equidad horizontal. Ciertamente hay grupos que no quieren colaborar y cuyo objetivo pareciera ser, por, sobre todo, que el gobierno fracase. Espero que los partidos de centro negocien para buscar el mejor acuerdo para el país, y como fruto de eso, tengo la impresión de que el ministro Larraín va a lograr sacar adelante la reforma; por eso tengo una visión relativamente optimista respecto del segundo semestre de 2019. Tenemos una economía mundial que empieza a recuperar dinamismo gracias a la desaparición de las tensiones, gracias a las señales de los Bancos Centrales que han tomado una actitud proactiva.

Fernando Barros y Joseph Ramos han coincidido en que uno de los aspectos de esta reforma debería ser eliminar algunas exenciones tributarias, ¿usted comparte ese diagnóstico?

-El ideal es que los sistemas tributarios tengan bases muy amplias con muy pocos tratos especiales. Frente a eso siempre hay grupos que tienen muy buenas razones para haya excepciones. Naturalmente, encabezan la lista las Pymes, que quieren un sistema simplificado, especial, lo cual tiene méritos, pero tiene riesgos también. En Perú, por ejemplo, las Pymes tienen tratos tan preferentes que no les conviene crecer, sino que tener muchas Pymes repartidas para tener una ventaja tributaria. Tenemos que tener cuidado, la idea es emparejarle la cancha a las Pymes, pero no llegar a un extremo de glorificarlas, hay que tener cuidado de no dar señales que pueden ser perversas en este sentido.

-Otra de las reformas importantes en el gobierno es la laboral, ¿qué aspectos cree que debería considerar?

-Las reformas laborales son siempre mucho más difíciles porque tienen una enorme sensibilidad política. Tengo la impresión de que las autoridades se van a concentrar en aquellas áreas que son más sensibles y donde hay indefinición y, por lo tanto, riesgo de judicialización, que son los temas que todos conocemos de los grupos negociadores.

En Perú, por ejemplo, las Pymes tienen tratos tan preferentes que no les conviene crecer, si no que tener muchas Pymes repartidas para tener una ventaja tributaria».

-Además de la judicialización, ¿se enfocaría en el rol de los sindicatos y el reemplazo en huelga?

-El reemplazo en huelga es un tema que no debió haberse eliminado. Es un tema que no va a ser fácil, pero es bueno que el gobierno se atreva a enfrentarlo. Son asuntos que están en una situación de indefinición y que generan incertidumbre. Una parte importante de la baja creación de empleos que hemos tenido y de la preferencia de las empresas por mecanizar procesos, tiene que ver con el temor que genera la legislación laboral. Eso lo ha recogido el Banco Central en su informe de percepciones económicas cuando le pregunta a los empresarios desde Arica hasta Punta Arenas, si están pensando en contratar gente; la respuesta, sobre todo un año atrás, es que realmente no lo están considerando, y que una parte importante de esto tiene que ver con el temor que le genera la nueva legislación laboral.

«Los resultados de las compañías en el mundo desarrollado se están empezando a deteriorar en forma importante»

-El año pasado hubo incertidumbre por la guerra comercial entre EE.UU. y China. ¿Cuál será el impacto que tendrá durante 2019 este factor?

-Hay muchos problemas a nivel internacional. En Europa está el Brexit, las dificultades en el manejo de la economía italiana, pero hay un tema que está por encima de todos los demás y es la guerra comercial. El señor Trump ha decidido cambiar las reglas de juego y tratar de que haya un cambio importante en las políticas comerciales, las de propiedad intelectual e, incluso, en el espionaje electrónico que muchas compañías chinas realizan. Los resultados de las compañías en el mundo desarrollado se están empezando a deteriorar en forma importante, la confianza de los negocios se ha venido abajo, y esto puede llevar a una desaceleración importante de la economía mundial que está recién recuperándose de la crisis financiera mundial.

-¿Chile puede prevenir estos efectos?

-Nuestro principal socio comercial es China, y China, efectivamente, está tomando políticas de estímulo que permitan evitar un deterioro mayor de la economía, pero no tiene el espacio que tuvo, por ejemplo, en el año 2008 o 2009, cuando tomó políticas extraordinariamente agresivas de crédito y políticas fiscales para que su economía no sufriera con la gran crisis. Nosotros no tenemos la capacidad de hacer lo mismo, somo una economía pequeña, estamos en proceso de recuperar nuestra fortaleza fiscal, las tasas de interés ya son bajas, así que estamos un poquito sujetos a lo que ocurre en el mundo.

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