Ni lo inducido por la aciaga pandemia ni por la dislocada crisis subprime generó que se perdiera en valorización financiera el equivalente a la mitad de la dimensión del PIB de la Unión Europea: 9,2 millones de euros. Esto tiene un culpable nominativo, que sólo por la artificialidad y egocentrismo de un hombre, en forma anunciada como premeditada y acérrima, ha desatado lo que internacionalmente han denominada lastimosamente una “guerra económica”. Sí, provocada unilateralmente y por los designios de un gobernante, Trump, que no sólo desoye, sino que descalifica a la mayoría de los gobernantes aliados, banqueros, premios nobeles de economía, prestigiosas instituciones y fieles senadores. Hasta el afín Elon Musk se ha desahogado vía X de la futilidad de esta desacertada barrera arancelaria.
La decisión de Estados Unidos de elevar los aranceles a más de 150 países simultáneamente es el mayor golpe al comercio mundial en casi 100 años y generará no sólo un escenario global más impredecible, sino irremediablemente menor crecimiento y mayor inflación e inestabilidades financieras y políticas… ¡sin duda!
Nada de lo que ha dicho Trump para justificar sus aranceles tiene asidero en la ciencia económica. Un conjunto de incoherencias, medias verdades y derechamente falsedades hipócritas, ha sido el dispar anuncio que recibió perplejo el mundo.
Con el abuso indiscriminado e irresponsable de una aislada orden ejecutiva, que empodera a la presidencia de promulgar aranceles a diestra y siniestra, que, en las últimas décadas, se venían utilizando esencialmente para bajar aranceles para economizar los bolsillos del universo de los 300 millones de consumidores norteamericanos, más que proteger empresas aisladas deficientes u obsoletos. Todo ello, anteriormente negociado en armonía por los parlamentos de los respectivos países, arbitrados y velados tecnocráticamente por el GATT y la OMC que garantizaban el interés común. Que permitió desde los años 80 (Chile desde los 70) introducir una virtuosa competencia entre los países, optimizando sus ventajas comparativas, siendo especialmente favorecidos los países emergentes, como Chile. Al menos 1.200 millones de personas se favorecieron de la globalización amparados en las nuevas tecnologías del encadenamiento productivo.
Ciertamente existen regiones más que estados en Estados Unidos, donde sus industrias manufactureras han perdido competitividad, y eso es la mutación propia de los ciclos económicos per se. Trump asociándolo con un desorientador como provocador nacionalismo, despertó sensibilidades a su favor, y cree equivocadamente, bajo cualquier matriz o tamiz, descansando sólo en la protección arancelaria, que les daría vida a ciertas empresas, olvidando o desconociendo que la “función producción” está compuesta por innumerables procesos y variables económicas.
La economía mundial se está hundiendo por culpa de unas matemáticas equivocadas, sostiene un premio Nobel. Por ello, premios nobeles han sostenido literalmente que “nunca, una hora y ola de retórica presidencial había costado tanto a tanta gente”, dichos de Larry Summers ex ministro del Tesoro. El premio Nobel Daron Acemoglu sostiene que “las implicancias de estas tarifas serán de largo alcance (…) la evidencia que traigan de vuelta trabajos en la industria norteamericana es bastante débil”. Si hasta cuando no se afinen a la baja lo que está anunciando y agudizando Trump, refleja que “se ha vuelto completamente loco. Si se alejara de este abismo, entre los altísimos aranceles y la suma de falsedades debería acabar con todo ello”, dichos del prestigioso Paul Krugman Nobel de Economía el 2008.
El máximo ejecutivo de JPMorgan Chase, el mayor banco de Estados Unidos, Jamie Dimon, advirtió que la política arancelaria de Trump está abocando a los mercados y la sociedad deslizándola al «entorno geopolítico y económico más peligroso y complicado desde la Segunda Guerra Mundial».
¡Qué expresiones más elocuentes y lapidarias! Como reina la volatilidad, las acciones y el trascendental bono del Tesoro de Estados Unidos se han perforado, el último refugio, ante vicisitudes que se están experimentando, y siendo que el único factor que está influyendo determinantemente es el instrumento arancelario con distintas y confusas finalidades. Ante cualquier anuncio de retroceso del shock arancelario, los indicadores financieros pueden recuperar parte significativa de su valorización original, como sucedió recientemente. Pero ciertamente ya se produjo un daño en las confianzas con la presidencia de Estados Unidos, ya cuestionada ante la errática conducta con Ucrania, al estilo Trump, todo es transaccional y ambivalente.
Habrá que considerarse que los aranceles no deberían cambiar los fundamentos del mercado, reiteramos, por ser una sola variable económica para considerar. Ciertamente al haberla aplicada a toda presión y desborde, sin un trasfondo nítido y sin negociaciones de por medio y con un lenguaje insultante y despreciativo e incoherente, avivó la incertidumbre, el peor enemigo de todo escenario económico.
Trump piensa que los déficits comerciales son un reflejo que otros países se aprovechan de las bajas barreras de su país. Un curso elemental de macroeconomía sabe que el déficit comercial multilateral está relacionado con la disparidad entre el ahorro interno agregado y la inversión agregada. Sucede con su vínculo con China, esta ahorra y EE.UU. se endeuda, llegando al extremo real que China exporta más de 2,5 veces a EE.UU. lo inverso, estamos hablando de un comercio bilateral tan gigantesco de US$585.000 millones, que se presta a fricciones, sin perder de vista que el gran favorecido a sido el consumidor norteamericano. Esta escalada progresiva de aranceles es devastadora para ambos, sin inmunidad para Chile. La experiencia histórica de coartar el libre comercio vía un proteccionismo arancelario, sólo existen nefastas evidencias…
América Latina y Chile muy en particular lo sufrió en las décadas del 50 al 70, qué realidad más nítida que haber protegido la industria automotriz, con vehículos deficientes y a precios prohibitivos y escaso valor agregado.
Ciertamente el modelo económico chileno descansa en optimizar las ventajas competitivas con cada país. Con nuestra variedad de exportaciones que el mundo nos reconoce; con esas divisas seleccionamos, de la oferta orbital lo que más necesitamos. Particularmente del cobre que entre ambos, China – EE.UU., nos compran más del 66 % de nuestra producción. El cobre no tiene en la práctica nacionalidad, es un commodity, sus atributos intrínsecos y crecientes por la necesidad de las nuevas energías es nuestra principal salvaguardia.
Nuestra pequeñez de país, que no la sabemos aquilatar, nos instruye a no tomar un rol protagónico, esencialmente por el temperamento del Presidente de la Oficina Oval… y sólo tenemos que reforzar nuestra solidez financiera, como recuperar los “fondos soberanos”, que han disminuido a un tercio de sus niveles históricos… y que un dólar robusto nos permita explorar nuevas exportaciones no tradicionales.

Quizás abrir un poco más la mirada de análisis, esto no tiene que ver mucho con economía, es PODER, los aranceles son un instrumento de presión para obligar a negociar, para emparejar canchas, es una dialéctica de voluntades, no es economía…….