El desempeño del mercado laboral es preocupante: no está funcionando bien. Es el resultado de una baja tasa de crecimiento económico y una inadecuada regulación. Por muchos años la inadecuada regulación del mercado de trabajo (la alta indemnización por años de servicio, por ejemplo) no fueron de gran importancia porque la economía crecía fuertemente. Pero al dejar de hacerlo, sumado a inadecuadas presiones que se generaron en el gobierno de Gabriel Boric, han resultado en los números preocupantes que vemos hoy.

El punto de inflexión ocurre claramente hace unos diez años. En esta última década la tasa de empleo (que resulta de dividir la población ocupada por la población en edad de trabajar) ha divergido marcadamente de la evolución para el promedio de la OECD.

Veamos. En la década entre 2005 y 2015 la tasa de empleo convergió con la de la OECD. En 2005 la tasa de empleo era 54% en Chile y 65% en la OECD (una diferencia de 11 puntos), y se pasó en 2015 a tasas de 64% y 66% (acortando la diferencia de 11 a 2 puntos). Pero desde entonces la tasa de empleo en Chile sigue en 64%, en tanto que la de la OECD ha subido a 70%: la última década ha sido de divergencia respecto de la OECD.

La tasa de desempleo nos cuenta una historia similar. De tener tasas anuales similares en 2015 (Chile 6,3%, promedio de la OECD 6,9%) las tasas han divergido al punto que ahora el desempleo en Chile es casi 4 puntos más alto que en la OECD. Para el último mes disponible (junio 2026) las tasas difieren en más de 4 puntos (9,4% Chile, 4,9% la OECD).

Como decíamos, en el tema regulatorio pesan problemas históricos de Chile, como lo cara que es la indemnización por años de servicio y temas más recientes, como el fuerte aumento en los costos laborales durante la administración Boric (suba del salario mínimo, 40 horas, aumento de las contribuciones previsionales). Esto ha generado una situación con un marcado desajuste entre las habilidades de la población (que son menores al promedio de la OECD) y las regulaciones del mercado laboral (que son más exigentes que el promedio de la OECD).

A su vez, si miramos qué ha pasado con los datos de empleo por nivel de ingreso observamos que en los últimos 10 años ha caído el empleo para los deciles de bajos ingresos (1 a 4), pero ha crecido para aquellos de altos ingresos. O sea que, si el objetivo era proteger a los más débiles, se ha obtenido exactamente lo contrario.

Al respecto parece clave lo alto del salario mínimo en Chile. El nivel del salario mínimo se suele medir por su relación con la mediana de ingresos. Dicha razón en Chile era de 75 en el 2024, en tanto que la media de la OECD era de 55. O sea, Chile está 36% por arriba de la media de la OECD, con habilidades que están por debajo del nivel de la OECD. El descalce es evidente.

¿Qué hacer? Hay que crecer más, sin dudas, pero también hay que hacer a la regulación más amable con el empleo. Es necesario que el salario mínimo empiece a bajar respecto de la mediana, y abaratar en lo posible los costos que significan otras regulaciones. Finalmente, el objetivo de ir en ayuda de los más necesitados se debe hacer a través de la política social y no de la política laboral. De esa manera se protege a los más necesitados sin interferir en sus posibilidades de empleo. O sea, sin conseguir exactamente lo contrario a lo que se buscó.

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