Durante el último año, los precios de las exportaciones chilenas han sido hasta 10% mayores que los de las importaciones, lo que muestra que no hay factores externos que explican el bajo crecimiento de nuestro país, aseguran economistas. El primer semestre de este año el PIB creció apenas 0,5%, la cifra más baja desde la crisis mundial de 2009.
Publicado el 08.08.2017
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La situación internacional ha sido la explicación recurrente de las autoridades de Gobierno para explicar por qué la economía chilena ha crecido un 1,7%, en promedio anual, desde que asumieron en marzo de 2014, el más bajo crecimiento en más de cuatro décadas.

En Chile estamos capeando muy bien un momento difícil de la economía internacional”, decía en marzo de 2016 el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, para justificar un crecimiento de 0,5% en enero de ese año.

En julio de ese año, ante el alza del desempleo, volvió a culpar a “la desaceleración mundial bastante notoria, que está “absorbiendo un shock externo muy grande”, donde el fin del superciclo de los commodities obliga a la economía chilena a “adaptarse a esta nueva realidad y eso toma tiempo y muchos esfuerzos de muchos sectores”.

El mes pasado, cuando S&P rebajó nuestro rating soberano desde AA- a A+, Valdés volvió a repetir que “el factor cobre ha sido el más importante” en las depauperadas finanzas públicas, que han duplicado la deuda en tres años.

Ayer, el Banco Central entregó el Imacec de junio (1,4%), y con este se calculó el crecimiento del primer semestre de 2017: 0,5%, la cifra más baja en ocho años. Ello ya que no se veía un indicador tan bajo desde el -0,1% del segundo semestre de 2009, cuando el mundo atravesaba la devastadora crisis subprime.

El indicador clave que revela que la causa principal de la desaceleración económica es “Made in Chile”

El Imacec muestra, además, que el crecimiento de este año será el peor de los cuatro de mandato de la Presidenta Michelle Bachelet, ya que rondará alrededor del 1,5%, una cifra que es la mitad del 3,4% que crecerá la economía mundial.

Pero, ¿la desaceleración del país se debe a factores externos como sostiene el ministro de Hacienda?

Para desmenuzar el problema hay que revisar un indicador clave: “Término de Intercambio (TI)”, que es un índice que mide la relación de los precios de las exportaciones versus el precio de las importaciones.

Es decir, los TI son favorables cuando Chile vende más caro los productos que compra, lo que despeja la duda de si el problema está en el mercado externo que compra nuestros productos, o en factores internos. Cuando suben los TI aumentan los ingresos del país, y en Chile está referido principalmente al precio del cobre que exporta, y al del petróleo que importa.

Históricamente, el ciclo económico nacional ha estado muy ligado al comportamiento de los términos de intercambio, y así ocurrió en las crisis económicas de 1999 y 2009, cuando cayeron los términos de intercambio de nuestro país.

Sin embargo, contrario a lo que sucedía en dichas crisis, los términos de intercambio están con cifras azules desde septiembre de 2016, cuando crecieron 5,7%, se dispararon a 10% en diciembre y volvieron a subir a 4,5% en marzo pasado. Las cifras seguirán al alza ya que el cobre ha mostrado su mayor repunte en los últimos meses llegando a US$2,87 la libra.

No existe un período anterior en que con una recuperación de términos de intercambio, el crecimiento en vez de aumentar tiende a caer, por lo que parece evidente que las condiciones internas son claves para explicar el pobre desempeño de nuestra economía”, dice la investigadora de ESE Business School, Cecilia Cifuentes.

La economista sostiene que este año los términos de intercambio están subiendo 5% en el primer trimestre, “lo que significa que el escenario externo está mejorando. Se puede decir con certeza entonces que el mal resultado es 100% ‘made in Chile’. Si mejoran las proyecciones externas y empeoran las internas, es evidente que el daño es autoinfligido”.

Felipe Larraín: “Nuestro problema económico es fundamentalmente ‘made in Chile'”

Su mirada está en línea con lo que viene señalando hace más de dos años el ex ministro de Hacienda, Felipe Larraín: “Nuestro problema económico es fundamentalmente ‘made in Chile’”, ya que las reformas tributaria y laboral le han costo en torno a dos puntos de crecimiento económico al país.

Este domingo, en una columna en El Mercurio, Larraín enfatizó que “el propio Fondo Monetario Internacional reconoce que para una economía como la chilena la desaceleración por efecto del ciclo externo debería haber sido del orden de un punto anual, el resto de la caída, entonces, es made in Chile. Y dos puntos de menor crecimiento anual autoinducidos por las reformas, la incertidumbre y el clima de desconfianza nos han costado del orden de US$12 mil millones”.

El académico de la Universidad Mayor, Tomás Flores, explica que el contexto internacional ha mejorado ostensiblemente, lo que se observa en las regiones del sur del país que exportan alimentos.

“Pero la inversión, que lleva cuatro años seguidos cayendo, junto con el mercado del trabajo más débil y el consumo de las familias, eso es ‘made in Chile’. De no haber ocurrido la mejoría en el contexto externo, la situación económica de Chile estaría peor”, afirma  Flores.

Joseph Ramos sobre la desaceleración: “Cargaría más a lo internacional”

Una mirada diferente sobre la responsabilidad de los factores internos en la desaceleración tiene, sin embargo, Joseph Ramos, académico de la Universidad de Chile y presidente de la comisión asesora presidencial de productividad.

Ramos explica que los términos de intercambio todavía no se advierten, porque las empresas mineras aún no reactivan las inversiones. “Los términos de intercambio toman tiempo para impactar y actúan con rezago en el precio del cobre. Si el petróleo cae ayuda a la economía porque va al bolsillo de los consumidores, pero el alza del cobre reduce el déficit efectivo pero no aumenta el gasto público”.

A su juicio, la desaceleración es responsabilidad compartida entre factores externos e internos.

“Eso generará un largo debate por mucho tiempo. Sin ser salomónico, si crecemos al 3% podríamos atribuir a la baja del cobre los primeros años, pero crecer por debajo de 3% todo este tiempo se le atribuye a problemas internos, y al pesimismo reinante”, sostiene el economista.

Ramos agrega que si se toma como punto de partida el crecimiento de 4,3% que tuvo el último año de gobierno de Sebastian Piñera en 2013, la caída de 1,5% se explica por efecto doméstico y entre 1-1,5% internacional. “Cargaría más a lo internacional. Si fuera solo internacional a esta altura habría esperado cierto repunte no solo en la minería sino en la economía en su conjunto”, concluye.