En medio de las gestiones del Presidente electo, José Antonio Kast, para crear un corredor humanitario por la crisis migratoria que ha generado Venezuela, El Líbero entrevistó al exdirector del Servicio Nacional de Migraciones durante el gobierno del ex Presidente Sebastián Piñera y uno de los nombres que ha asesorado a Kast en esta materia, Álvaro Bellolio.
Kast ya había abordado el tema hace dos semanas con el Presidente de Ecuador, Daniel Noboa, y ayer lo hizo con el Mandatario de Perú, José Enrique Jerí, en Lima.
Bellolio defiende la viabilidad técnica del corredor y la califica como «la única salida logística» al problema.
-Cómo exdirector de Migraciones, ¿cómo evalúa los viajes que ha hecho el Presidente electo para tratar el tema de un corredor humanitario?
-Los evalúo como un ejercicio de liderazgo regional necesario y proactivo. Durante mucho tiempo, la política exterior chilena en materia migratoria fue reactiva o meramente retórica. Que el Presidente Kast tome la iniciativa de coordinar con nuestros vecinos no es solo un gesto político, es una necesidad estratégica. Para resolver la crisis de ilegalidad en la frontera, ayuda que Chile genere un bloque de países con intereses comunes que privilegien la seguridad y el retorno asistido por sobre la pasividad que ha caracterizado a la región. Lamentablemente hoy vemos que la actual administración privilegia la simpatía ideológica más que el interés nacional en materia de relaciones exteriores.
-¿Es viable hacer un corredor humanitario en el corto o mediano plazo?
-Es viable, pero depende exclusivamente de la voluntad política coordinada y de dejar de lado los complejos ideológicos. No es una solución mágica de un día para otro, pero sí es la única salida logística para descomprimir la presión migratoria en el cono sur en términos de facilitar la movilidad. La viabilidad técnica existe, lo que ha faltado es la determinación de sentar a todos los actores en la mesa y establecer que el retorno a Venezuela es una prioridad regional, no solo un deseo de Chile. A su vez, explorar medidas distintas como tomar rutas Bolivia-Brasil-Venezuela o aviones a Colombia y cruzar por tierra. La actual administración solo tiró la toalla porque consideró que era mucho esfuerzo.
-¿Qué características debería tener un corredor humanitario? ¿En qué se está pensando cuando se habla de él?
-Un corredor humanitario es una ruta de salida segura, controlada y unidireccional. Debe tener cuatro pilares. Seguridad y biometría: identificación total de quienes transitan para asegurar que no se filtren perfiles criminales. Logística de transporte: coordinación de buses o vuelos que no se detengan en centros urbanos intermedios. Resguardo militar/policial: protección en los puntos de tránsito para evitar abusos de coyotes o bandas criminales. Destino garantizado: un compromiso de recepción por parte del país de origen o de tránsito. En resumen, se trata de una «autopista de retorno» que garantice que quien quiera volver a su patria pueda hacerlo de forma digna y ordenada, sin quedar varado en fronteras intermedias.
-¿Sin el apoyo de Colombia y sólo con la buena voluntad de Perú y Ecuador, se puede hacer un corredor humanitario?
-Colombia es el cuello de botella geográfico. Sin ellos, el corredor terrestre se hace más difícil antes de llegar a Venezuela, a menos que se desvíe por Brasil. Si Colombia mantiene una postura de brazos caídos, nos obliga a pensar en soluciones alternativas como un «puente aéreo o marítimo», que es considerablemente más costoso. Por eso la diplomacia es clave: hay que convencer a Colombia de que la estabilidad de la región también depende de que ellos faciliten el tránsito de retorno, porque el flujo estancado también termina afectando su propia seguridad interna. En ese sentido, sería interesante la intervención de la izquierda latinoamericana en el tema, dado que los presidentes de Brasil y Colombia son los más cercanos al actual Presidente Gabriel Boric.
-El escenario en Venezuela se ha vuelto complejo con las declaraciones de Donald Trump y la presencia de Delcy Rodríguez. ¿Se dará el escenario optimista de retorno o se complicará más?
-El optimismo debe ser realista. La caída de un dictador o un cambio de mando no borra de inmediato la precariedad económica ni la desconfianza institucional. La presencia de figuras como Delcy Rodríguez indica que el régimen busca negociar desde una posición de fuerza. La presión de Trump puede ser un catalizador, pero también puede generar mayor fricción a corto plazo. No espero una vuelta masiva inmediata por «entusiasmo», sino más bien un proceso gradual que dependerá de cuán rápido se restablezcan las garantías mínimas de vida en Venezuela. Mientras tanto, Chile debe mantener su política de fronteras cerradas a la ilegalidad y terminar con los privilegios que entrega nuestro país a quien ingresa ilegalmente por nuestras fronteras.
-El Presidente Boric plantea reforzar las fronteras por una posible nueva oleada. ¿Cree que existe ese riesgo?
-El riesgo existe siempre que haya inestabilidad, pero el problema del Presidente Boric es que sus señales han sido contradictorias, más aún cuando celebran el control fronterizo con su malla de gallinero que fue reportada por la Contraloría como paso ancestral, y ya van más de 150 mil ingresos clandestinos desde 2022. Reforzar la frontera no es solo poner más militares; es darles las atribuciones reales para la reconducción y eliminar cualquier incentivo de regularización para quien entra por paso no habilitado. Si la señal hacia afuera sigue siendo que en Chile «eventualmente» todos se pueden quedar, la oleada vendrá, sin importar cuántos camiones pongamos en la zanja. La mejor defensa fronteriza es la tolerancia cero a la ilegalidad.
-¿Se deben retomar las relaciones diplomáticas con Venezuela? ¿Ayuda eso al control de la migración?
-La diplomacia no es un premio a la virtud del otro gobierno, es una herramienta de gestión para el propio interés nacional. Retomar relaciones no significa validar a Nicolás Maduro o a su sucesor; significa tener un canal oficial para exigir la recepción de vuelos de expulsados y coordinar los retornos asistidos. Sin embajadores ni consulados operativos, la expulsión de delincuentes es más compleja por el aumento de la burocracia que solo beneficia al criminal. Necesitamos relaciones para que Venezuela se haga cargo de sus ciudadanos, especialmente en materia consular, no para ser amigos de su modelo político.

También requiere una conversación y coordinación con EEUU, ayudaría mucho que exigiera un cronograma de normalidad democrática y respeto de los derechos al actual gbno venezolano