crecer

A fines de julio el ministro de economía, Nicolás Grau, publicó en redes sociales que Chile fue líder en la región en atraer inversión extranjera durante 2024. Para llegar a esa conclusión, el ministro tomó datos de la Cepal y calculó la inversión per cápita de cada país.

Tiene sentido ver la inversión extranjera en términos per cápita -como lo presenta Grau- para ver la importancia relativa que tiene en el tamaño de la economía. Aunque no es ni de cerca el país que más inversión atrae (muy lejos de México y Brasil), haciendo este cálculo es efectivo que Chile se destaca entre los países latinoamericanos.

Sin embargo, se trata sólo de la mitad de la historia. Si nos comparamos con años anteriores -según los mismos datos de la Cepal-, vemos que las cuentas no son tan alegres. En 2024, Chile tuvo aproximadamente 12.500 millones de dólares de inversión extranjera. Eso es 32% menos que en 2023. También es bastante menor que la de los años anteriores. Es más, el valor del año pasado es 28,6% menor al promedio entre 2010 y 2019. Sólo es comparable con la inversión extranjera recibida en 2020, en el que la economía estaba golpeada gravemente a nivel mundial por la pandemia. Por lo menos yo no veo razones para celebrar.

El ministro dice que la nueva ley de permisos sectoriales va a reducir fuertemente los tiempos de tramitación de inversiones. Aunque fuese efectivo, no hay que olvidar que hay otros temas complementarios que hay que resolver si queremos volver a crecer.

En mi opinión, el primero de los temas es la reforma electoral. El actual sistema tiende a la fragmentación, a la frivolidad y, por qué no decirlo, a la demagogia. Basta ver ejemplos como el debate por la eliminación de la UF, la extensión del posnatal femenino o eliminar el tope a la indemnización por años de servicio. No podemos crecer como crecimos en el pasado si no arreglamos nuestro sistema electoral y lo cambiamos por uno de incentive los acuerdos y la seriedad. Acá no hay atajos posibles.

Adicionalmente, si queremos tener cifras económicas más felices en los próximos años, deberíamos impulsar políticas -de relativo consenso entre especialistas- que promuevan el crecimiento. Algunas de estas medidas son reformar los subsidios al empleo formal para corregirlos y aumentarlos (muy distinto al proyecto de ley que envió el Gobierno al Congreso en esta materia), generar un mecanismo de incentivo al ahorro como los APV para otros tipos de ahorro, por ejemplo, para inversión inmobiliaria (ver propuesta en Puente), entre varias otras.

Todo lo anterior requiere que alguien se ponga “la 10” y quiera dar vuelta en serio el partido. Liderazgos potentes, capaces de sacrificar puntos de popularidad con tal de generar cambios adecuados. Por eso, ojalá votemos por quienes tengan buenas recetas para retornar al crecimiento de largo plazo y no por quienes sólo nos generen más simpatía.

Ya nos acercamos al cierre de inscripciones y veo con preocupación que aparecen candidatos que realmente no cumplen estándares mínimos de razonabilidad. En particular hay un par que me parece que están preocupados de armar un show más que de proponer con seriedad, y los mueve más su ego que el bienestar de los chilenos. En fin, malos candidatos.  

Dejemos las verdades a medias y reconozcamos que no estamos en una buena situación económica. Deberíamos y podemos estar mejor. Eso nos debería dar luces de a quién delegar nuestra confianza para que nos lleve por esa senda.

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