Publicado el 18 de diciembre, 2019

Ex decano de Derecho UC: “El plebiscito constitucional no es producto de una deliberación republicana, sino de la presión”

Autor:

Emily Avendaño

El abogado Carlos Frontaura establece un paralelo entre la toma de la Casa Central de la Universidad Católica ocurrida en mayo del año pasado y el estallido que se desencadenó en el país desde el 18 de octubre. Señala que fueron sucesos inesperados, gatillados por elementos que si bien estaban en el discurso público -como la asamblea constituyente- no eran especialmente relevantes y que ambos procesos se zanjaron por negociaciones surgidas a través de la presión. Esto lo planteó en la presentación del libro “La contratoma”, escrito por Javiera Rodríguez, entonces consejera superior de la UC.

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El viernes 25 de mayo de 2018 marcó un hito en la historia de la Universidad Católica. No por una hazaña académica, sino por un hecho que solo había ocurrido dos veces antes en su historia (en 1967 y 1986): cerca de 100 mujeres encapuchadas, representantes del Movimiento Autónomo Feminista Interseccional, se tomaron el sector norte de su Casa Central. El abogado y entonces decano de la Facultad de Derecho de esa casa de estudios Carlos Frontaura no duda en calificar este suceso como uno de los más «lamentables» en la historia de la institución fundada en 1888. 

“La violencia que representa el acto de toma de la Casa Central de la Universidad Católica, el fundamento profundamente ideológico que la gatilló, la incredulidad y sorpresa de autoridades y alumnos, las enormes dudas con que este hecho luctuoso se enfrentó, los diálogos entablados por los dirigentes de la toma y las concesiones y acuerdos obtenidos bajo presión, recuerdan mucho lo que ha afectado a nuestra patria los últimos dos meses”, advierte Frontaura

El profesor, que es miembro del consejo del Instituto Nacional de Derechos Humanos, se explaya en tres de los paralelismos que considera principales entre los hechos de mayo de 2018 y los surgidos a partir de octubre de 2019. En primer lugar, se trató de una “acción violenta, con la cual amanecen sin darse cuenta ni autoridades, ni ciudadanos. O en el caso de la universidad ni autoridades, ni alumnos, ni profesores. Se trata de hechos que no esperábamos”. 

El segundo, explica, es que ambos fueron gatillados por elementos que no aparecían formalmente como especialmente relevantes en los discursos. “Estaban, pero no eran los principales, se los toman de una manera extremadamente ideológica”. En el caso de la toma de la Universidad Católica, se refiere en particular a “los abusos”. Las voceras en su momento exigían terminar con la violencia sexual al interior de las universidades, petición que antes no había sido llevada a las autoridades o a la secretaría general. “Era un tema que estaba, pero no era central de las muchas inquietudes que había. Lo mismo ocurre acá. Había muchos elementos en la sociedad que estaban latentes, como problemas o inquietudes, que de repente surgen como centrales, como la asamblea constituyente”.

La demanda por una nueva Constitución, en el contexto actual apareció en la semana del 21 de octubre, cuando se ubicó en la sexta prioridad en los sondeos de opinión pública. En la encuesta Cadem de esta semana figura en la séptima posición en cuanto a las prioridades de los chilenos, que en este momento la encabezan temas como las pensiones o la salud. Mientras la nueva Constitución retrocedió del 23% al 16% en cuanto a la percepción como uno de los temas más importantes. 

Otra similitud que encuentra Frontaura entre ambos procesos tiene que ver con la forma de resolverlo: “Esa negociación se produce a través de una presión. La negociación con la cual los partidos políticos, o el gobierno, terminan por aceptar este plebiscito constitucional no es producto de una deliberación republicana, a través de la cual se van produciendo razonamientos y argumentos con los cuales nos vamos convenciendo, sino que es producto de una presión de la calle, en la que los dirigentes políticos no saben en qué puede terminar, incluso que temen que pueda terminar en una guerra civil, eso da cuenta del nivel de presión”.

Afirma que lo mismo ocurrió en la universidad donde después de cuatro días hubo una salida al problema, “pero no fue fruto de una deliberación intelectual que se da al interior de una universidad, en una conversación entre los distintos estamentos y con intercambio de ideas. No, fue fruto de una presión, como es la toma, y la toma no se depone mientras no se llega a un cierto acuerdo”.

La presentación de “La contratoma”

Las reflexiones las presentó Frontaura durante la presentación del libro “La contratoma”, escrito por la periodista Javiera Rodríguez, quien entonces era consejera superior y estudiante de Periodismo en la UC, y a quien se la recuerda por haberse enfrentado a las dirigentas de la toma: “Soy mujer igual que ustedes y no puede ser que se estén tomando la universidad por causas que yo también considero justas”. 

El profesor relató que el libro abre con una confesión de Rodríguez, ocurrida durante esa primera noche en que tuvieron que dormir dentro de la Casa Central. “Tiritaba, también de miedo”, frase que aludía al temor que sentían todos los allí presentes, -incluyéndolo a él- por lo que pudiese pasar no solo en ese momento sino también en los posteriores. “Vimos a encapuchados caminando por los techos. Sentíamos el abundante olor a marihuana. Nos gritaban cosas, nos amenazaban”, relata Frontaura. Se encontraban allí en un acto que él definió como “resistencia pacífica”. 

Por su parte, la autora señaló que escribió el libro por el temor a que en la historia solo quedara plasmada una de las caras del relato; pues en respuesta al movimiento feminista, otro grupo de alumnos, varios de ellos representantes de organismos estudiantiles de derecha, también se quedarían al interior de la Casa de Estudios, indignados por lo que consideraban una acción violenta y con ello buscaban presionar por el fin de la toma y evitar su expansión.

“Por mucho tiempo hubo una única historia. Estar allí me trajo consecuencias, alejarme de amistades y votantes, pero era mayor el riesgo a que en el papel apareciera que la resistencia que hubo en la Casa Central había sido violenta. Dijeron hasta que teníamos drogas allí, y eso era algo que yo no me podía permitir. Uno puede estar a favor o en contra de ciertos sucesos, pero hay que entender que no hay una única verdad”, concluyó Rodríguez.

El libro se puede adquirir pinchando este link.

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