Publicado el 8 mayo, 2021

Cómo se gestó la nueva etapa de las relaciones entre Chile y Bolivia

Autor:

Maolis Castro

Los cancilleres chileno y boliviano anunciaron, en paralelo, una “hoja de ruta”. Fue una aproximación que se gestó desde el año pasado, en la que el ministro Andrés Allamand consiguió estrechar vínculos con su par, Rogelio Mayta.

Autor:

Maolis Castro

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En una discreta reunión el 30 de abril se concretó en La Paz un acuerdo para “normalizar” las relaciones bilaterales entre Chile y Bolivia. Así confirmó ayer el canciller Andrés Allamand en una conferencia de prensa en el patio de Los Naranjos de La Moneda. “Se estableció una hoja de ruta para el año 2021 que nos va a permitir abordar materias de frontera e integración, complementación económica, libre tránsito, límites, integración física… Y más del ámbito consular: cooperación policial en materias, por ejemplo, como contrabando, tráfico de personas, migración, control del comercio ilegal, recursos hídricos transfronterizos”.

Lo mismo informó, en paralelo, su par boliviano, Rogelio Mayta, desde La Paz, quien remarcó que existen coincidencias en que el “diálogo constructivo es el instrumento idóneo para el entendimiento e integración; que la cooperación bilateral ayuda eficazmente a la convivencia pacífica; que el diálogo intercultural contribuye al necesario conocimiento de los pueblos; y que el comercio y las inversiones son herramientas para alcanzar el progreso económico y social de nuestros países”. La exactitud de los discursos de los cancilleres en varios aspectos y la misma hora de los anuncios, dan cuenta de una minuciosa coordinación.

Durante una semana y hasta el jueves en la noche, el canciller chileno estuvo en comunicación permanente con su homólogo boliviano. Incluso, Allamand se acercó al despacho del Presidente Sebastián Piñera para afinar los últimos detalles antes de ofrecer la vocería en La Moneda.

Conocedores de los diálogos indican que esta nueva etapa se gestó a finales de 2020. La asunción del Presidente Luis Arce, el 8 de noviembre, fue clave para materializar los compromisos. Antes, el excanciller Teodoro Rivera había intentado abonar el camino para una aproximación con La Paz. Pero el rol de Allamand fue determinante, al manifestar a Arce y al vicepresidente boliviano, David Choquehuanca, su interés en empezar una nueva etapa y encontrar “espacios de encuentro” en una reunión meses atrás. Además fue determinante una serie de conversaciones y encuentros con el viceministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Freddy Mamani, y la subsecretaria de RR.EE., Carolina Valdivia, a lo largo del año.

Habría contribuido en este propósito la pérdida de influencia del ex Mandatario Evo Morales sobre el actual gobierno de Bolivia, especialmente sus diferencias con su antiguo aliado Choquehuanca.

   La “irrenunciable” posición de Bolivia

Los cancilleres de ambos países cimentaron una cordial y estrecha relación, al punto de que suelen comunicarse frecuentemente por WhatsApp. Pese a la sincronía de sus discursos y respeto en los diálogos, todavía existen aspectos aún no zanjados que se dejaron entrever en los anuncios.

El ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia fue tajante en la reivindicación marítima: “En ese marco, de relacionamiento bilateral, queremos comunicar que, manteniendo nuestra posición histórica e irrenunciable por la reivindicación marítima, pero también comprendiendo la necesidad de desarrollar un relacionamiento bilateral con nuestros vecinos y con la finalidad de iniciar un diálogo orientado en la construcción de confianza mutua, nosotros, el Estado Plurinacional de Bolivia y la República de Chile, hemos venido explorando diversas iniciativas de interés recíproco”.

Para conseguir este acercamiento se dejó constancia, en un documento consensuado en el encuentro, que no se contempló la demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por el río Silala ni tampoco el tema marítimo. “Sin perjuicio de las posibles posiciones que ambos países mantienen respecto a la demanda resuelta por la Corte Internacional de la Haya, que se refería a un eventual acceso al Océano Pacífico, como a la demanda que actualmente está en tramitación del mismo tribunal que se refiere al estatus y uso de las aguas del Silala, las delegaciones constataron muy significativas coincidencias y acordaron lo que acabo de informar”, aclaró Allamand.

En el pulso de los encuentros la delegación boliviana reiteró su punto de vista respecto a dichas materias, mientras que los representantes chilenos insistieron que las aspiración marítima de Bolivia es una “materia definitivamente resuelta” por el Tratado de Paz y Amistad del 20 de octubre de 1904 y por el fallo de la Corte Internacional de Justicia del año 2018 que determinó que Chile no debía negociar un acceso soberano al mar con el país altiplánico, explicó. El canciller chileno aseguró que la intención es “dejar atrás” una “etapa particularmente conflictiva” entre las naciones. “Lo que hemos hecho es dar un paso extraordinariamente importante en términos de esta normalización pendiente de las relaciones entre ambos países”, señaló.

Al compromiso recíproco, concretado en la reunión en La Paz, asistieron cuatro diplomáticos chilenos. La delegación chilena estuvo compuesta por el director de América del Sur, embajador José Miguel Capdevila; el director de Fronteras, Carlos Dettleff; la jefa de la división Sudamérica de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, Karina Cánepa, y el cónsul general de Chile en La Paz, embajador Roberto Ubilla.

“Ambas delegaciones establecieron un temario muy amplio de materias a tratar, estableciendo para cada una de ellas un grupo de trabajo, comisiones mixtas o técnicas”, acotó el canciller chileno. Se trata de un extenso temario que, además, incorpora aspectos como cultura, medioambiente, turismo, educación, ciencia, tecnología e innovación, y cooperación bilateral.

Los naciones también acordaron celebrar la XXIII Reunión del Mecanismo de Consultas Políticas —cuyo último encuentro tuvo lugar en 2010—, la XV Reunión del Comité de Fronteras e Integración, así como el restablecimiento de Grupos de Trabajo y Mesas Técnicas para abordar materias de interés común. “El tema de las relaciones diplomáticas es una materia que podrá abordarse más adelante, y corresponderá, por cierto, a una decisión conjunta de ambos países. No está en la orden de día, lo que está es avanzar en la normalización y poner a trabajar estos distintos mecanismos”, remarcó Allamand.

Una historia de desencuentros

Aunque los desencuentros entre ambos países son históricos, la relación bilateral se fracturó en 1962 debido a las discrepancias de Bolivia por el uso de las aguas del río Lauca. Entre 1975 y 1978 ocurre un período de acercamiento a nivel de embajadores, iniciado con el Acta de Charaña, pero fue interrumpido por desavenencias.

En 2004, el gobierno de Ricardo Lagos procuró un acercamiento con su par boliviano Carlos Mesa para retomar las relaciones diplomáticas. “Si de diálogo se trata, ofrezco relaciones diplomáticas aquí y ahora”, dijo Lagos en el contexto de la Cumbre Extraordinaria de las Américas en Monterrey (México), donde el Mandatario de Bolivia planteó que uno de los temas pendientes de la cumbre era la salida al mar de su país.

En 2006, el gobierno de Michelle Bachelet también quiso concretar una aproximación mediante la “Agenda de los 13 puntos”, donde uno de los aspectos pretendía resolver el diferendo limítrofe que separa a ambas naciones desde la Guerra del Pacífico, en 1879.

Fue en 2010 cuando se produjo un acercamiento que prometía reestablecer las relaciones bilaterales y meses después, en enero de 2011, los cancilleres Alfredo Moreno y Choquehuanca se reunieron en Santiago con la intención de profundizar en el diálogo bilateral. Pero este proceso terminó en un nuevo revés.

De hecho, el gobierno de Morales decidió demandar a Santiago ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya en 2013, caso que fue desestimado en 2018 por esta instancia al considerar que Chile no tenía la obligación de negociar un acceso soberano al mar para Bolivia.

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