Estamos atravesando una semana de grandes tragedias para Chile que se inicia con voraces incendios que acaban con la vidas humanas, con parques, viviendas y lugares de trabajo, y que continúa con la muerte del ex Presidente Sebastián Piñera en un lamentable accidente.
Son días de mucho dolor. Según el balance oficial de las autoridades, en menos de una semana los fallecidos a causa de los incendios ya superaban ampliamente el centenar de personas, así como las 3.000 viviendas destruidas, y la pérdida de miles de hectáreas. Por otra parte, imposible no empatizar con el dolor por la muerte de un ex Presidente lleno de vida, un líder que se destacó por su entrega y servicio a la patria.
Las grandes catástrofes nos invitan a conectar con lo más propio del ser humano. Los incendios abren espacios para vivir la solidaridad y reencontrarnos con el sentido de la vida, ese que nos hace sentirnos tan plenos cuando empatizamos con el dolor del otro y tratamos de dar algo de lo que somos y de lo que tenemos. Por su parte, el reciente fallecimiento del ex Presidente empieza a mostrar un Chile más unido, apareciendo partidarios y detractores destacando las virtudes de un gran servidor de Chile y, al menos por un rato, desaparece esa polarización que veníamos viendo en los últimos años y nos llenamos de un sentido republicano que nos enorgullece.
Desde el primer momento se empezaron a organizar personas e instituciones para ayudar a los miles de damnificados por los incendios: Gobierno, Bomberos, Fuerzas Armadas, brigadistas, municipios, empresas y organizaciones sin fines de lucro, es decir, la sociedad civil en su conjunto, han puesto manos a la obra -cada uno en su rol- para intentar paliar los efectos de esta catástrofe. Ésa es la mejor cara de nuestra sociedad: la solidaridad.
Hechos como los que estamos viviendo nos muestran de forma evidente que la solidaridad no es sólo la acción del Estado para redistribuir recursos. También, es la organización de la sociedad civil en pos de un fin común, para que todos sus integrantes puedan salir adelante, especialmente quienes más lo necesitan.
En la empresa y en el mundo del trabajo tenemos un gran desafío. Hacernos parte implica abrir espacios de transformación y crecimiento humano de los equipos de trabajo. Vivir la solidaridad permite que nuestro corazón crezca, que tomemos conciencia de las cosas importantes de la vida, que rescatemos el sentido y que seamos más agradecidos y menos quejumbrosos respecto de nuestra propia vida. Salir al encuentro del otro es crecer humanamente en esta comunidad de personas que es la empresa.
Una empresa solidaria es aquella que abre espacios para recaudar fondos, se hace parte de campañas de fundaciones como Desafío Levantemos Chile, el Hogar de Cristo y otras que tan activamente y eficientemente se han desplegado en esta catástrofe. Por otra parte, y con un impacto mayor en los equipos, la solidaridad es promover voluntariados donde la empresa y sus colaboradores puedan ayudar en las zonas afectadas, entregando parte de lo que son sin esperar nada a cambio.
El llamado es a convocar, haciendo los esfuerzos para que todos los colaboradores participen de las campañas, sin importar si su aporte es grande o pequeño. Más allá del monto, lo importante es adherir de corazón a la causa y sentirse parte de la solución. Ambos caminos están abiertos y son el regalo que nos dejan las catástrofes. De cada empresa dependerá si logran desafiar a sus equipos. Sin duda que Chile será distinto y tendremos mejores empresas si logramos involucrarnos en el servicio al bien común de Chile.
