¿Y si el problema no es cuánto tenemos, sino cómo vivimos? En un país donde se gasta cada vez más, se estudia cada vez menos y se vive con más ansiedad, tal vez la solución no esté en avanzar más rápido, sino en volver a lo esencial.
Inspirarse en la sabiduría de Epicuro puede parecer anacrónico, pero es más actual que nunca. Aquí algunas claves para repensar la vida en Chile con una mirada epicúrea.
Cinco cambios urgentes que Chile necesita, según Epicuro:
1.- Educar para la serenidad, no para la competencia. Cambiar el foco de una educación basada en rendimiento y estandarización hacia una que forme para la vida, la reflexión ética y el bienestar emocional.
2.- Reeducar el deseo. Distinguir entre lo necesario y lo superfluo. Enseñar desde temprano que desear menos -y mejor- es una fuente real de libertad.
3.- Promover la comunidad, no la comparación. Valorar los vínculos sinceros, la amistad, la conversación. Combatir la soledad creciente con espacios de sentido compartido.
4.- Incluir a los excluidos del sistema. Tal como Epicuro acogía a mujeres, esclavos y extranjeros, hoy debemos integrar a quienes el sistema deja atrás: niños con rezago, estudiantes migrantes, jóvenes vulnerables.
5.- Vivir con lo justo, no con lo excesivo. Desarmar la ecuación “más consumo = más felicidad”. Fomentar una vida sencilla, sostenible y autónoma.
Chile: un país que gasta, pero no vive mejor
El consumo de los hogares en Chile superó los $34 billones de pesos en 2024. La deuda familiar llegó al 46% del PIB. Sin embargo, esta hiperactividad económica no se traduce en bienestar profundo. La ansiedad, la frustración social y la desconexión emocional están en aumento.
En el plano educativo, la crisis es aún más alarmante. En 2023, más de 50.000 estudiantes desertaron del sistema escolar. En comprensión lectora -base para cualquier desarrollo humano- Chile obtuvo solo 218 puntos en la prueba internacional Pirls, muy por debajo del promedio OCDE. En la PAES 2024, el puntaje promedio fue de apenas 596 puntos. Además, en 2024 se registraron casi 14.000 denuncias por violencia escolar. La mitad de la ciudadanía califica la calidad de la educación como “mala”.
¿Estamos formando personas que sepan vivir? ¿O solo trabajadores para sostener una economía basada en el deseo constante e insatisfecho? Hace más de 2.300 años Epicuro fundó “El Jardín” en las afueras de Atenas. No era una escuela para formar políticos ni sabios para la élite, sino un lugar donde cultivar la serenidad, el pensamiento crítico, la amistad y la libertad interior.
Epicuro creía que la educación debía adaptarse a cada persona. Distinguía tres tipos de estudiantes: los autodidactas, los que necesitan guía y los renuentes. No todos aprenden igual, por eso no se puede enseñar igual. En su escuela, había naturaleza, comida sencilla, reflexión compartida y ausencia total de jerarquías. No se aprendía para competir, sino para desear con sabiduría y vivir sin miedo.
Chile no necesita más velocidad, necesita dirección. Y quizá la dirección correcta no sea hacia adelante a toda costa, sino hacia adentro: hacia una vida más reflexiva, más sencilla, más conectada con lo que verdaderamente importa.
Epicuro nos recuerda que el bienestar no se compra, se cultiva. Que no se trata de tener más, sino de necesitar menos. Que no hay progreso sin paz interior. Volver al Jardín no es nostalgia. Es una alternativa real frente al vacío de una modernidad que muchas veces nos prometió felicidad… y nos entregó agotamiento.

Desde que empezaron sus ideas, Chile va en pendiente al precipicio…….
100% de acuerdo con el comentario de Carlos Souper.
Creo que la propuesta de Gabriela es correcta pero no aplica al Chile actual …. Debemos llegar a una condición de mejoras por crecimiento, en educación, salud, empleo, delincuencia y lo que hoy nos preocupan para siquiera pensar en las válidas propuestas …