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Publicado el 08 de diciembre, 2018

Cómo el caso Catrillanca unió a cuatro “caciques” mapuche que estaban en veredas opuestas

Autor:

Emily Avendaño

El vínculo que han demostrado tener las distintas comunidades mapuches, a raíz de la muerte de Camilo Catrillanca, puede ser una cuestión coyuntural. Si bien todas exigen reivindicación territorial, varían en sus métodos y en el grado de violencia aplicado al momento de hacer sus peticiones. A Héctor Llaitul y la CAM se los ve como los más radicales; Marcelo Catrillanca y Mijael Carbone han hecho de Temucuicui un territorio donde solo vale su ley; Víctor Ancalaf no critica los ataques violentos, pero se ha inclinado por negociar con el gobierno; mientras que Aucán Huilcamán se enfoca más en su agenda internacional.

Autor:

Emily Avendaño

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Todos exigen la reivindicación del territorio, autonomía y control sobre los recursos naturales, pero varían en los métodos que ejercen para lograrlo. Tras la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca, los nombres de Héctor Llaitul, Aucán Huilcamán, Víctor Ancalaf y Marcelo Catrillanca destacaron en los medios de comunicación. Opinan, exigen y se reúnen. El pasado 1 de diciembre Catrillanca llamó a una reunión en Temucuicui. Del encuentro salió una resolución en la que acordaron exigir al Estado desmilitarización de la zona, autodeterminación mapuche, comisión histórica de reparación por crímenes y restitución de los territorios.

El último punto del comunicado era el de “acciones a seguir”. Y precisamente allí es que pueden hallarse las diferencias. El texto invita al pueblo mapuche a continuar “implementando y desarrollando la desobediencia”. Cómo hacerlo es la cuestión. Llaitul, vocero de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), es la figura visible de una organización a la que, desde que apareció a finales de la década de 1990, se le ha vinculado con hechos de violencia como ataques incendiarios. Si bien en los tiempos recientes han intentado adoptar un perfil más político, en La Araucanía se les continúa viendo como la “organización que se adjudica atentados, que hace daño y destruye”, describe una fuente que por razones de seguridad prefiere el anonimato.

Incluso hay diferencias entre Héctor Llaitul y Víctor Ancalaf. El primero tiene más de 20 años ejerciendo el control de la CAM, mientras que el segundo pasó de ser uno de sus principales dirigentes a finales de la década de 1990 a ser expulsado de la organización, por su su opción de sentarse a dialogar con el gobierno.

Ancalaf en sus discursos no cuestiona la violencia, pero en la práctica se ha alineado con la autoridad en aras de conseguir reivindicaciones. Al ser expulsado de la CAM, logró que el Estado le entregase en Collipulli más de 1.000 hectáreas de terreno. Más recientemente, acordó con el gobierno del Presidente Sebastián Piñera, cuando Luis Mayol todavía era intendente, la construcción de un parque eólico en la comunidad, que implicó un acuerdo por más de 500 millones de dólares. Hoy, la muerte de Catrillanca hizo que se cerrara al diálogo, sin embargo, el comienzo de este proyecto está previsto para principios de 2019.

Huilcamán, en tanto, ha seguido sus banderas de lucha también ideológicas, pero dentro de un marco institucional y buscando siempre el apoyo de la comunidad internacional. Al tiempo que los Catrillanca se encerraron en Temucuicui, un “bunker” al que no tiene acceso la autoridad.

En el movimiento mapuche nos respetamos las representatividades que existen y no intentamos que un solo líder hable por todos”.

Llamó la atención entre otros mapuches que el acuerdo de comienzos de mes no lo firmaran los representantes de todas las organizaciones asistentes. Cuando Catrillanca leyó el comunicado solo se veía Huilcamán a su lado.

“En el movimiento mapuche respetamos las representatividades que existen y no intentamos que un solo líder hable por todos, por eso toda la documentación, todos los acuerdos, todas las mesas de negociación, todo, siempre van firmados por todos los lonkos o representantes que estuvieron presentes y por eso es que me resulta extraño que en este caso, un solo representante haya firmado. A menos que haya firmado el lonko de Temucuicui, por Temucuicui, lo que estaría bien. Si ellos, como comunidad, tienen un solo lonko, bien que firme, pero si fueron tantos dirigentes como se señala y todos lo suscribieron, la verdad es que me llama la atención que no hayan firmado”, opina Hugo Alcamán, presidente de la Corporación de Profesionales Mapuche ENAMA.

Explica que esta ausencia de búsqueda de un líder único viene por su tradición cultural, pues su mirada con respecto al ejercicio de la autoridad siempre ha tenido una perspectiva de familia.

Alcamán relata que dentro de los pueblos mapuches hay dos vías, las de quienes actúan y buscan reivindicaciones dentro del Estado de Derecho, y la de quienes responden a la “violencia simbólica” que ejerce el Estado y la sociedad fuera del marco de la ley. No obstante, en este momento, ni unos ni otros están prestos a continuar colaborando con el Plan Araucanía, pese a los avances que se habían logrado desde el Ministerio de Desarrollo Social. “La pobreza se vive muy duro dentro de nuestras comunidades. Es por eso que si el gobierno viene y nos ofrece resolver esa situación, por supuesto que nos vamos a sentar a dialogar. Lo malo es que ningún gobierno cumplió con su compromiso. No le creo a la izquierda, ni a la derecha. A los primeros porque prometen sueños que después no cumplen y a los segundos porque ni siquiera se interesan en nuestros sueños”.

Las historias de vida de estos dirigentes, y sus acciones también dan cuenta de las dificultades para conciliar sus posturas. Todos han tenido encontronazos con la policía, aunque han variado en las penas. En 20 años de conflicto mapuche nunca se les había visto actuar juntos, hasta el funeral de Catrillanca.

Héctor Llaitul, “el ideológico” 

Nombre: Héctor Javier Llaitul Carrillanca

Edad: 50 años

Educación: Asistente Social, Universidad de Concepción.

Antecedentes policiales: Estuvo preso en dos oportunidades.

Perfil doctrinario: Crear la Nueva Nación Mapuche, utilizar métodos de violencia -que llaman de “autodefensa”- e ir contra el capitalismo.

Acción pública:

Niega ser un terrorista. En cambio, dice que es un “Weichafe” (guerrero). Es la cara más visible de la Coordinadora Arauco-Malleco, y desde principios de la década del 2000 no ha dejado de aparecer en los medios. En marzo de 2001 ya se le consideraba como el “estratega operativo de la radicalizada Coordinadora Arauco-Malleco” (CAM). En esa oportunidad se le acusaba de haber participado en un ataque incendiario a la hacienda Lleu-Lleu, en Tirúa (provincia de Arauco), el 26 de enero de ese año. Por ese mismo hecho, Llaitul fue procesado en la Fiscalía Militar de Concepción por maltrato a carabineros, al haber quedado lesionados cuatro policías.

En diciembre de 2001 fue condenado a 541 días de presidio por infracción a la Ley de Seguridad del Estado, aunque sus abogados defensores negaron la existencia de tales delitos.

Su incorporación a la causa mapuche fue tardía. Primero fue parte de la Juventud Rebelde Miguel Enríquez del MIR y pasó después al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, bajo las órdenes de Mauricio Hernández Norambuena (alias Ramiro) y Juan Gutiérrez Fischman (alias Chele), líderes frentistas tras el asesinato del senador Jaime Guzmán.

Siendo estudiante universitario comenzó a participar en manifestaciones pro causa mapuche. El 9 de mayo de 2002 fue detenido por su vinculación a un ataque incendiario ocurrido el 15 de abril de ese año a dos camiones, también en la zona de Tirúa, y puesto nuevamente a disposición de la Fiscalía Militar en un proceso por porte y tenencia ilegal de armas. Paralelamente le era seguido un proceso por asociación ilícita terrorista, junto con otros 15 dirigentes de la CAM, por la comisión de una decena de atentados en el sur del país. En ese entonces Llaitul junto a otros dirigentes emitieron un comunicado anunciando que pasarían a la clandestinidad.

Estuvo prófugo durante cuatro años. Fue capturado en Concepción el 21 de febrero de 2007 y cuando sobre él pensaban cuatro órdenes de aprehensión. Incendios, porte de armas y homicidio frustrado, eran algunas de las causas.

“¡Marichiweu!”, gritaron los mapuches presentes en el Tribunal Oral Penal de Temuco el 12 de junio de 2008, cuando los tres jueces lo absolvieron por unanimidad de los cargos de incendio intencional, porte ilegal de armas y receptación de especies robadas. El dirigente recuperó de inmediato su libertad, después de pasar un año y cuatro meses preso. “Me persiguen por lo que digo, no por lo que hago, es una persecución ideológica”, declaró a su salida de la corte.

Sus dichos calientan La Araucanía. En una entrevista para The Clinic, ofrecida después de quedar libre, dijo: “Tenemos órganos de resistencia que permiten el control territorial”. Para ese entonces, en 2008, admitía que en esos terrenos que estaban bajo su control “el ejercicio del poder estatal y winka no tiene lugar… No permitimos que llegue la policía o el tribunal. Eso es control territorial. Antes entraban personas extrañas a las comunidades y hacían lo que querían. Ahora no cualquiera puede entrar cuando recuperamos territorio, ya sea por la vía legal, semilegal o ilegal. Nuestro ideal es que todo transite en el marco de rebeldía, fuera de la institucionalidad, que la resolución no venga del Estado, porque eso genera la inviabilidad de un proyecto autonomista”.

Alegaba que no se involucraban en hechos de sangre, que era el sistema “en defensa de los intereses del capitalismo, el que usa medios de guerra” y por lo tanto tienen “absoluto derecho a usar métodos de autodefensa”.

La CAM comenzó reclamando la creación de la “Nación Mapuche”. En la misma entrevista explica que en esa lucha concreta contra el capitalismo –más allá de reivindicar tierras y agua– “lo primero fue desarrollar comunidades en conflicto; luego, articular esas comunidades y después crear un referente que las representara. El cuarto paso fue hacer una correlación de fuerzas que generara representación. No fue una cosa mecánica. Los mejores militantes mapuches se compenetraron en sus comunidades”.

En octubre de 2008 fue vinculado nuevamente a un delito. Esta vez un atentado contra el fiscal Mario Elgueta y su escolta policial. La Fiscalía consideraba que Llaitul había sido el autor intelectual del hecho. El mapuche nuevamente se dio a la fuga. Ante esto, el Ministerio Público solicitó a la Interpol una orden de búsqueda internacional. Fue capturado en Osorno ­–su ciudad natal- en julio de 2009. El líder de la CAM negó las acusaciones argumentando que no se involucraban en acciones que causaran daños a las personas.  Fue condenado a 15 años de cárcel. Aunque en 2015 recibió un beneficio de libertad condicional. El caso fue llevado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En enero de 2016 argumentó que la CAM había pasado por una transformación que la llevaba a tener “mayores fundamentos y planteamientos”. Sin embargo, el dirigente nunca ha visto posible un proceso de diálogo con el Estado. De hecho, sobre las mesas de diálogo que se conformaron en 2017 advirtió que se trataban de “más de lo mismo”.

En octubre de 2017 volvió nuevamente a la cárcel, esta vez por la Operación Huracán. Al demostrarse que se trató de un montaje y quedar nuevamente en libertad, regresó a la vida pública. En 2017, al cumplirse 20 años del primer atentado que reivindicó la CAM, ofreció una charla en el Colegio de Profesores en la que afirmó: “El escenario donde se desenvuelve el conflicto mapuche es de guerra”.

En octubre de este año viajó a Ginebra para exponer ante las Naciones Unidas sobre la aplicación de la Ley Antiterrorista contra personas mapuche y dar a conocer su experiencia. Llaitul, hijo de campesinos mapuches, descritos por él mismo como “extremadamente pobres”. Esposo de Pamela Pessoa, y padre de cinco hijos, debido a la muerte de Camilo Catrillanca volvió a llamar a la “resistencia”.

Víctor Ancalaf, “el negociador”

Nombre: Víctor Manuel Ancalaf LLaupe

Edad: 57

Educación: Desconocida.

Antecedentes policiales: Fue condenado en segunda instancia a 3 años y 1 día de prisión por el delito de secuestro simple y desacato agravado, y a la misma pena por hurto de madera. Preso entre 2002 y 2007 por su participación en ataques incendiarios.

Perfil doctrinario: Era uno de los líderes de la CAM, hasta que fue expulsado por negociar con el gobierno. Se sumó al Plan Araucanía, aunque nunca criticó la lucha armada. Después de la muerte de Camilo Catrillanca rompió relaciones con el gobierno.

Acción pública:

Hubo un hito en la historia de la CAM. A comienzos del años 2001 se produjo un quiebre. Víctor Ancalaf –uno de sus líderes junto con José Huenchunao- fue expulsado de la organización que, para ese momento, llevaba cuatro años operando. Antes de la escisión, autoridades y empresarios lo acusaban de instigar los episodios más violentos del conflicto indígena. También se le vinculaba al “terrorismo”

En una entrevista ofrecida para Las Últimas Noticias, en febrero de 2000, cuenta que su rol activo por el movimiento mapuche habría comenzado gatillado por las discriminaciones de raza que sufrió siendo niño, en la escuela de Quincholo. “Nos decían que mi mamá era bruja, que éramos feos; que mi papá era flojo, borracho; que éramos malos para pelear, que cualquiera nos pegaba. Todo eso nos causó un remordimiento, más cuando hablaban de que el pueblo mapuche era aguerrido, inteligente y luchador”.

Para ese momento, Ancalaf, el segundo de ocho hermanos, casado, y con cinco hijos. Admitía que había sido detenido ya cinco veces. En aras de la expropiación de predios en conflicto mapuches, a él y a los otros dirigentes de la CAM no les temblaba el pulso para anunciar el aumento de las acciones violentistas. Reclamaban la entrega de, al menos, 80 mil hectáreas.

En abril de 2000, Ancalaf fue acusado de secuestro, por la toma del Juzgado de Collipulli. Fue liberado en agosto de ese año, tras permanecer cinco meses en la cárcel.

El dirigente vistió como guerrillero, con ropas mimetizadas, proclamó la independencia del territorio y vivió clandestino. Pero a finales del año 2000, Ancalaf fue expulsado de la CAM “por su interés de negociar con el gobierno”. Desde entonces, ese ha sido su rol: conversar, en reserva o en público, con las autoridades para lograr traspasos de tierras y otros beneficios. Según él mismo ha declarado, para los más radicales, se convirtió en un “entreguista y un traidor”.

Con su intervención, se acordó la adquisición de 1.625 hectáreas a cambio de “paz social”. La medida no dejó de ser controversial pues beneficiaba a mapuches que en el pasado habían sido acusados de ocupar predios, provocar incendios y destruir maquinaria. Los acercamientos con el gobierno no impidieron que Ancalaf fuese detenido en 2002 y condenado en el año 2004 a cinco años de cárcel por su participación en ataques incendiarios.

“El tiempo encerrado me ayudó a madurar mis ideas sobre el movimiento mapuche”, aseguró en una entrevista al salir de prisión. Subrayaba que al movimiento mapuche le faltaba “conducción política”. También destacaba que el pueblo mapuche “ni en sus mejores tiempos fue unido. Ni en los tiempos de Caupolicán, ni de Lautaro, y eso ha permitido que en la práctica el pueblo mapuche en su conjunto se mantenga. Yo lo que más encuentro valorable es que un peñi se mantenga en lucha desde la trinchera, desde donde esté”.

En 2010 interpuso una demanda contra el Estado chileno ante el Consejo de DD.HH. de Naciones Unidas en la que argumentaba ser víctima de atropellos por parte del Gobierno, la judicialización de las demandas mapuches, el uso de la justicia militar para procesar todas las causas, y la aplicación “sistemática” de la Ley Antiterrorista. En 2014, la corte ordenó a Chile dejar sin efecto las condenas por terrorismo que existían sobre ocho comuneros mapuches.

Luego de eso, Ancalaf mantuvo un bajo perfil hasta que comenzaron las reuniones entre el Ministerio de Desarrollo Social y los distintos sectores del sur del país en aras de impulsar el Plan Araucanía. Ancalaf fue uno de los dirigentes históricos del movimiento mapuche con quien se reunió el ministro Alfredo Moreno, en varias oportunidades.

Y justificó su presencia en el encuentro “3xi”: “Esto es otra arista del movimiento mapuche, que tiene que ver cómo nosotros mejoramos, porque ninguna lucha en el mundo se sustenta sin la base económica, es lo que pasa en países como Colombia, en Nicaragua o Bolivia. Porque cómo nosotros podemos enfrentar el país mapuche al Estado de Chile si no tenemos los recursos y la infraestructura para hablar en un mismo idioma”.

Dos días antes de la muerte de Camilo Catrillanca, Ancalaf llegó a un acuerdo con la Intendencia de La Araucanía para impulsar el primer Parque Eólico de Comunidades Mapuche, con una inversión que superaba los 500 millones de dólares y que debía ser puesto en práctica a principios de 2019. “Nuestro pueblo fue un pueblo rico, fue un pueblo grande, empresario, recién conversábamos que el comercio grande, de animales, ascendía sobre las 10 mil cabezas de ganado, y hoy día nos encontramos empobrecidos, producto de estos sistemas, y pensamos en que esta nueva oportunidad de hacer política tiene que ver con la dignificación de nuestra gente, de nuestro pueblo, y de mejorar la calidad de vida también, a otro nivel”, declaró.

Sin embargo, la muerte del comunero mapuche desató un rompimiento. Después de haberse dejado retratar sonriente junto al intendente Luis Mayol, fue uno de los primeros en pedir su dimisión, y el retiro del llamado “Comando Jungla” de la región.

“La respuesta de violencia la ha provocado el Estado, ninguno de los últimos gobiernos ha tenido la voluntad política y la altura de miras de reconocer la soberanía del territorio mapuche y sus derechos colectivos. Ahora, cada minuto que pasa sin retirar el Comando Jungla, el ministro Moreno se pierde una oportunidad de dar una condición de diálogo. Yo no voy a participar en ninguna condición mientras esos asesinos (los Jungla) estén amparados por el Gobierno”, sentenció. Dijo también que no existían las garantías para continuar dialogando con el gobierno.

Víctor Ancalaf es werken –vocero– de más de 30 comunidades agrupadas en el Lof Choiñ Lafkenche, en la comuna de Collipulli.

Aucán Huilcamán, “el internacional” 

Nombre: Aucán Huilcamán Paillama

Edad: 53

Educación: Derecho.

Antecedentes policiales: No tiene.

Perfil doctrinario: Insiste en que el conflicto de reivindicación territorial del pueblo mapuche debe zanjarse en instancias internacionales, como la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Acción pública:

Aucán Huilcamán comenzó su trajinar público siendo muy joven, bajo el amparo de su padre José Luis Huilcamán, y de la Iglesia Católica. En tiempos de dictadura, el obispo de Temuco creó centros culturales que acogían a líderes mapuches de izquierda. Desde entonces él y su padre comenzaron a recibir invitaciones de exiliados chilenos radicados en Ginebra; y fue en esos encuentros que comenzó su fogueo. En 1989 los centros culturales salen a la luz y el Consejo de Todas las Tierras comienza a tener una participación muy activa en la discusión de la Ley Indígena.

La agrupación busca establecer un autogobierno del pueblo mapuche. Se niega a las cuotas de representatividad y está convencida de que el conflicto de reivindicación territorial debe resolverse en la Corte Internacional de Justicia de La Haya o la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Huilcamán defiende la libre determinación y la necesidad de establecer una comisión de esclarecimiento histórico en La Araucanía. Paro lograrlo recorre el mundo en busca de apoyos. Es amigo del presidente Boliviano Evo Morales, y ha defendido al gobierno de Venezuela.

No tiene antecedentes, pero sí ha estado en prisión. En 1999, por ejemplo, fue detenido en Valdivia, al intentar entregar una carta al Presidente Eduardo Frei Montalva. En 001 fue procesado por la justicia militar por maltrato de obra a Carabineros.

En la hoja de vida de Huilcamán destaca su participación en la política. En el año 2000 fue noticia porque estuvo en un acto del PPD junto al presidente Ricardo Lagos y sentado al lado del ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre. Ese mismo año encabezó una marcha de mas de 200 mapuches hacia en Congreso Nacional, en Valparaíso. Al llegar se reunió con el presidente del Senado Andrés Zaldívar, con el fin de solicitar que se apresure el trámite de ratificación del convenio 169 de la OIT, que otorga reconocimiento de las etnias por parte del Estado.

En abril de 2001 viajó a Ginebra para protestar ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU por “la ausencia en Chile de mecanismos jurídicos y legales específicos que permitan una adecuada protección de los derechos de los pueblos indígenas, por lo cual quedamos al descubierto frente a la terrible situación que representa la presencia de compañías forestales en nuestros territorios”. En marzo de 2002 fue el turno de Washington para participar en una reunión de la Organización de Estados Americanos que discutía la redacción de los Derechos de los Pueblos Indígenas Americanos.

“¿Qué piensa cuando pasa por la sede del Gobierno del país más poderoso del mundo?”, le preguntó un periodista de La Segunda. A lo que respondió: “Es que he pasado tantas veces cuando he venido a Washington, que prácticamente es habitual”.

Pese a que reniega del diálogo con las autoridades, en 2002 firmó un acuerdo con el alcalde de Temuco, René Saffirio (DC), para iniciar un proceso de diálogo y alcanzar la paz. El pacto se rompió a los 10 días, cuando el alcalde lo acusó de “dialogar y encabezar tomas simultáneamente”. Huilcamán había encabezado la ocupación de la carretera que une a las ciudades de Lumaco con Traiguén, en la provincia de Malleco.

Su amistad con Evo Morales, puede ser un capítulo aparte de su vida: “Chile ha demostrado una profunda debilidad ante Evo Morales”, dijo en 2004 cuando Evo era diputado; y ya entonces Huilcamán vaticinaba que sería presidente. “Mi amigo Evo me llamó y encuentra lamentable no poder venir a Chile. Me dijo que está sorprendido por la reacción xenofóbica de los chilenos ante él como indígena. No entiende el comportamiento racista que hay en Chile”.

No obstante, en 2004 era Huilcamán quien buscaba la Presidencia. Prometió una nueva Constitución, el autogobierno de los pueblos originarios y el acceso al mar a las poblaciones quechuas y aimaras de Bolivia. Reunió 39.100 -poco más de 1.399 fueron notariadas- de las 40.000 que necesitaba, por lo que el Servicio Electoral no le permitió postular. En cambio, para asistir a la toma de posesión de Evo Morales tuvo que pedir un permiso especial del tribunal, pues sobre él pesaba una orden de arraigo. En 2006, además, Bolivia lo invitó a participar en su Asamblea Constituyente.

Tras el fracaso de su candidatura desapareció durante un tiempo de la vida política.Hasta que el  año pasado tuvo un nuevo amago con las elecciones, cuando intentó ser senador apoyado por el Partido Humanista.

“Mi candidatura se funda en la necesidad de llevar la voz de la tierra y de La Araucanía al Parlamento (…) es un paso táctico en la esfera personal y no involucra el proceso estratégico de la autodeterminación como derecho colectivo que le asiste al pueblo mapuche”, insistió.

Su trajinar internacional lo ha llevado a ser “acompañante” dos veces de elecciones en Venezuela. Una en 2017 cuando se creo la Asamblea Constituyente (solo con participación del chavismo); y la siguiente el 20 de mayo de este año, cuando Maduro fue reelecto en un cuestionado proceso.

Se restó desde el principio del Plan Araucanía. Tras la renuncia de Mayol, después de la muerte de Camilo Catrillanca, declaró que confiaba en que ese fuese un paso hacia la paz. Aunque subraya que las condiciones no están dadas para dialogar con el gobierno.

Temucuicui, el reducto de Catrillanca y Carbone 

Mijael Carbone Queipul es el werkén de la Alianza Territorial Mapuche. Su objetivo es la recuperación de tierras y el autogobierno. No les interesa el diálogo, ni la entrada de las autoridades a sus predios. En la comunidad Temucuicui Tradicional también vive el lonko Juan Catrillanca. Uno ronda los 30 años, el otro se acerca a los 70. Encabezan un área cerrada a las visitas, en la que cada vez se han hecho más frecuentes las noticias por decomisos de vehículos robados y cultivos de marihuana: la zona roja.

Carbone se convirtió en la voz de la comunidad, y uno de los principales opositores al Plan Araucanía. “Estamos quedando sin lo que es nuestro, y todavía le creemos al gobierno. ¡Hasta cuándo! Que a nuestros jóvenes no se les olvide quiénes son nuestros enemigos. Los verdaderos enemigos que no vivan en paz”, exclamó Carbone durante el funeral de Camilo Catrillanca.

Después de la muerte del comunero, quedaron como rostros visibles de los Catrillanca Juan y su hijo Marcelo, que estuvo prófugo de la justicia varios años acusado de violencia rural. Se alzó como la voz más crítica al gobierno después del asesinato de su hijo, y no aceptó reunirse con el presidente Piñera, cuando este visitó La Araucanía. Tampoco mostró mucho interés en el nuevo intendente Jorge Atton.

Desde Temucuicui han rechazado cualquier acercamiento con el gobierno, incluso quemaron simbólicamente en Plan Araucanía. Tanto Mijael, como Marcelo Catrillanca han estado prófugos de la justicia.

“Ningún gobierno, desde que ha vuelto la democracia, ha sido competente en su actuar. Si en la dictadura se violaron tantos derechos humanos y hoy en la mal llamada democracia siguen ocurriendo situaciones donde nosotros los pobres seguimos sufriendo, los mapuche seguimos sufriendo o la clase obrera sigue siendo castigada, y en democracia”, dijo Catrillanca padre a CNN.

Carbone, por su lado, creció en Santiago y no llegó a Temucuicui hasta que fue adolescente. Al asumir el liderazgo de la comunidad aseveró que “el pueblo mapuche tiene derecho a defenderse”, y que el “gobierno siempre ha querido utilizar al pueblo mapuche”.

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