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Publicado el 12 de junio, 2020

«El Presidente»: Desmesurada expectativa

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

La trama naturalmente es sórdida y nadie queda bien parado. Salen aludidos, aparte del personaje central, un par de dirigentes chilenos y casi todos los miembros de la Conmebol. Para mí lo curioso e importante es la ausencia en la serie de personas que fueron claves en la dirigencia del fútbol sudamericano y que de una manera u otra no pueden no haber sabido lo que sucedía al interior de la organización.

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Gonzalo Mingo Ortega

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Los consumidores televisivos cada vez estamos más exigentes con lo que vemos. Es tal la cantidad y variedad de oferta en películas, documentales y series, que no estamos dispuestos a perder el tiempo, aun cuando ahora tengamos un poco más. Seré una vez más autorreferente (recomendación del director) y les puedo decir que después de ver “Pablo Escobar, El Patrón del Mal” y “La Casa de Papel”, “El Presidente” me parece realmente débil, por usar un término coloquial y amable.                    

La serie está catalogada en el género del drama y suspenso, a lo que yo agregaría el carácter de denuncia, sátira y ficción… de todo un poquitito, pero así chiquitito, como nuestro cafecito, pancito y tecito. Pero la real definición me la dio mi hijo Gonzalo, futbolero también, quien cuando le pregunté cómo la estaba encontrando, me dijo “divertida”. Viéndola entonces con esos ojos, ya no la encuentro tan mala.                     

La atracción que produce el actor Andrés Parra por interpretaciones potentes de mafiosos, como la mencionada de Pablo Escobar, tiene su razón de ser. En esta oportunidad impresiona observar cómo capta la esencia de Jadue, y -digamos- no lo deja muy bien parado. Estoy cierto que ni el mismísimo Sergio Jadue podría interpretarse tan bien a sí mismo. Hay episodios en que Parra se parece más a Kramer que a Jadue y esto también provoca hilaridad. Por su parte, la actuación del chileno Luis Gnecco representando al dirigente colombiano Luis Bedoya es notable; contar con este actor en un reparto, es una fija.

El argumento afecta a personas, algunas fallecidas, otras vivas y vigentes en el plano digerencial y otros, imagino, en plena retirada después de ver la serie. Naturalmente todos los aludidos tienen el derecho de presentar demandas, pero la mayoría de las veces estas acciones producen mayor publicidad y provocan el efecto contrario, o sea, que más gente la quiera ver. 

La trama naturalmente es sórdida y nadie queda bien parado. Salen aludidos, aparte del personaje central, un par de dirigentes chilenos y casi todos los miembros de la Conmebol. Para mí lo curioso e importante es la ausencia en la serie de personas que fueron claves en la dirigencia del fútbol sudamericano y que de una manera u otra no pueden haber no sabido lo que sucedía al interior de la organización. Sin embargo, observo que los guionistas rodean muy bien el tema y no tocan por una u otra razón a personas que sí deberían.

En el límite de este comentario, es oportuno consignar que si una empresa como la Plataforma Digital Amazon, valorizada en 1,3 trillones de dólares, ha decidido prestarle ropa a esta serie, es por algo, y esto en sí mismo merece respeto. Ahora bien, al conocer personalmente a varios de los personajes mencionados, esto me produce una especie de controversia intelectual que no logro descifrar.

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