En el sexto aniversario del estallido de octubre de 2019 aún se buscan algunas de las razones que lo pudieran haber provocado. Es parte de lo que realiza el economista y profesor investigador de Faro UDD, Claudio Sapelli, en su estudio titulado «Las causas del estallido: una discusión desde la economía”, donde reflexione y analiza el origen del 18-O, desde lo económico.
En entrevista con El Líbero, Sapelli señala que el marcado deterioro de las condiciones laborales de los jóvenes fue uno de los factores cruciales para el descontento de la sociedad, aunque advierte que no busca con estos datos explicar el componente de violencia que hubo en ese periodo. De acuerdo con el economista, las experiencias económicas dispares entre generaciones fueron un elemento decisivo en lo que fue el estallido y la frustración demostrada por ese grupo.
«Encontré un importante deterioro en el mercado de trabajo de los jóvenes«
«El estallido a mi me sorprendió, fue inesperado y pensé que esto tenía que tener algunas explicaciones. Partí en pandemia con esto«, explicó Sapelli.
«La evolución que detecté al mirar los datos por generación fue muy potente. Me parece que es una clara causa o una potencial causa (…). Encontré un importante deterioro en el mercado de trabajo de los jóvenes, en particular a partir de aquellos nacidos en el año 89, que fueron la mayor parte de las personas que salieron a la calle», dijo.
De acuerdo con el economista, «esto viene después de décadas de generaciones a las que les había ido muy bien (…). Tenemos un grupo de generaciones con un desempeño espectacular, hasta que hay un quiebre brusco. Y a partir de la generación de 1989 hay un deterioro, tienen menores ingresos laborales que las generaciones anteriores».
«El sentimiento de malestar es la pradera seca»
Así, Sapelli subrayó que, por primera vez en décadas, los jóvenes se enfrentaron a un mercado laboral que no cumplía con sus expectativas. «Los jóvenes dijeron: ‘hice todo bien, estudié una carrera, pasé los exámenes, recibí el título y me dijeron que esa era la ruta para el éxito, y me encuentro con un mercado de trabajo deteriorado, que no da los rendimientos que antes daba», explicó el académico.
En esa línea dijo, en relación al 18-O, que «este sentimiento de malestar es la pradera seca, y el fuerte deterioro del mercado laboral de los jóvenes es la chispa que la encendió. Esa es mi hipótesis. Es muy fuerte el efecto».
Asimismo, explicó que «un primer fenómeno es la caída de la tasa de crecimiento en 2013-2014. Chile pasa a tener un desempeño de crecimiento muy bueno, a uno mediocre. Ahí hay un cambio dramático. Si uno hace las matemáticas, los años calzan».
«Después está el fenómeno de la migración, que afectó más al mercado de trabajo de los jóvenes (…). La migración venezolana, que tendió a ser más ilustrada, afectó a los jóvenes chilenos, especialmente aquellos con educación terciaria», sostuvo.
Eso sí, el economista advirtió que este no fue el único factor, sino parte de un contexto más amplio de frustración: «El estallido tiene un componente de violencia que yo no estoy tratando de explicar. Yo explico el sentimiento de descontento, el sentimiento de que está todo mal, y de mucha gente que no es violenta, pero que vio con simpatía el estallido».
«Si uno pretende mejorar esta situación hay que crecer«
Para el economista las condiciones ya no son las mismas debido a que «ya no es una novedad«. «Los jóvenes actuales siguen heredando una situación peor que la de sus padres o hermanos mayores, pero ahora es esperado, ya ocurrió el estallido. El factor sorpresa ya no existe. Ahora, los jóvenes saben a lo que se enfrentan«, agregó.
Sin embargo, también subrayó que la «estabilidad» del mercado laboral juvenil no significa que los problemas hayan desaparecido, ya que se requiere un crecimiento real que permita la creación de más y mejores empleos para las nuevas generaciones. «Si uno pretende mejorar esta situación hay que crecer. No hay ninguna otra forma», advirtió.
