En su evaluación sobre su primer mes de gobierno, el presidente Gabriel Boric explicó los errores no forzados y las polémicas que han generado algunas de las acciones y declaraciones de los miembros de su gabinete, señalando que “despegamos con turbulencia”. El uso de la metáfora área invita a una reflexión adicional. ¿El problema de este gobierno es que habrá turbulencias en el vuelo o es que el equipo no tiene la experiencia, seriedad y capacidad para pilotear aviones? 

Es un dato de la causa que cada gobierno enfrenta desafíos distintos a los que imagina cuando hace promesas y compromisos de campaña. Los candidatos siempre anticipan escenarios optimistas y viento de cola. Pero la realidad de la política siempre sorprende con turbulencias. Por eso, los pilotos deben estar entrenados para enfrentar circunstancias difíciles. Cuando no hay nadie ahogándose, cualquiera puede sentarse en la silla de salvavidas y observar lo que ocurre alrededor. 

La explicación que dio Boric parece querer culpar a las circunstancias más que a la forma en que su equipo decidió iniciar el vuelo. De hecho, como era evidente que habría turbulencias —y probablemente tormentas en el complejo vuelo de 48 meses que le toca a este gobierno—, la inexperiencia de Boric hizo que se levantara una fuerte presión para que nombrara a un ministro de Hacienda experimentado. Muchos actores políticos y económicos en los días posteriores a la segunda vuelta hicieron gestiones para que Boric armara un equipo compuesto por personas más experimentadas que él.

El entusiasmo de Boric por la experiencia y la trayectoria política no le duró mucho. Aunque tempranamente quedó claro que Marcel —o alguien igualmente experimentado— iría a Hacienda, el resto del gabinete quedó compuesto más por personas sin experiencia que por políticos experimentados. Es verdad que cada gobierno debe tener un balance de experiencias, historias de vida, orígenes y visiones. La diversidad es central para el éxito de cualquier emprendimiento o aventura. Los gabinetes presidenciales no son la excepción. 

Pero Boric optó por armar un gabinete, especialmente en el equipo político, compuesto por personas que se parecían mucho a él mismo en sus visiones, historias, trayectorias de vida, preparación y experiencia política. Los tres ministerios políticos de La Moneda están ocupados por sus pares. Los tres entraron a la política como líderes estudiantiles. Los tres hicieron carrera criticando los errores —muchos de ellos no forzados— cometidos por los gobiernos anteriores. Los tres comparten la misma experiencia generacional. Tal como Sebastián Piñera se rodeó de ministros que compartían su trayectoria tecnocrática y académica, Boric se rodeó de políticos que comparten su edad e inexperiencia política. 

Por eso, ahora que el gobierno de Boric ha tropezado varias veces en su primer mes en el poder, resulta un poco irónico que el presidente justifique esos tropiezos echándole la culpa al empedrado. Culpar a las turbulencias cuando el problema en realidad está en que nunca te preparaste debidamente para poder volar un avión es la más irresponsable de las actitudes. Peor aún, cuando el presidente decide nombrar como ministros políticos a personas que comparten su inexperiencia y su misma corta trayectoria política, el presidente está demostrando la misma altanera irresponsabilidad que tuvo su predecesor al nombrar a un gabinete de personas que compartían sus fortalezas y debilidades. 

La buena noticia para Boric es que su gobierno está recién empezando y todavía puede enmendar rumbo y hacer las cosas bien. Pero para eso, no basta con acostumbrarse a pedir perdón por los errores. Hay que corregir las cosas que se están haciendo mal.  

Es cierto que a estas alturas resulta demasiado costoso para Boric nombrar a una nueva ministra de Interior. Reemplazar a Izkia Siches implica reconocer que su primera y más importante decisión como presidente —el nombramiento del primer gabinete— estuvo lleno de errores. Pero Boric debe entender que su gobierno está al debe. Hasta ahora, hay fundadas dudas sobre la capacidad que tiene Boric para pilotear el complejo avión que es este país. 

Es cierto que ha habido turbulencias. Pero siempre se supo que las habría. Es más, las turbulencias van a dar paso a fuertes tormentas. El desastre de la convención constitucional, la compleja situación económica internacional, la galopante inflación, y la poca disponibilidad de un congreso compuesto por legisladores oportunistas que no trepidan en distanciarse de un presidente impopular son desafíos difíciles de enfrentar para cualquier presidente. Para un político inexperimentado que quiere culpar al empedrado —nada más parecido a las piedras en el camino que decir que hablar de turbulencias—, el principal desafío es que debe reconocer que necesita aprender rápidamente a gobernar. 

*Patricio Navia es sociólogo, cientista político y académico UDP.

Puedes ver/escuchar esta columna, aquí.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta