Estamos a pocos días de la elección en que muy probablemente definiremos nuestros dos candidatos definitivos a la presidencia, y junto con ello, tendremos nuevos integrantes para la legislatura 2026-2030, pues elegiremos a la totalidad de los diputados, 155, y a 23 de los 50 senadores.
A partir de marzo de 2026, el nuevo Presidente o Presidenta, así como la nueva composición de la Cámara de Diputados y del Senado, enfrentarán un contexto muy distinto al que se vivía hace cuatro años, incluidos los temas hídricos. En 2022 estábamos en medio de la sequía que afectó a la zona central de Chile por casi 15 años, alcanzando su peak el año 2019, año más seco en la Región Metropolitana desde que se tiene registro. También, y relacionado a lo anterior, estábamos expectantes de la discusión de la Convención Constitucional, que fue prolífera en propuestas en materia de aguas. En definitiva, el agua se volvió un tema de ideología política e incluso de campaña para algunas autoridades regionales.
Sin embargo, hoy el escenario es distinto. Las lluvias de 2023 y 2024 fueron intensas y generaron más de un inconveniente en infraestructura, pero volvieron a poner en valor la necesidad de contar con embalses. También ocurrió lo que sucede siempre: la lluvia abundante diluyó la preocupación por la sequía, dejando lugar a otros temas de interés ciudadano.
A pesar de no ser ya un tema de alta connotación pública, las nuevas autoridades deberán tomar importantes decisiones en diversas materias que atañen al tema hídrico. Algunas de las cuales llevan un largo tiempo en discusión.
Así, en materia legislativa, están los proyectos de creación de la Subsecretaría de Recursos Hídricos en el MOP, de protección de glaciares, sobre uso de aguas desaladas y el proyecto de ley que modifica los sistemas sanitarios rurales. También hay algunas mociones para facilitar la construcción de obras hidráulicas, para alterar los sistemas de votación de las organizaciones de usuarios, y para crear nuevas figuras de protección ambiental. En resumen, según el Observatorio Normativo del Centro de Derecho y Gestión de Aguas UC, hay más de 70 proyectos de ley en materia de aguas.
Desde otro rol, el Ejecutivo deberá enfrentar la urgente necesidad de agilizar las respuestas de la Dirección General de Aguas a diversos trámites fundamentales para el aprovechamiento del agua, así como avanzar en la construcción y mejora de los sistemas de abastecimiento de agua potable en el sector rural, dar continuidad a los proyectos de embalses más avanzados y procurar que los demás sigan avanzando.
Por mi parte, veo cinco grandes temas que, al margen de los desafíos más evidentes, deberán abordar los poderes Ejecutivo y Legislativo:
- Es crucial avanzar en la revalorización y potenciamiento de las Organizaciones de Usuarios de Agua como los auténticos gestores hídricos locales. Esta figura está inserta en el ADN de nuestro país, y tienen mucho que aportar si las autoridades así lo comprenden y lo permiten.
- Los proyectos de infraestructura para enfrentar los desafíos hídricos deben abordarse y priorizarse según la capacidad real de entregar respuestas medibles y confiables. Las soluciones basadas en la naturaleza deben tener su espacio, pero coexistiendo con las soluciones tradicionales, probadas y conocidas.
- La planificación, la toma de decisiones, y la participación que debe darse en cada cuenca, deben transformarse en una actividad permanente, con una mirada de largo plazo, basado en datos actualizados y confiables, y donde los distintos actores tengan el rol que les corresponde y que trascienda de los ciclos políticos.
- En materia ambiental, debemos tener un sistema más coordinado. Las figuras de protección a cuerpos de agua como humedales urbanos, ríos protegidos, sitios Ramsar, sitios prioritarios, parques y reservas nacionales deben formar un conjunto armónico, coherente y que no excluya la mirada productiva. Actualmente estamos lejos de eso, y la implementación de la ley que creó el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas aumenta las tensiones.
- En materia agrícola, se debe seguir con el impulso a la tecnificación del riego y la infraestructura comunitaria como canales y bocatomas, y se debe avanzar en el desarrollo tecnológico e incorporación de biotecnología para tener cultivos más tolerantes al estrés hídrico.
Esperemos que los desafíos urgentes que tendrán que enfrentar las nuevas autoridades en diversas materias no le resten atención a un tema tan relevante como es el agua. No podemos esperar otra sequía para decidirnos a avanzar.
