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Publicado el 26 de agosto, 2015

Hugo Lavados, rector y ex ministro de Bachelet, sobre gratuidad en 2016: “No creo que haya ninguna universidad que esté preparada”

Autor:

Uziel Gomez

El rector de la U. San Sebastián advierte un "boomerang" en varias de las reformas que está haciendo el Gobierno, porque no están siendo debidamente estudiadas, no se apegan a la realidad y son "obstinaciones".
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Uziel Gomez

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La gratuidad en la educación superior es una de las principales promesas de la Presidenta Michelle Bachelet desde que fue candidata y, pese a que ha tenido diferentes cambios en los mecanismos y cobertura, el Gobierno ha reiterado que su implementación comenzará el próximo año.

La Mandataria anunció el 21 de mayo que se beneficiaría al 60% de los estudiantes más vulnerables de las universidades del CRUCH, pero poco tiempo después tras un cónclave de la Nueva Mayoría se corrigió a 50%, y se incorporaron a otras casas de estudios que cumplan determinados requisitos. Aún así hay muchas universidades y cientos de miles de estudiantes que quedarán fuera, pese a tener la misma condición de vulnerabilidad de quienes recibirán el beneficio.

Anoche, la ministra de Educación, Adriana Delpiano, reiteró que en el proyecto de ley del presupuesto público que ingresará al Congreso en octubre se incorporará el beneficio de gratuidad, pero hay varios rectores y especialistas que plantean que lo mejor es usar el actual sistema de becas, que es conocido por todos los actores, para discutir con tiempo los cambios estructurales.

En medio de esta polémica, Hugo Lavados, ex ministro de Economía de la Presidenta en su primer gobierno, y rector de la  universidad privada San Sebastián –que hasta ahora está fuera del beneficio de gratuidad-, aborda para “El Líbero” las complejidades de lo que pretende hacer el Ejecutivo.

– ¿Cuál es su opinión sobre el anuncio de gratuidad del Gobierno para el próximo año?

– La gratuidad tiene algunas condicionantes. Se ha planteado que los recursos se entreguen a las instituciones que recibirían a los alumnos, porque también es posible plantear un mecanismo en que los estudiantes reciben becas. Mirado desde las familias y los estudiantes, en ambos casos estudian gratis. Hay distintas razones por las que el gobierno prefiere entregar recursos a las universidades, que creo requieren más análisis. A la larga, como ocurre en muchas partes del mundo, los mecanismos tienden a ser mixtos.  La propuesta del gobierno es solo a las instituciones, haciendo una estimación del número de estudiantes, por eso señala que no pueden aumentar el cupo de admisión, y estableciendo un arancel, que es un tremendo problema porque no se sabe cuál es el monto y si habrá algún efecto sobre los ingresos de las instituciones. Es terreno de tremenda indeterminación. El hecho de que los estudiantes sigan sus estudios gratuitamente no significa que nadie paga. Por cierto, tiene costos ya sea en una universidad estatal o privada. De repente da la impresión del hecho que la universidad sea gratis no la paga nadie, n no, la pagan todos los chilenos con sus impuestos.

– El Gobierno ha tenido diferentes versiones sobre la gratuidad…

– El inicio del programa de gratuidad ha tenido dos versiones, la del 21 de mayo que se decía que era para el 60% de los alumnos más vulnerables que estudian en las universidades del consejo de rectores, la segunda fue la anunciada después del conclave de la Nueva Mayoría con el 50% incorporando instituciones privadas fuera del Cruch con ciertas características. A esta altura  del año hay gran cúmulo de indefiniciones, como no saber qué universidades entran  a la gratuidad, el total de recursos, los estudiantes no saben quiénes serán beneficiados, y no está claro cómo se traspasarán los recursos. La ley de presupuesto no puede transformar programas de un año en permanentes. Hay una gran cantidad de indefiniciones. La propuesta actual es un planteamiento tremendamente discriminatorio e injusto porque hay una gran cantidad de estudiantes muy meritorios que están en instituciones privadas acreditadas, que han demostrado calidad, buenos indicadores de empleabilidad, y esos estudiantes no tendrán la gratuidad que sí tendrán otros estudiantes similares que pertenecen al CRUCH.

– ¿La gratuidad debe implementarse en 2016 mediante el presupuesto público de este año o mediante una nueva ley en 2017?

– Desde un punto de vista social y político, y comprendiendo los compromisos del gobierno, creo que el tema de que los estudiantes de los grupos más desposeídos estudien sin pagar, está muy asentado en nuestra sociedad y que las personas lo sienten como algo que el gobierno debe entregar. Estoy de acuerdo con eso. Debiera haber una cantidad importante de recursos, que pueden ser los mismos que se han señalado de gratuidad, para un programa más masivo de becas para que más estudiantes no paguen. Es un mecanismo conocido, que no requiere mayores cambios. Los temas más de fondo, como la regulación que se exigirá, la admisión, institucionalidad, el financiamiento y fiscalización del sistema debieran estar en un proyecto de ley que se discuta. Mientras tanto, no veo dificultad alguna en que los estudiantes tengan más oportunidades por la vía de no pagar con un sistema de becas., no veo que para las personas haga ninguna diferencia si las universidades serán gratis porque se les dará más plata o tendrá más becas. Creo que la inmensa mayoría de los chilenos les va a dar lo mismo, porque al final el objetivo es que no paguen por estudiar.

– ¿Están preparadas las universidades para implementar un nuevo sistema de gratuidad en 2016?

– De verdad, no creo que no haya ninguna universidad que esté preparada para esto. El tema más importante que se ha cuestionado es que está lleno de indefiniciones. Las universidades del Consejo de rectores que están dentro del mecanismo de la gratuidad, señalan que no respetarán la limitación de cupos. No es claro cómo se clasificará a los estudiantes por nivel socioeconómico, quiénes forman parte del 50% más vulnerable. En el borde se van a producir muchos problemas. Ha pasado en otras políticas públicas, ha ocurrido que quien no tiene el beneficio se siente extremadamente mal. Hay que tener muchísimo cuidado en la práctica de ciertas políticas públicas porque pueden ser un boomerang. Un reducido número de estudiantes estará feliz porque estudiará gratis pero la gran mayoría estará sumamente infeliz. Eso ha pasado en muchas áreas. Creo que requiere más reflexión de quienes están en el ministerio y una mirada más desapasionada de lo que es la educación superior. Hay una mirada un poquito estrecha, y se le han atribuido a las universidades estatales un conjunto de virtudes que no necesariamente tienen.

– ¿Cómo cuáles?

– Se dice que las universidades estatales pueden responder  a los problemas nacionales, están comprometidas con el país y los cambios, pero desde la calidad académica, los años de acreditación, las carreras, la empleabilidad, cuánto mejoran los estudiantes de menores ingresos, no hay mayor diferencia si sacamos a un grupo selecto de instituciones que serán cinco o seis, no más. Todas las demás tienen el mismo comportamiento y características, y muchas universidades estatales tienen peor desempeño que las privadas. Hay una serie de mitologías que se van transmitiendo pero los datos y el desarrollo de lo que ha pasado en el país muestra una cosa distinta.

– Ud. dijo hace dos semanas que la “impermeabilidad del Gobierno no permite establecer diálogos”. ¿Mantiene esa crítica con las nuevas autoridades en el Mineduc?

– Hoy recibimos un comunicado del ministerio que señala que en los temas generales sobre la reforma, no el de gratuidad, les interesa que las instancias de diálogo “conduzca a una reflexión profunda como país como antesala de una discusión en el parlamento sobre una nueva legislación en educación superior”. Esperaría que eso se haga y que se permita esta reflexión profunda y amplia. No hay manera de que si hacemos esta reflexión profunda y amplia el proyecto sea enviado en septiembre como fue señalado. El diablo está en los detalles y es necesario tener tiempo para discutir la reforma en forma seria, con antecedentes, mirando lo que pasa en otras partes. Hay una carencia de esa receptividad y por eso hablo de la impermeabilidad del dialogo. Mantengo que hasta el momento ha habido impermeabilidad del diálogo, en términos de que se conversa, se plantean puntos y no he visto que nada de lo planteado ha sido recogido en la reforma de educación superior por el ministerio. Tiene que haber grandes acuerdos, no debe imponerse una posición a como dé lugar.

– ¿Qué efectos provocaría la gratuidad sólo en algunas universidades?

– Va a generar muchos problemas y efectos que pueden perdurar. Naturalmente habrá mayor cantidad de jóvenes chilenos que quieran estudiar en la educación superior. Es evidente. El incentivo está puesto ahí. Si es gratis sigo y presiono por un cupo. Se producirá un tremendo problema con quienes no ingresen a las instituciones gratis. En todas las ciudades habrá instituciones gratis y otras pagadas, con becas o CAE. Habrá un segundo problema a nivel de cada institución, porque donde se haga el corte, unos pagarán y otros no. Tercero, no sé cómo las instituciones van a calcular sus presupuestos porque no se sabe cuánto recibirán por gratuidad. Hoy no es claro. El sistema va a tener efecto porque dependiendo de las situaciones las universidades que entren en gratuidad tendrán gran presión por matricular, y las instituciones que no estén beneficiadas podrían tener una caída en la matricula que será dañino. Un ejemplo súper claro, en las ciudades donde esté el DUOC los alumnos estudiarán gratis si cumplen condiciones de  vulnerabilidad, que la mayoría cumple. Los que estudien en Inacap, en la misma ciudad, mismas carreras y mismo nivel de vulnerabilidad, van a seguir con las mismas reglas actuales. Naturalmente, la presión por ingresar al DUOC se va a multiplicar y quienes no logren entrar quedarán tremenda frustrados. Preveo problemas financieros para las instituciones y habrá problemas de tipo social porque no se va a entender cómo se va a hacer. No se ha reflexionado a fondo que esto tendrá consecuencias.

– ¿Ud. siente que esas consecuencias no están siendo advertidas por la autoridad?

– Supongo que no, porque son bastante complejas y se ha insistido en lo mismo. No creo que hayan sido advertidas. Se puede producir la paradoja que una  mejora para algunos los  otros quedan igual, pero sienten que son perjudicados. El caso más claro es que si hay dos personas que trabajan en la misma oficina, tienen la misma remuneración, a una le suben el sueldo y a la otra no.  La que no sube remuneración quedará indignada. Se ha minimizado el efecto práctico de cómo se harán los procesos, la admisión y el impacto que habrá en las instituciones. Hoy ya hay impacto por estas indefiniciones en los bancos, que no están financiando proyectos de inversión de largo plazo, y es lógico. Es natural que los bancos se retraigan cuando hay dificultades en el futuro.

– ¿Cómo va la planificación del presupuesto para el próximo año?

– Empezamos el proceso del presupuesto  ahora y lo cerramos en octubre. Siempre hay que hacer ajustes en base a cuál será el resultado de la matrícula, los ingresos. El tema es que los cupos de admisión ya están definidos. Se empieza la matrícula de los primeros que quieren postular y quedan en matricula condicional en octubre. Hay que pensar que nosotros matriculamos más de 6 mil alumnos al año en cuatro sedes, y son procesos complejos y no podemos improvisar.

– ¿Hasta cuándo pueden esperar que el Mineduc informe sobre lo que hará en gratuidad para realizar sus presupuestos?

– Hoy estamos planificando de la misma forma de los últimos años, porque las señales del ministerio son que los alumnos de la Universidad San Sebastián no estarán incorporados en la gratuidad. Es tremendamente injusto, arbitrario y discriminador, pero siendo realista, me atengo a lo que dicen la autoridad. Estamos planificando independiente del tema de la gratuidad.

– ¿Por qué cree que es injusto?

– Con un ejemplo lo acredito. Nuestra universidad tiene cuatro años de acreditación,  Los Lagos (que pertenece al CRUCH) tiene tres años  de acreditación. En la sede de Puerto Montt tenemos medicina y odontología, que es la única universidad que las imparte. Dos hermanos mellizos de una familia modesta, uno quiere estudiar ingeniería en Los Lagos, el otro medicina en la San Sebastián, uno estudiará gratis y  el otro no.

– Ud. fue ministro de Bachelet. ¿Cuál es su mirada de lo que está haciendo el gobierno en políticas públicas?

– Lo que se ha estado haciendo en varias áreas no creo que sea lo mejor. Pienso que ha habido una fuerte cantidad de temas que han surgido por ciertas fijaciones de ideas que han tenido algunos al interior del gobierno. Particularmente en el plano de la educación, el proyecto de los “tres no”, no al copago, lucro y selección, no era la mejor manera de empezar porque en la educación escolar no ha pasado nada que tenga que ver con la calidad. Todos hablamos que la educación era mala y había que mejorar la calidad. Lo único que se hizo fue traspasar recursos del estado para comprar locales o pagar cierta cantidad de copago. En el mejor de los casos quedaron igual. Lo mismo pasará con la gratuidad en educación superior, desde el punto de vista de la institución, va a quedar exactamente igual en el mejor de los casos, y es muy probable que quede peor porque recibirá menos recursos que antes. Si el arancel que el gobierno determina es más bajo que el de la universidad no tiene nada que ver con calidad. Creo que desgraciadamente en educación no se ha iniciado el proceso de reformas. No hemos partido por lo importante. Hemos partido por ciertas pequeñas obsesiones e instrumentos más que por atacar lo más eficiente para los objetivos.

– Ud. dijo que si hubiera sabido lo que proponía Bachelet no habría votado por ella.

– Esa respuesta demostró que soy harto malo para la política de ficción. Había maneras más apropiadas de responder, porque el supuesto de la pregunta tiene un correlato. Uno no puede suponer que el gobierno, la Presidenta, si antes de su gobierno habría sabido la situación, el gobierno habría sido distinto. Fue una respuesta no muy inteligente frente a una pregunta inteligente. Eso lo reconozco. Hay políticas públicas que no comparto, pese a haber compartido la mayor parte de los objetivos del gobierno. Creo que haber transformado un programa de gobierno en una especie de fetiche, que es inmutable, que es la carta de navegación, creo que no es lo adecuado. Cuando  los hechos cambian y el contexto se modifica muy fuertemente, hay que modificar lo que uno quería hacer. Hay poca base empírica en varias de las políticas públicas. Hay obstinación de seguir ciertos caminos y compromisos que no responden a un diagnóstico correcto. Por eso no estoy de acuerdo con una parte de las políticas públicas. Ahora, reconozco que no fue una respuesta afortunada. Pero no me puedo sacar el pillo con que me sacaron de contexto, porque no es así. No refleja lo que de verdad pienso.

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