Las elecciones en Venezuela constituyen la crónica de un fraude anunciado y planificado con mucha antelación desde el diálogo de Barbados, con una hipocresía y cinismo sin límites que cruza todas las líneas rojas. El fraude interpela la conciencia democrática de América Latina y de la Comunidad Internacional. Aparece un nuevo Nicolás Maduro a favor de elecciones libres con supervisión internacional electoral independiente.
Todo fue, al final, una parodia y se muestra como el dictador de siempre, carente de pudor y de todo escrúpulo moral. La consumación de su trampa electoral pasará a la historia de la infamia y la ignominia.
Quizás fuimos algo ingenuos, al pensar que había recapacitado. Craso error. Los dictadores no cambian ni se desprenden voluntariamente del poder que los ha enriquecido en medio de la corrupción y la represión del pueblo venezolano.
Su decisión de expulsar de inmediato al personal de la embajada de Chile junto a seis países latinoamericanos por no reconocer su triunfo fraudulento resulta inédita en la historia diplomática de la región y el mundo. Además, agrava su conducta al proceder a retirar al personal de su embajada en Santiago en perjuicio de los 600.000 connacionales radicados en Chile y que requieren los servicios consulares para regularizar su residencia en el país. Ello constituye un acto cruel propio de las dictaduras.
Valoro la coherencia en las decisiones del Presidente Boric y el canciller Alberto van Klaveren en su rechazo al fraude y su exigencia de la transparencia y el respeto a la mayoría del pueblo venezolano expresada en las urnas. Resulta indispensable la condena internacional para sancionar tan grave atentado al sistema democrático y establecer en la OEA y Naciones Unidas una comisión de observación electoral independiente que revise el proceso de votación en su integridad, actas de escrutinio, votos emitidos, transmisión y tabulación de los votos emitidos en las 30.000 mesas dispuestas en el territorio venezolano.
Debe considerarse que el régimen revocó los visados de ingreso al país de numerosos veedores internacionales de México, España, Chile, ex Presidentes latinoamericanos, etc. El Centro Carter en lapidaria declaración pública denuncia la falta de transparencia y el carácter antidemocrático del proceso electoral.
La Misión de la OEA y Naciones Unidas no lograron cumplir su tarea de supervisar las elecciones. La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, caracterizada por su competencia profesional y reconocida experiencia internacional, sufrió la revocación de su visado dos meses antes. Fue una señal de alerta. La maquinación electoral ya se había puesto en marcha.
El fraude denunciado es una mancha para toda la región y afecta la imagen internacional de América Latina y podría provocar una segunda y masiva oleada migratoria venezolana hacia los países al sur de la región, incluyendo a Chile.
*Nelson Hadad Heresy. Embajador de Chile (r). Profesor de Relaciones Internacionales. Universidad Central de Chile
