Todos lo hemos notado: este año las compras en el supermercado o la feria resultan cada vez más costosas. Y cómo no, si los precios de los alimentos han aumentado en un 24% en los últimos 12 meses, la mayor alza en 20 años, desde que existe registro en el Instituto Nacional de Estadísticas. Una situación que tiene a muchas personas preocupadas y con dudas acerca de cómo enfrentar los meses venideros.
En conversación con Mirada Líbero, María Emilia Undurraga, investigadora del Centro de Políticas Públicas de la Universidad San Sebastián y ex ministra de Agricultura, se refiere a este tema y explica que “son muchos los factores que esperamos que en el mediano y corto plazo puedan ir disminuyendo, porque esto afecta a las familias más vulnerables que gastan un mayor porcentaje de su presupuesto en alimentos. Si en promedio en Chile el 18% se gasta en alimentos, en el primer quintil casi un 30% se gasta en alimentos, y por eso decimos que la inflación de alimentos impacta mayormente a las familias más vulnerables”.
Undurraga señala que este aumento en los precios impacta en la seguridad alimentaria: «cuando tenemos precio más altos, independiente de que haya alimentos, hay muchas familias que no pueden acceder a eso«.
Agrega que “hoy en el mundo hay 830 millones de personas que se acuestan con hambre, son cifras muy preocupantes. Hoy estamos viendo en ciertas parte de África, lugares donde hay hambrunas, y eso es algo que no veíamos desde hace mucho tiempo y que nos tiene que movilizar a todos”.
¿Un subsidio para acceder a alimentos?
Respecto a las medidas que debiera tomar el gobierno frente a esta problemática, la exministra asegura que “lo más eficiente es focalizar las medidas en las familias más vulnerables con un subsidio para acceder a alimentos en el corto plazo”.
Plantea que “eso no significa que no tengamos que pensar en políticas agrícolas que nos permitan proyectar la producción de alimentos en el mediano y largo plazo. Es decir, más allá de cubrir las emergencias año a año, habría que proyectar políticas que permitan de forma estructural cambiar la producción para enfrentar los desafíos ambientales, sociales y económicos del futuro”.
Finalmente, Undurraga manifiesta que “la agricultura en general ha sido una actividad que se ha quedado en el campo, y que desde la ciudad ha habido una mirada bastante poco integradora, y que nos permita pensar en la alimentación del futuro”.
