Nuestro país está envejeciendo, eso es un hecho. Los resultados del último Censo, nos muestran que el envejecimiento de nuestra población mantiene su tendencia al alza. Entre 1992 y 2024, las personas con más de 65 años aumentaron de un 6,6% a un 14% y, por el contrario, las personas de 14 años o menos, disminuyeron en porcentaje de 29,4% a 17,7% en el mismo período.
Respecto a América Latina, tenemos la tasa de envejecimiento más alta de la región y la tasa de fecundidad más baja de un 1,16%, la que además es una de las más bajas del planeta.
Esto tiene un impacto directo en nuestra forma de habitar las ciudades: donde los números de hogares se han duplicado en 30 años, sin embargo, en estos cada vez viven menos personas. En los años noventa, el promedio era cerca de cuatro personas por hogar, en los años 2000, bajó a aproximadamente 3,5 personas, para que en 2017 llegáramos a 3,1 personas por hogar, todo esto según el CENSO de dicho año.
Estos datos se enmarcan hoy 2025, en un momento muy complejo para el desarrollo inmobiliario: Por una parte, tenemos una importante crisis de déficit de vivienda. De acuerdo con las estimaciones del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) y estudios de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), el déficit habitacional de Chile, se encuentra cerca de las 600.000 viviendas, y, por otra parte, el desarrollo de la construcción y la venta de viviendas, presenta también importantes dificultades: aumento de los costos de construcción, dificultades de acceso a créditos hipotecarios para sectores de ingresos medios y bajos, retrasos de proyectos por la pandemia de COVID-19, crisis en aprobación de proyectos y poca certeza jurídica una vez que los proyectos se inician. En fin, un escenario sumamente complejo.
En este contexto, el proceso de actualización del Plan Regulador Metropolitano de Santiago, que busca proyectar la ciudad para los próximos 30 años, es de suma relevancia. Este es uno de los instrumentos de planificación más importantes, ya que trabaja con todo el territorio regional de la ciudad y establece los lineamientos de crecimiento y desarrollo de la misma, en este caso, con miras al año 2050.
La actualización del Plan Regulador Metropolitano de Santiago trae consigo muchas preguntas, y, entre estas, el factor demográfico es sin duda una de los primordiales.
Pareciera ser que el diseño de accesibilidad universal dejó de ser hace tiempo un “plus”, para transformarse en un “desde”. Las definiciones de “ciudades inclusivas y seguras”, deberán, necesariamente, dejar de ser un slogan para transformarse en normativa y exigencias. A esto, debe sumarse la realidad del acceso a la vivienda. ¿Será que ante la nueva realidad demográfica debemos comenzar a pensar en serio en modelos distintos de habitar, tales como co-housing o arriendo colectivo, pensando en el largo plazo?
Como ciudadanos, es primordial estar atentos a los espacios de participación una vez que las propuestas de este nuevo plan sean publicadas, considerando también que somos un país que año a año, envejece más y más.
