Credit: Agencia Uno

Todos los meses cuando el INE da a conocer el informe sobre la desocupación las cifras se toman los titulares. Crisis, emergencias, malas políticas, falta de crecimiento, a veces hasta aparece una comisión investigadora. Eso dura un par de días, y se vuelve al ensimismamiento de nuestros actores políticos y tomadores de decisiones.  

La tasa de desempleo llegó a 9,1%, la mayor desde el junio de 2021 —durante el peor momento de la pandemia de covid-19—, por el desempleo femenino. La tasa de desocupación de las mujeres alcanzó 10,5%. 

Desde el gobierno insistieron que esta cifra es “inaceptable”, lo que genera un signo de interrogación sobre el significado de ese concepto. Se enfatiza, correctamente, que para los jóvenes el panorama es aún peor. El desempleo juvenil anotó una tasa del 22,8% en el trimestre, llegando a un 28% en las mujeres y un 18,7% en los hombres. 

El economista David Bravo, ha recordado que, a fines de 2021 definió la situación como una “emergencia laboral”, escenario que no ha cambiado. “Los indicadores siguen siento alarmantes”; considerando los últimos datos del INE, Chile todavía requiere crear 245 mil plazas laborales para recuperar la tasa de ocupación que existía antes de la irrupción del covid-19, a comienzos de 2020.

Otros analistas han advertido la mayor cantidad de cesantes y buscan trabajo por primera vez, inactivos que podrían trabajar, subempleo en segmentos con mayor nivel educacional, etc. Esto tiene altos costos económicos, sociales y, sobre todo, humanos. 

Es de esperar que, en la Mesa de Reactivación Laboral, se planteen políticas con eficacia demostrada, a partir de las experiencias positivas y negativas post crisis asiáticas, gran crisis financiera del 2008-2009, durante la epidemia, entre otras.

Antecedentes y diagnósticos existen, tanto los incrementos de costos (que algunos se resisten a considerar), como la falta de actividad en sectores que contratan y generan efectos indirectos en proveedores y servicios. La construcción es el más importante. Por eso, en principio es necesario hacer reasignaciones de recursos a obras públicas, construcción y reparaciones en educación y salud, y programas habitacionales con inicio pronto. Si existen errores o fraudes, deben sancionarse rápidamente, sin vacilaciones ni cavilaciones políticas. 

En el Ejecutivo indicaron que “estas malas cifras exigen actuar con urgencia… impulsando el plan de Reconstrucción Nacional que tiene medidas pro inversión, pro crecimiento y pro generación de empleo».

Frente a la emergencia, para que ese plan tenga más medidas pro empleo, lo que va a llevar a mayor crecimiento, parece razonable pensar “fuera de la caja”. Crecer es virtuoso, pero tener empleo es requisito para la virtud.

Ex Ministro de Economía. Profesor del Centro de Políticas Públicas Facultad de Economía, Negocios y Gobierno Universidad San Sebastián

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.