Publicado el 3 marzo, 2021

Jaime Mañalich en el aniversario de la llegada del coronavirus: “La expectativa de vida en Chile podría disminuir en los próximos años”

Autor:

Maolis Castro

El ex ministro de Salud, en entrevista con El Líbero, realiza un exhaustivo análisis del primer año desde que llegó el coronavirus al país y los próximos desafíos. Advierte sobre las consecuencias que traerá que gran cantidad de personas no se haya tratado enfermedades relevantes, debido al Covid. En lo político señala: “Para el Gobierno fue bueno que yo fuera reemplazado por un ministro como Paris”. Y sobre las vacunas señala: “Tenemos que entender que, en términos de muerte y hospitalización, no mostrarán su impacto antes de fines de abril”.

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Maolis Castro

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Hace un año Jaime Mañalich, como ministro de Salud, anunció la detección del primer paciente con Covid-19 en Chile. Fue el 3 de marzo de 2020, meses después de que el virus Sars-CoV-2 apareciera en la ciudad china de Wuhan y se propagara por el mundo hasta convertirse en una pandemia.

En entrevista con El Líbero, el ex secretario de Estado evalúa lo que significó este período para el país. A nivel personal -comenta- atravesó momentos complejo, especialmente en mayo cuando decidió renunciar a la cartera de Salud: “Evaluando el curso y manejo de la pandemia, consideré que era necesario dar un paso al costado, a pesar de lo mucho que habíamos implementado, para que hubiera otro ministro de Salud que fuera más cercano con la prensa, escuchara más y llevara adelante lo que ya estaba implementado”, detalla.

Hoy, siente optimismo respecto al proceso de vacunación, incluso ya recibió la primera dosis contra el coronavirus cuando le correspondió por su edad y según el calendario del Ministerio de Salud. No obstante, Mañalich dice que todavía su “mayor satisfacción” no llega: “dar la vuelta a la página” de la pandemia. Por eso, advierte que aún continúa la batalla para controlar los contagios.

¿Cuál sería su balance de este año de pandemia en Chile?

-Un año extraordinariamente difícil, muy marcado por el 18 de octubre (2019), la discusión de una nueva Constitución, y de mucha desconfianza hacia el Estado. Se ha podido generar una política pública, en la cual el Estado ha desempeñado un rol fundamental, coordinando todos los hospitales públicos, privados, y de las Fuerzas Armadas; generando un despliegue importante y reconocido mundialmente para el testeo de PCR; implementando medidas de protección de las personas, llamemos confinamiento, uso de mascarillas, en fin, y que al principio, eran muy resentidas por la población

El esfuerzo hecho por todo Chile, buscando salir adelante en esta pandemia, ha sido muy notable. Esa labor de los trabajadores de la salud, en particular: muchos enfermaron y fallecieron. Eso también debe ser destacado.

Desde el punto de vista comunicacional, inicialmente la pandemia tendió a politizarse, y eso tiene una debilidad. Estaba la posibilidad de generar un discurso homogéneo y una educación a la ciudadanía de un tema completamente nuevo. Hoy, nosotros hablamos de PCR, pandemia, cuarentena, casos positivos, casos probables, cuántos casos activos hay, cuántos recuperados, como si fuera una materia que aprendimos como ciudadanía completa hace mucho tiempo. Y, en realidad, el desafío fundamental ha sido cómo sigue la educación de la ciudadanía.

Desde el punto de vista comunicacional, inicialmente la pandemia tendió a politizarse, y eso tiene una debilidad. Estaba la posibilidad de, realmente, generar un discurso homogéneo y una educación a la ciudadanía de un tema completamente nuevo”.

Además, hay algunas medidas de manejo de la pandemia que fueron priorizadas en forma relativamente homogénea, siendo claro ahora que tenemos más información, que algunas son mucho más importantes que otras. Dos absolutamente cruciales son el uso de mascarilla, que fue tan difícil de poner en Chile. La segunda, difícil de lograr, es que la gente no haga hacinamiento. Nosotros sabemos que pocas personas, 15% más o menos, contagian a toda una población. No es que haya personas “súper contagiantes”, sino eventos “súper contagiantes”. Se producen en reuniones en un espacio muy cerrado por muchas horas, sin mascarillas, sobre todo la gente más joven que puede enfermarse con síntomas menores y transmitir la enfermedad a adultos mayores. Eso es algo que todavía no hemos logrado controlar, a pesar de todas las protecciones.

Esto causa que la pandemia rebrote, y eso nos sucedió ahora con la segunda ola del verano. Ésta era inesperada porque el virus, en realidad, tiene un comportamiento sensible al clima. Deberíamos haber tenido un verano con menos casos, pero hubo una enorme cantidad de encuentros con mucha gente, lo cual significó un aumento de la cantidad de casos.   

“Para el Gobierno fue bueno que yo fuera reemplazado por un ministro como Paris”

-Con la perspectiva del tiempo, ¿cómo evalúa hoy su propio desempeño como ministro de Salud?

-Estas cuentas hay que sacarlas con la perspectiva de la historia y del tiempo. Nosotros logramos hacer cosas muy importantes, como fue la dinámica de testear. Chile es uno de los países más destacados en el número de exámenes por millón de habitantes (más de 9 millones de pruebas, equivalente a la mitad de la población), y mostrar rápidamente todas esas técnicas de testeo fue fundamental para manejar la pandemia.

Deberíamos haber tenido un verano con menos casos, pero hubo una enorme cantidad de encuentros con mucha gente, lo cual significó un aumento de la cantidad de casos”.  

Logramos instalar una red única, público-privada; una red nacional para el manejo del Covid. Esto significó que uno de los temores más importantes, como ocurrió en otros países donde la gente no contó con elementos como una cama, ventilador u oxígeno, nunca faltara o jamás fuera un problema. La logística que hubo detrás de eso fue fundamental.        

-¿Qué significó para el gobierno y para el manejo de la pandemia que usted fuese reemplazado por Enrique Paris en el ministerio?

-Yo renuncié, justamente, pensando que el clima político, comunicacional, respecto a la pandemia. Se requería una cara nueva que continuara y ampliara lo que ya se estaba haciendo: los mismos testeos, la misma estrategia de pacientes de una región a otra, los mismos confinamientos por comunas del Plan Paso a Paso. En ese sentido, para el Gobierno fue bueno que yo fuera reemplazado por un ministro como (Enrique) Paris. Y, de hecho, ahí están los datos: él goza de una evaluación pública muy alta. Es el mejor evaluado, lo cual es muy raro para un ministro de Salud. Y la confianza de la ciudadanía en el manejo de la pandemia sólo crece.   

-Usted dejó sembrado el terreno para que hoy el gobierno pueda cosechar el éxito, reconocido en todas partes, de acceder a vacunas…

-No. Esa es sería una expresión soberbia de mi parte. Creo que logramos un consenso político con el Presidente de la República, que permitió invertir, movilizar recursos, contratar personas. Salvo la llegada de las vacunas que fue muy reciente. Eso es algo que se empezó a trabajar por iniciativa o esfuerzo muy directo del Presidente, y muy enérgico, entre abril y mayo. 

Para el Gobierno fue bueno que yo fuera reemplazado por un ministro como (Enrique) Paris. Y, de hecho, ahí están los datos: él goza de una evaluación pública muy alta”.

Si miramos la situación, ahora nosotros tenemos un comportamiento, un resultado en términos de casos por 100 mil habitantes, fallecidos por millón de habitantes, que es más o menos un promedio mundial. No es ni extraordinariamente bueno ni extraordinariamente malo. Es la media, y tengo confianza en que con las vacunas disminuyan los casos graves, sobre todo con los adultos mayores, y que la situación mejore más en relación con otros países. 

-En cierta forma usted tuvo una participación muy importante en el tema del acceso a las vacunas.

-No. Solo fui parte de un trabajo que diseñó el Presidente de la República para el tema de las vacunas. Ahí, el mérito corresponde en primer lugar al Presidente, y en segundo orden al subsecretario de Relaciones Exteriores, Rodrigo Yáñez, que se jugaron fuertemente con este asunto.

Los pilares del esfuerzo de la vacuna contra el coronavirus, en ese tiempo, es de mucha gente. Primero, hacer los contactos cuando no se sabía qué laboratorio podría producir una vacuna en tan rápido tiempo, de lo cual no había antecedentes. Hubo un consorcio de universidades chilenas que participó en la investigación científica de estas vacunas, varias fueron probadas en voluntarios chilenos. Los datos que conocemos de varias de vacunas, en distintos países, son datos puestos por Chile, tras participar en estos esfuerzos, ensayos, y que tiene como contraparte el compromiso de estos laboratorios de entregar las vacunas contratadas a Chile, lo cual no ha ocurrido en otros países que no participaron. 

En tercer lugar, todo lo que es la política de vacunación. Tenemos una infraestructura muy confiable, muy destacada en Latinoamérica; en la cual desplegar una campaña de vacunación como ha sido ésta, con números extraordinarios: más de 200 mil vacunados en varios días. Un esfuerzo enorme. Por último, la cultura de la vacunación en la población: en las encuesta, el recelo, la desconfianza hacia las vacunas en el país, es bastante escaso. En el caso particular de las vacunas contra el coronavirus, ya sea de Sinovac o Pfizer y la que fuera, esta desconfianza ha ido disminuyendo semanalmente.    

-Pero todo eso significó hacer una apuesta, porque no se sabía si existirían vacunas, como usted bien dice. ¿Cómo se tomó esa decisión?

-Se hizo una apuesta que resultó ganadora. Nosotros no podíamos predecir la demora en el desarrollo de las vacunas, lo cual fue histórico. Nunca antes en la historia de muchas vacunas, ya desplegadas en la población desde hace muchos años, había ocurrido un desarrollo tan rápido. Se hizo una apuesta, una apuesta simultáneamente a lo que, en mi opinión, eran los laboratorios con mayor probabilidad. Quiero recordar que hay 300 vacunas, ensayos de distintas vacunas registrados en este momento.

La tradición del laboratorio Sinopharm que usamos habitualmente para influenza, por ejemplo. Siempre les compramos cantidades enormes de vacunas, y nunca hemos experimentado problemas de producciones, de calidad. Lo mismo con las de AstraZeneca, Pfizer, y Johnson y Johnson. Farmacéuticas con las cuales nosotros teníamos una confianza histórica. Por eso, se hicieron con éstas: por la tradición con ellas, la historia y los antecedentes de seriedad y cumplimiento con esos cuatro laboratorios. Ahora se está tratando de ampliar con Moderna, y otros laboratorios con los que no se hicieron contratos al principio.  

-Pero la columna vertebral de la estrategia de Chile para inmunizar a su población es la vacuna china de Sinovac. ¿Eso fue una decisión deliberada?

-No. Nuestra estrategia fue apostar simultáneamente a varias vacunas. No había una manera de predecir, en ese momento, cuál laboratorio podría tener realmente resultados relativamente rápidos. Nos ha ocurrido con Sinovac que ha fabricado rápidamente millones de dosis, con buen resultado, y son las que han llegado a Chile preferentemente. De hecho, como dijo el ministro de Salud, se está reforzando, aumentando el número de vacunas que están solicitando al laboratorio.

Nuestra estrategia fue apostar simultáneamente a varias vacunas”. 

Por otro lado, nosotros hicimos contrato con AstraZeneca, y se demoraron más que otros laboratorios. Nosotros no podíamos adivinarlo. Lo vuelvo a decir: aquí se hizo una decisión en incertidumbre, y las cosas se dieron en el sentido de que los laboratorios pudieron desarrollar esto con gran inversión de sus propios países también. Hubo una inversión pública de cada uno de estos países, muy relevante, para sacar adelante esta campaña de vacunas a velocidad de la luz.     

-Respecto de las vacunas, una cosa es la eficiencia, que consiste en tener vacunas y ser capaces de aplicarlas con rapidez, y otra es la eficacia, es decir, lograr que las vacunas tengan impacto en contener la pandemia. ¿Cuál es su mirada respecto de estos dos factores?

-La eficacia de una vacuna es la que se mide en condiciones experimentales. Si Pfizer dice: “Nosotros tenemos una eficacia de 95%”. Eso quiere decir que dividieron a la población de estudio entre un grupo placebo, que recibió inyección sin vacuna, y otro que sí recibió, efectivamente. Ellos sacan las cuentas y dicen cuánta gente del grupo vacunado, siguiéndolo en el tiempo, se enfermó y cuántos del no vacunado también se enfermó, y eso da el resultado del 95%. Esto significa, en el mundo teórico-experimental, que de los próximos 100 enfermos, 5 van a provenir del grupo que está vacunado y 95 del no vacunado.

Se hizo una apuesta, una apuesta simultáneamente a lo que en mi opinión eran los laboratorios con mayor probabilidad”.

Tan importante o más que esa eficacia es la eficiencia, o el despliegue que se hace de la vacuna. La vacuna Pfizer tiene un 95% de eficacia experimental, pero tiene muchos problemas logísticos. De ahí que hacer una distribución masiva, rápida, antes de que aparezcan cepas resistentes a una vacuna, por la mutación constante del virus, es algo fundamental.

Así, igual o más importante que la eficacia es la efectividad de la vacuna. Es decir, cuánta gente está vacunada y cuán rápido se puede vacunar a la población. En Chile, tenemos en números gruesos 3,5 millones de personas que recibieron una primera dosis, de las cuales aproximadamente medio millón recibió Pfizer y el resto, algo más de 3 millones, CoronaVac. Eso habla, inmediatamente, de lo que significa ya no la eficacia de la vacuna, porque el Instituto de Salud Pública dijo la eficacia de CoronaVac es del 78%, por los estudios que hicieron en el país, y la de Pfizer del 95%.

Hacer una distribución masiva, rápida, antes de que aparezcan cepas resistentes a una vacuna, por la mutación constante del virus, es algo fundamental”.

Tenemos una vacuna (Pfizer) más eficaz, pero con la que hemos vacunado menos gente, que está llegando en menos de lo que esperamos, que la fábrica en Bélgica tuvo que disminuir su producción, en fin. El instrumento que tenemos, en este momento, de batalla es efectivamente la vacuna CoronaVac, con una eficacia del 78%; pero con una eficiencia en la distribución que, realmente, es admirada en todo el mundo.   

“El impacto no va estar en los próximos meses en el número de casos”

-¿Cuándo podríamos observar un “efecto” de las vacunas? Es decir, ¿cuándo podríamos ver un descenso en las cifras de pacientes hospitalizados en la UCI y en el número de fallecidos?

-Hay que ser súper cuidadoso, porque el discurso de las vacunas puede llevar a una complacencia o una falta de ocupación por las otras “medidas no vacunas” que siguen siendo más relevantes. ¿Por qué? Saquemos la cuenta. Las primeras personas que se vacunaron con CoronaVac, dentro la primera semana de febrero, supongamos que la mayoría de ellos -lo que no es seguro- recibe la segunda dosis, momento en el cual empieza a decir que tienen la vacunación suficiente, con 78%de eficacia. No antes, porque las personas inoculadas no tienen una protección importante solo con una dosis. Por eso, aquellos que se vacunaron con una sola dosis deben recibir la segunda, en la primera semana de marzo. Estas personas van a estar protegidas, según lo que sabemos de la vacuna, los últimos días de marzo.

No vamos a tener un efecto en términos de números de contagios, hospitalizaciones, al menos, hasta la segunda quincena de abril y principios de mayo. Y, peor todavía, probablemente por el regreso de vacaciones, tengamos un aumento de casos durante el mes de marzo. Es una paradoja. ¿Cómo es posible que estemos peor si la campaña de vacunación va tan bien? No. Nosotros tenemos que entender que la vacuna no mostrará su impacto, en términos de muerte y hospitalización, antes de fines de abril.

No vamos a tener un efecto en términos de números de contagios, hospitalizaciones, al menos, hasta la segunda quincena de abril y principios de mayo”.

-Y está el tema de las nuevas variantes, donde algunos países tienen casos de personas más jóvenes hospitalizadas.

-Este es un virus con alta capacidad de mutación. Tenemos que montar en Chile con urgencia un monitoreo genómico, de variaciones genéticas o genómicas del virus, en la que un porcentaje de todos los casos (5 o 10%), se haga un examen de qué tipo de variante es.

Sabemos que la variante británica llegó a Chile, pero en realidad tenemos un número genómico del virus insuficiente para saber si otras variantes están llegando o no. Podría ocurrir que permanece -ojalá no nos ocurra a nosotros- en aquellos países donde la vacunación vaya muy lento, y significa que el virus tiene un paso muy grande para contagiar, variar, mutar; que es lo que está ocurriendo en Ecuador y Perú a propósito de la Amazonia, con la variante brasileña. Que no sabemos si ha llegado o no a Chile.    

-El proceso de vacunación en Sudamérica se está dando de modo desigual. ¿De qué manera esto podría afectar a Chile? Es decir, ya vimos una controversia por el llamado “turismo de vacunas” que incentivaba a venir al país a personas desde Perú para adquirir dosis.

-Eso fue un conflicto artificial porque un canal de televisión peruana dijo que la gente podía venirse a vacunar a Chile, pero eso no va a ocurrir porque tienen que hacer cuarentena, porque no es un inmigrante como los que están en el norte del país, viniendo de otros lados y que tratan de encontrar en Chile un hogar. Y ellos, como ya lo dijo el ministro de Salud, tienen derecho a ser vacunado. Pero respecto al “turismo de vacuna”, se desinfló y no le doy importancia.

Lo que sí le doy importancia es a la vacunación, en lograr efectivamente encajonar al virus, que muten las variantes menos peligrosas. El virus se va a quedar para siempre, y se tiene una dificultad: no hay una inmunización homogénea en el mundo. Porque si un país no es capaz de vacunar a su población es en ahí donde el virus más agresivo seguirá circulando, y seguirán apareciendo variantes que, eventualmente, van a llegar a Chile de nuevo.

El virus se va a quedar para siempre, y se tiene una dificultad: no hay una inmunización homogénea en el mundo”.

En ese contexto, el esfuerzo que está haciendo la Organización Mundial de la Salud por generar una conciencia de vacunación; aprobar rápido más vacunas, porque muchas se están trabajando hoy para ser aprobadas luego; y creo que ese esfuerzo científico va a permitir rápidamente que más países cuenten con la vacuna.

Le tengo miedo, respeto, a nuestro invierno, porque es el momento en que la gente se hacina más, concentra más en el transporte público. Justo en ese momento es imprescindible tener a la población más frágil inmunizada, como ha comprometido el ministro de Salud y que creo cumplirá.

-¿Y usted cree que el próximo invierno sea igual o peor al experimentado en 2020?

-Creo que será mejor. No necesariamente en el número de casos. Nosotros hacemos tantos PCR que vamos a seguir detectando casos de gente joven, que todavía no estará en los programas de vacunación, pero creo que será menos problemático en el tema de hospitalización y fallecidos. Por eso, es vital vacunar fundamentalmente, o primero, a los adultos mayores, porque ellos corren más riesgos de enfermar y morir.

Estoy pensando que alcanzaremos una población suficiente de vacunados, probablemente para la primavera. Estoy hablando de 15 millones de vacunados para tener una población de rebaño, que le permita al virus no circular tan libremente. Creo que vamos a tener un tiempo de impacto PCR positivo, pero muchos menos enfermos suaves, medianos o graves; más casos asintomáticos. Por eso, creo que el informe del Ministerio de Salud tiene que enfatizar efectivamente qué es lo que está ocurriendo con los fallecimientos, a qué edad están ocurriendo, en qué región; y lo mismo las hospitalizaciones; porque ese es el impacto que tendrá la vacuna. El impacto no va estar en los próximos meses en el número de casos.

Es muy importante ver cuál está siendo la incidencia de la enfermedad en los adultos mayores, en sus grupos mayores de 55 años, cuántos de ellos se están hospitalizando, porque ya están vacunados con la primera dosis. Hacer la métrica, lo que se dice y mide, concordante con la política. Estamos vacunando, tenemos muchas dosis, pero no son suficientes para todos; pero estamos vacunando a los adultos mayores. ¿Para qué? Porque ellos tienen más probabilidades de que al enfermar puedan morir. Midamos. Espero, como ya se vio en Israel, una tendencia a la baja las próximas semanas, incluso a principios de abril.

“Siempre fui partidario de lo que llamábamos el Carnet Covid. Nadie es profeta en su tierra”

-A propósito de Israel, ¿usted cree que Chile debiera implementar un carnet verde como ya está sucediendo en esa nación?  

-Yo siempre fui partidario de lo que llamábamos el Carnet Covid. Nadie es profeta en su tierra. En el momento que comenzamos a hablar de eso ya teníamos las noticias, segura, de que la infección, comprobada con PCR, producía una inmunidad relativamente potente, al menos hasta 3 meses de la enfermedad para una persona que salía de un hospital o era dada de alta. Lo que se propuso en Chile y otros países fue que las personas que se enfermaban -hoy sabemos que esa inmunidad dura, al menos, 8 meses-, que la inmunidad producida por la infección, y en ese sentido la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos, en español) de Estados Unidos, con la escasez de vacunas que hay, que las personas que tienen certificada una enfermedad con PCR positiva, demoren su vacunación hasta 6 meses después de la enfermedad o con una sola dosis en el caso de la vacuna de Pfizer, en vez de dos.

Israel hizo un “carnet verde” para aquellos que están correctamente inmunizadas y para las que se enfermaron; y el Parlamento Europeo revisará una propuesta de la encargada sanitaria de la UE que se extienda el pasaporte verde para personas vacunadas o que estuvieron enfermas. Evidentemente, creo que esto tiene dos riesgos, el primero que, entendiendo que la vacunación es voluntaria, en la práctica, la hará obligatoria porque quien está vacunado va a tener acceso a opciones de viajar, ir a cines, que no tendrá una persona que no está vacunada. Ahí hay una contradicción con la idea de que la vacuna es voluntaria, porque esfuerza a los que no quieran vacunarse a hacerlo. Desde el punto de vista de salud pública es adecuado y muchas cosas se hacen así, en Chile el niño para entrar a la escuela tiene que mostrar su carnet de vacunación.

Entretanto, el segundo riesgo es que, en definitiva, identifica a las personas, con un tema tan delicado como aquellos que padecieron recientemente la enfermedad. El riesgo está en que pueden ser objeto de discriminación. Nosotros habíamos hecho esfuerzos por mantener la confidencialidad, porque la política ha sido tratar de proteger la confidencialidad de las personas.

Sin embargo, también hay ventajas obvias. Imaginemos ahora en el regreso a clases, que los profesores vacunados tengan un pase verde o carnet Covid para incorporarse a clase, proporcionando tranquilidad a los apoderados de que los profesores del colegio están protegidos y no van a contagiar a sus hijos.          

-El Gobierno ha dicho que se logrará la inmunidad de rebaño cerca de junio. ¿Comparte ese plazo? ¿Esto sería el fin de la pandemia en el país?

-Si algo nos ha enseñado este Sars-CoV-2 es que hacer pronósticos de las fechas, tratar de establecer certezas, es como levantar un castillo de naipes; y que se puede derrumbar al primer tiempo. Por ejemplo, si efectivamente se escapa inmunológicamente una variante del virus, cualquiera de las que está apareciendo, o aparece una altamente resistente a las vacunas, lograr la inmunidad de rebaño puede durar años.

Hay demasiadas interrogantes para decir cuándo se lograría esta inmunidad de rebaño”.

Nosotros no pudimos lograr inmunidad de rebaño con la influenza. Tenemos que vacunarnos todos los años, con una vacuna distinta porque el virus muta. Nadie dice que eso no podría ocurrir con este virus y tenemos una alta tasa de mutación. 

Tampoco se sabe bien, se supone, si las personas vacunadas, que no se enferman, podrían tener el virus en su garganta, capaces de contagiar a otros. Hay demasiadas interrogantes para decir cuándo se lograría esta inmunidad de rebaño que, por lo demás, no se puede mirar solo en la perspectiva de un país. Es cuando el mundo pueda. 

Chile es un país libre de sarampión hoy, pero si tenemos otros países cercanos que tienen sarampión, el riesgo para nosotros es tremendo. Y cada vez que llega un caso de sarampión, importado a Chile, se levanta una alerta tremenda de revacunación, de protección, porque no hay inmunidad de rebaño mundial.   

-Al comienzo de la pandemia usted indicó en una entrevista que “nadie estaba pensando en el ‘postoperatorio’ que el país tendría que enfrentar. ¿Qué piensa ahora al respecto?

-La situación es más compleja hoy de lo que yo dije en ese momento. Lo primero es que cada vez es más claro que las personas con Covid quedan con secuelas bastante largas, que requieren rehabilitación, en fin.

Este virus ha generado una suerte de enfermedad crónica post Covid que hay que mirar en este postoperatorio. Y en segundo lugar que el haber priorizado, con razón, la lucha contra este nuevo virus pandémico ha dejado, permitido o causado, que se dejaran de hacer otras muchas cosas; gente que no se ha hecho mamografía, cáncer gástrico que no se han pesquisado, problemas de hipertensión diabética que no están bien manejados, gente que no ha seguido bien o abandonó su tratamiento para el VIH. La verdad es que el esfuerzo de la red de salud, que por lo demás unos (trabajadores) están con licencia o agotados, hace que la capacidad de resolver este postoperatorio del Covid sea complejo. La cantidad de gente que no se haya tratado enfermedades muy relevantes hace pensar, por ejemplo, que la expectativa de vida en Chile podría disminuir en los próximos años.

Lograr que el mundo político entendiera que esto era de verdad fue muy difícil, con mucho oleaje en contra”.   

-En una de sus primeras entrevistas tras la llegada del coronavirus a Chile usted reflexionó respecto del “factor político” del combate a la pandemia. Señalaba que sin el “estallido social” que ocurrió en el país 5 meses antes de la pandemia las cosas habrían sido distintas. ¿Sigue pensando lo mismo? 

-Lo diría con más prudencia. Instalar con todas las fuerzas que sería la campaña de educación para el manejo de esta enfermedad fue muy difícil en este contexto. Nosotros pensábamos trabajar el 5 de enero, el plan de Covid estaba listo; y financiado el 28 de enero, la alerta sanitaria estaba promulgada la primera semana de febrero; estábamos en exámenes de PCR el 31 de enero. La implementación se trató de hacer del modo más rápido posible, pero cuando tú le dices a la gente que hay que usar mascarilla y se genera una discusión política respecto al uso de mascarilla, o se dice que se tenga cuidado con los lugares públicos, y se interpreta como que se está tratando de limitar los encuentros los viernes en la plaza Italia. Lograr que el mundo político entendiera que esto era de verdad fue muy difícil, con mucho oleaje en contra.   

-¿Y cuál es su análisis político hoy, cuando el gobierno mejora en las encuestas debido al éxito en el proceso de vacunación? ¿Tendrá eso un efecto positivo para el gobierno en otros ámbitos de la política?

-No lo creo. De hecho, la evaluación disociada del esfuerzo del Gobierno, presidido por Sebastián Piñera, tiene una aprobación para el manejo de la pandemia de más de 50% para la encuesta Cadem. Sin embargo, la persona del Presidente de la República está más de 30% por debajo de eso, como si fueran dos mundos diferentes. Desde que empezamos a trabajar en la pandemia, el Presidente de la República tomó esto como un gran sacrificio y esfuerzo personal, como una tarea absolutamente prioritaria del Gobierno en su coordinación, en las reuniones todos los días en la noche y mañana.

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