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Publicado el 06 de mayo, 2019

Alfredo Jocelyn-Holt: “La Universidad de Chile está tomada”

Autor:

Bastián Garcés

El historiador y docente de la casa de estudios afirma que la abstención de casi el 75% en las elecciones de la Fech, refleja un proceso de radicalización del movimiento estudiantil que no es recogido por los alumnos. Además, cuestiona la nueva “consigna” de un grupo de dirigentes. “Primero fue gratuidad, después fue el feminismo y ahora estarían intentando con la salud mental”.

Autor:

Bastián Garcés

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“Había un proceso de mayor radicalización y la presencia de un movimiento estudiantil supuestamente muy poderoso, pero lo que vemos ahora es que no se manifestó mediante una elección de la directiva de la Fech”, afirma el historiador y docente de la Universidad de Chile, Alfredo Jocelyn-Holt, sobre la crisis que vive la federación de estudiantes de la casa de estudios.

Luego de que la semana pasada no se alcanzara el quórum mínimo para declarar válida la elección, asumió una mesa transitoria, encabezada por Emilia Schneider, con el mandato de convocar a nuevos comicios en los próximos seis meses.

En conversación con El Líbero, el historiador plantea que “la Universidad de Chile es una trinchera muy significativa, con mucha historia pública para atrás”, razón por la cual ciertos sectores de izquierda, como el Frente Amplio, pretenden “dar la impresión de que la izquierda está en la primera línea de la batalla y que estaría más viva, sana y sólida de lo que uno podría pensar”.

-¿Cómo ve la baja participación en la votación de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile?

-El que hayan logrado un 25,8% de convocatoria, y menos de eso en apoyo -porque es muy fraccionado- pone en relieve lo que está ocurriendo desde 2009 o 2011, que había un proceso de mayor radicalización y la presencia de un movimiento estudiantil supuestamente muy poderoso, pero lo que vemos ahora es que eso no se manifestó mediante una elección de la directiva de la Fech. La participación ha ido bajando y ha estado rondando en cerca del 40%, pero ahora llegó al 25,8% este año, eso es dramático. Además, tengo entendido que esta elección debió haber sucedido el año pasado y fue postergada.

-¿Se refiere a la renuncia del  ex presidente de la Fech, Alfonso Mohor, en medio de una acusación de encubrimiento de abuso laboral?

-Así es, pero uno se pregunta si es que no pudieron tener una elección inmediatamente después se debió también al hecho de que ya anticipaban una abstención tan alta.

Las autoridades de la universidad, ciertamente los decanos, pareciera que todos sufren síndrome de Estocolmo”.

-Usted menciona la radicalización del movimiento estudiantil, un argumento que está presente en su libro “La Escuela tomada”. ¿En qué consiste este fenómeno?

-Es que ha sido un proceso de radicalización al interior de la universidad y, además, una proyección hacia la política nacional y significó que algunos de esos líderes terminaran siendo diputados, y generando una nueva fuerza, supuestamente, alternativa a la Concertación. Ese es el contexto que hace parecer al movimiento estudiantil como muy poderoso, pero sin embargo en su origen, que es la universidad, estaría mostrando una debilidad significativa.

-¿Se podría pensar que al radicalizarse el discurso se genera una mayor convocatoria, pero pasa todo lo contrario?

-El movimiento estudiantil, que estamos viviendo desde el 2009 o 2011, no cree en la representación y nunca ha creído. En ese sentido, les da lo mismo tener 25% de convocatoria. ¿Por qué digo que les da lo mismo? Porque en realidad instrumentalizan las vías políticas institucionales, incluso una elección de directiva de la Fech, porque igual los lleva a apoderarse de la Fech. En este interinato que se va a generar durante los siguientes seis meses terminan presidiéndolo los mismos candidatos. Hay un carácter de farsa en esto y eso tiene que ver con que ellos participan en esto, pero no creen en la representación, más bien se manifiestan por la movilización, por llevar estas reivindicaciones a la calle, a la opinión pública, a grandes manifestaciones.

Hay un carácter de farsa en esto y eso tiene que ver con que ellos participan en esto, pero no creen en la representación, más bien se manifiestan por la movilización, por llevar estas reivindicaciones a la calle, a la opinión pública, a grandes manifestaciones”.

-En una columna que publicó hace dos semanas en La Tercera, usted aborda que la salud mental es una nueva bandera de lucha del movimiento estudiantil. ¿Cómo se relaciona este tema con la participación en la elección de la Fech?

-En una carta al director, un alumno de la Universidad de Chile de la Facultad de Derecho las denominó consignas. Yo le respondí que tenía toda la razón, que no pasan de ser más que consignas, formas de pastoreo y generan la sensación de que en realidad habría un apoyo muy alto en función de estas banderas. Primero fue gratuidad, después fue el feminismo el año pasado y ahora estarían intentando con la salud mental. Dicho sea de paso, quizás tan alta abstención muestra que quizás la salud mental de los alumnos de la Universidad de Chile no es tan mala o que están tan agobiados por la sobrecarga electoral y de politización que ni siquiera llegan a votar (ironiza).

“No entran al Congreso porque sí, sino que para sabotearlo”

-El período 2009-2011, con la toma de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, marca el comienzo de la Izquierda Autónoma y la generación de dirigentes que forman el Frente Amplio. ¿Cree que hay un desgaste de estos liderazgos que se vería reflejado en la baja participación?

-Mi impresión en general es que la izquierda está fuertemente derrotada, que es una historia mucho más compleja y que dice relación con 1989 en el mundo en general, con la caída del imperio soviético y del comunismo internacional. La promoción de líneas neoliberales ha terminado siendo hegemónica en materia económica y la derrota en Chile se remonta a 1973, en la derrota de la Unidad Popular. Y nuevamente los sectores más de izquierda son derrotados en 1989 con la transición. Eso se pretende cambiar cuando llegamos al segundo gobierno de Michelle Bachelet y con cierta movilización que se empieza a prefigurar en 2006 y 2009, y estalla en 2011, cuando tenemos un gobierno de derecha después de cincuenta y tantos años que entra por la puerta ancha. Son derrotas de la izquierda muy fuertes que los llevan a cambiar de estrategia y de táctica, eso lleva a privilegiar ciertos lugares, como la Universidad de Chile, que se la toman. La Universidad de Chile está tomada hace mucho rato, no solo la Facultad de Derecho, eso viene ocurriendo desde la rectoría de Víctor Pérez y con Ennio Vivaldi. La Universidad de Chile es una trinchera muy significativa, con mucha historia pública para atrás y desde ahí se pretende dar la impresión de que la izquierda está en la primera línea de la batalla y que estaría más viva, sana y sólida de lo que uno podría pensar.

Todo esto de la salud mental comenzó con ellos, que no saben si van a seguir siendo diputados o se van a dedicar a hacer poesías. Las actuaciones no han sido muy serias”.

-¿Lo que ha pasado en la Universidad de Chile se relaciona con el grupo de dirigentes del FA que logró entrar al Poder Legislativo?

-No sé si están en el Congreso, esta gente entra para tomarse los espacios, sin creer en la participación ni en la institucionalidad política, porque creen en una línea más bien de democracia directa. Por lo tanto, no entran porque sí, sino que para sabotearlo. Incluso, la intención de sabotear se traduce en la manera en cómo se visten, reaccionan, las acciones que hacen -como juntarse con personas perseguidas por la justicia-, para mostrarse como personas distintas, que padecen problemas mentales. Todo esto de la salud mental comenzó con ellos, que no saben si van a seguir siendo diputados o se van a dedicar a hacer poesías. Las actuaciones no han sido muy serias. Hay un intento de constituirse desde la sociedad civil, la calle y las mismas universidades. El dato fundamental es que esto no estaría siendo recogido al interior de la universidad por parte de ese otro 75% que no acudió a la elección.

-¿Esta situación sirve para comparar al Frente Amplio que está en las universidades con el que está en el Congreso?

-La pregunta es si alguna vez estuvieron en la universidad. Estuvieron en el patio, en la calle, frente al micrófono. Estuvieron en la universidad claramente cuando se tomaban la escuela de Derecho y daban conferencias de prensa. No sé si eso es estar en la universidad.

Las actuaciones no han sido muy serias, entonces hay un intento de constituirse desde la sociedad civil, la calle y las mismas universidades. El dato fundamental es que esto no estaría siendo recogido al interior de la universidad por parte de ese otro 75% que no acudió a la elección”.

-En la comparación que usted hace entre los dirigentes que están en la universidad y quienes llegaron al Congreso. ¿Siguen actuando de la misma manera?

-Lo que ellos siempre logran, incluso no avanzando muchísimo -algo parecido al fútbol americano en que uno mueve la pelota dos centímetros y produce euforia en el público-, es que el efecto que producen es una degeneración de la institución que a largo plazo les conviene. Eso produce efectos muy lentos, casi imperceptibles, de decadencia de la institución. La Universidad de Chile en los últimos 15 años ha ido decayendo, uno que es profesor se da cuenta, pero lo que no queda registrado hacia afuera es cuánto ha decaído la Universidad de Chile. Por ejemplo, ¿qué tan pluralista es en términos de la convivencia interna? ¿Qué tan fácil resulta a un profesor tener una postura que no sea políticamente correcta en la Universidad de Chile, cuando la universidad siempre había sido la institución más pluralista que había en Chile?

-Usted menciona el pluralismo y al interior de la casa de estudios hay alumnos que dicen que la única forma de ser oposición es ser de izquierda o centroizquierda. ¿Es algo que se ha repetido en el Congreso con la bancada del Frente Amplio?

-Hay algo más grave: al interior de la universidad se genera la sensación de que son instituciones más bien de izquierda o que el sesgo es de izquierda, pero eso también pasa por silenciar cualquier diversidad interna de derecha, centroderecha o centro, porque en realidad por mucho que exista no se atreven porque están siendo inhibidos, hay un fenómeno de encierro interno. En las autoridades de la universidad, ciertamente en los decanos, pareciera que todos sufren síndrome de Estocolmo, están siendo rehenes de esta situación. Si miramos estos resultados, este 75% que no acude y que tenemos un 25% que es convocado y el cual se fracciona a su vez, nos está demostrando que la universidad está tomada. La cifra más alta de abstención electoral en la política nacional ha sido del 60%, aquí es del 75%.

-Es una brecha mayor…

-Sí, y la Universidad de Chile sí anticipa fenómenos políticos que vienen después.

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