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Publicado el 21 de mayo, 2019

Javiera Rodríguez, líder opositora a tomas, a un año de la movilización feminista en la UC: “Se quebró la democracia en la universidad”

Autor:

Javiera Barrueto

En mayo pasado la entonces consejera superior de la Universidad Católica se enfrentó a las estudiantes que se tomaron la Casa Central. Si bien respalda la igualdad entre hombres y mujeres, asegura que las peticiones «van más allá del sentido común, lo que hace que la gente tome posición contraria». Ante la falsa denuncia por acoso sexual contra dirigente del gremialismo, agrega: «Esto va a seguir ocurriendo porque se instaló una ideología radical que dejó de creer en la presunción de inocencia».

Autor:

Javiera Barrueto

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«Soy mujer igual que ustedes y no puede ser que se estén tomando la universidad por causas que yo también considero justas». Con esas palabras, hace un año, la entonces consejera superior y estudiante de Periodismo, Javiera Rodríguez, se enfrentó a las líderes del movimiento feminista que, en mayo del año pasado, se tomaron la Casa Central de la Universidad Católica. Situación inédita. Solo había ocurrido dos veces antes: en 1967 y 1986.

Aunque Rodríguez respaldaba varias de las ideas feministas -como la igualdad de derechos entre hombres y mujeres- por esos días parecía «luchar contra la corriente» por oponerse a las tomas. Las considera totalitarias y antidemocráticas.

A un año que irrumpiera el movimiento, la ya titulada periodista, destaca que se logró avanzar en temas como el protocolo de violencia sexual. Pero que la radicalización de estas ideas terminó por hacer que la gente tomara una posición contraria y que, incluso, muchas veces se les tilde de «feminazi».

-Tras las tomas del año pasado, ¿se logró avanzar en la agenda feminista?

-Hubo cambios importantes después de la toma como haber creado las mesas de diálogo. Ahí se discutieron temas como el protocolo de violencia sexual, los beneficios madres y padres, cómo nos encontramos con respecto a la docencia en los roles de género y prevención de violencia sexual. Se discutieron muchos temas y se plantearon propuestas de cambios al respecto. El costo de este «diálogo» fue precisamente que se quebrara la democracia en la universidad, o sea, el hecho que antes autoridades y alumnos pudiéramos trabajar en conjunto. Se saltaron todos esos pasos y decidieron tomarse la universidad a través de métodos violentos, que es la toma en sí misma. Nunca conversaron con las autoridades sobre estos cambios que querían hacer, nunca se acercaron a la secretaría general para plantearles el tema de los abusos.

Una toma es violenta porque rompe con la democracia, es totalitaria, pasa a llevar a mucha gente y no es el camino directo al diálogo».

-¿Por qué consideras que se rompió la democracia?

No solamente se quebró la democracia, sino que también el sentimiento de comunidad. Después de la toma todos los que éramos de derecha o del sector sufrimos harto porque se nos vio como enemigo de la causa, que estábamos en contra de las mujeres, a favor de los abusos y con el patriarcado opresor. Cuando en realidad también queríamos solucionar las brechas y problemáticas que veíamos que sufrían las mujeres. Yo soy mujer y sé que es difícil entrar a un cargo político, convivir con tantas situaciones de violencia sexual, sé que hay discriminaciones. Pero es distinto entender que el fin no justifica lo medios, que por muy valioso que sea el terminar con todas esas discriminaciones nada justifica el uso de violencia. Una toma es violenta porque rompe con la democracia, es totalitaria, pasa a llevar a mucha gente y no es el camino directo al diálogo.

-¿Consideras que estos movimientos al radicalizarse pierden sus objetivos?

-Si son más radicales logran sus objetivos en la medida que son objetivos más políticos. Entonces dejan de ser movimientos pro mujer o que buscan medidas más transversales para la mujer, sino que se transforman en círculos que potencian ciertas ideologías, en este caso, de izquierdas y al final se mueven por eso.

Después de la toma todos los que éramos de derecha, o del sector, sufrimos harto porque se nos vio como enemigo de la causa, que estábamos en contra de las mujeres, cuando no es así».

-¿El movimiento feminista ha perdido protagonismo este año? Además de la gran marcha del 8M, no se le ha visto marcando temas como sucedió el año pasado.

-Creo que sí, ha logrado enraizarse en diferentes círculos sociales y eso ha sido su principal logro, que en todas partes hablemos sobre la mujer y que sea una temática que está mucho más conversada. Sin embargo, esa radicalidad de transformarse en un movimiento más político ha hecho que se aleje de una parte importante de la sociedad que concuerda con estos cambios transversales. Pero el hecho que estos grupos estén todo el día presionando y que vayan más allá del sentido común hace que la gente deje de sentirse cómoda con estos grupos radicales y tome posición contraria. Han surgido ciertos grupos que le tienen mucho miedo al feminismo porque han visto la peor cara de él, que es la parte más radical. Está el ejemplo de lo que pasó en la Universidad de Chile que ganó una presidenta trans súper feminista, pero con un quórum del 20%. Entonces se aleja del sentido común y responde a un nicho específico que al final es muy totalitario.

-¿Qué se puede hacer para que el movimiento no pierda su esencia y la gente no tome una posición contraria?

El movimiento ya perdió su esencia. Nació con una esencia más radical, las peticiones son aborto libre, ya no es buscar netamente la igualdad entre hombres y mujeres, sino que va más allá de eso. Si los sectores más liberales o más céntricos quieren trabajar al respecto tienen que hacerlo conscientes que no pueden responder a este movimiento, sino que tienen que responder siempre a esta igualdad entre hombres y mujeres.

Esa radicalidad de transformarse en un movimiento más político ha hecho que se aleje de una parte importante de la sociedad que concuerda con estos cambios transversales».

-Algunos han dicho que no se puede ser de derecha y feminista. ¿Cuál es su visión?

-No lo sé, porque el feminismo actual es un concepto que todavía está un poco en discusión. No podría decir bueno el feminismo se trata entre la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres, pero en lo práctico quienes lideran este movimiento en las calles no quieren eso. Entonces, es difícil considerarse feminista de derecha cuando el término está tan manoseado por sectores más radicales. Si uno se va a hilar más fino, sí puedes ser feminista liberal, de derecha, pero hay que tener cuidado porque la gente común y corriente no concibe el feminismo. Por ejemplo, la señora que camina por la Alameda que no conoce tanto esta facción creerá que ser feminista es ser una «feminazi», se asusta un poco y es difícil identificarse. Como sector nos falta mucho por trabajar al respecto, hay que tener cuidado que el feminismo actual si se está yendo al lado más radical.

Es difícil considerarse feminista de derecha cuando el término está tan manoseado por sectores más radicales».

-Según su parecer, ¿qué significa feminismo?

Creo en la idea más liberal que es buscar igualdad entre hombres y mujeres en derechos y oportunidades. Ese es el concepto que más me acomoda, pero no es el concepto que la facción que lidera el movimiento propone, o quizás sí. Pero está tan acomodado a las más radicales… que la definición de feminismo es bien subjetiva y se acomoda a esas facciones. Todavía está tan en formación, le falta tanto al feminismo de esta ola… Está tan laxo a lo que diferentes sectores piensan que es complejo identificarse.

Denuncia falsa por abuso contra líder gremial: «Era buscarle el mal a otra persona por pensar distinto»

-¿Cómo ve que se haya inventado una denuncia de abuso sexual en el mismo movimiento gremial contra Ignacio Palma que era candidato a la FEUC el año pasado?

-No es tan así. A mí me tocó vivir muy de cerca el tema porque era cercana a Palma y, en ese tiempo era consejera superior. Johnny Olate (quien inventó la acusación) no era parte del Movimiento Gremial, de hecho, por ciertos conflictos tampoco participaba. En algún momento participó del MG, pero en realidad no era activo hace mucho tiempo. Lo más terrible es que mucha gente no haya puesto en duda la denuncia, que mucha gente haya defendido a una supuesta mujer en razón del «yo te creo», cuando realmente estaban defendiendo a un hombre que actuó de mala forma con intereses incorrectos. Eso es lo más preocupante.

-El que no se haya puesto en duda la denuncia anónima, ¿puede ser una señal de la radicalización feminista, como señalaba?

-Yo acompañé a Palma a votar el día de las elecciones cuando recién había salido el testimonio (denuncia anónima) y vi cómo le gritaban hombres y mujeres, que era un abusador, que era un violador y que era lo peor de la tierra y no solamente a él, le gritaron a su polola, a mí. Nos gritaron a todas las mujeres que lo acompañamos. Uno dice aquí no es una cuestión de género, o sea, no tiene que ver con que haya una mujer que escribió su testimonio, sino que era meramente buscarle el mal a otra persona por el solo hecho de pensar distinto. Nos atacaron a nosotras como mujeres y ahí dejó de ser algo de género, sino que una cuestión sumamente ideológica que es bien lejano a defender a una supuesta víctima, sino que solo vela por intereses políticos.

-¿Podrían existir más capítulos como este?

Esto va a seguir ocurriendo porque se instaló una ideología sumamente radical que dejó de creer en la presunción de inocencia y tomó las funas, todos esos mecanismos violentos como la única forma de poder hacer «justicia». Se radicalizó tanto el movimiento feminista y la izquierda que dejó de ser algo sensato y se está tomando como válida esa forma de hacer justicia. Le pasó a un candidato de derecha en la universidad de Concepción antes que a Palma, luego le pasó a él y a cuántos candidatos de izquierda que también los han acusado de abuso que puede ser o no cierto. Sin embargo, no puede ser que al final entendamos que es la única manera de responder ante una situación así. Existen las instituciones que quizás son lentas, pero son la única garantía de que las dos partes van a ser escuchadas y se va a intentar hacer justicia de la manera más correcta posible.

Movimiento estudiantil: «Han pecado en radicalizarse y en responder al Frente Amplio»

-Con respecto al movimiento estudiantil, hace unos días fue la elección de la FECH, donde no se alcanzó el quórum mínimo. ¿Han perdido fuerza los movimientos políticos en las universidades? 

-Encuentro que el movimiento estudiantil está tan alejado del grupo que dicen representar que ya nadie conoce los nombres de los presidentes de la Feuc, la Fech, de la Usach, etc. Si no fuera por la particularidad de la elección de la Emilia Schneider nadie la conocería. ¿El año pasado quién sabía que era Karla Toro la presidenta? Sabía yo porque estaba más metida en política. Es un movimiento que está alejado de las necesidades reales de los estudiantes, se meten en todos los temas, hablan del conflicto mapuche, hablan de las AFP, pierden su foco. Y aunque siguieran pidiendo por la educación han pecado en radicalizarse y en responder al Frente Amplio y a los partidos políticos. Han dejado su esencia al servicio de los estudiantes. Eso ha implicado que hoy día no sean voceros de nada.

-¿Han perdido entonces la agenda estudiantil?

-La han perdido totalmente. Hoy día la Confech habla de cualquier cosa menos de la necesidad real de los estudiantes. Pero todos sabemos que es un movimiento político más y que es súper ideológico. Hoy día también influye la generación que es un poco más ensimismada y no está tan preocupada de los conflictos comunes, pero claramente el movimiento estudiantil tiene su culpa. Es un movimiento político más, tienen postura para todo, opinan sobre el TPP, sobre las AFP, sobre el aborto y no sé cuál de eso tres tiene que ver con los estudiantes.

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