Tras años de encuentros empresariales y académicos entre chilenos y bolivianos, la próxima visita presidencial y la llegada de Flavio Escobar Llanos como nuevo cónsul general de Bolivia en Chile abren una oportunidad concreta: convertir el diálogo en cooperación, con Santa Cruz como plataforma estratégica.
La visita del Presidente José Antonio Kast a Bolivia, prevista para el próximo 15 de octubre, puede marcar un nuevo momento bilateral. Sería la primera visita oficial de un mandatario chileno a Santa Cruz, después de años de esfuerzos por reconstruir el diálogo. La Paz seguirá siendo el centro político y diplomático; Santa Cruz puede convertirse en el lugar donde esa relación adquiera contenido económico, empresarial, académico y territorial.
La región más dinámica de Bolivia tiene condiciones para cumplir ese papel. Su producción agroindustrial, universidades, empresas y ubicación la convierten en una plataforma para conversar sobre corredores hacia el Pacífico y Brasil, exportaciones, energía, innovación, ciencia y conectividad. El gobernador cruceño tiene una oportunidad histórica: transformar la visita en una agenda con empresarios, productores, autoridades y centros de estudio.
Una visita así se prepara antes de que el Mandatario aterrice y se proyecta después de su partida. Si quiere dejar algo más que imágenes, deberá apoyarse en las redes de confianza construidas durante estos tres años de encuentros académicos.
La visita tampoco partirá de cero. Desde marzo, las cancillerías han avanzado en una hoja de ruta pragmática: normalizar constructivamente las relaciones, reactivar el Mecanismo de Consultas Políticas, crear una Comisión Bilateral de Asuntos Consulares y Migratorios, negociar un nuevo acuerdo comercial y modernizar el ACE-22.
La agenda incluye digitalización, barreras comerciales, puertos, el oleoducto Sica Sica-Arica, cuencas compartidas y servicios aéreos. A ello se suma la cooperación frente al crimen organizado, la trata de personas, el contrabando y el narcotráfico. Subyace una idea fundamental: una frontera segura no tiene por qué ser una frontera cerrada. Seguridad, comercio y movilidad humana deben abordarse conjuntamente, sin convertir la nacionalidad o la migración en sinónimos de delito.
El nuevo momento tiene también una expresión consular. Flavio Escobar Llanos asumió como cónsul general de Bolivia en Chile, mientras Roberto Ruiz Piracés ejerce esa responsabilidad por Chile en Bolivia. La diplomacia consular puede abrir puertas, pero necesita articularse con quienes conocen el territorio. Allí la academia aporta contexto, memoria, análisis y redes de confianza para transformar decisiones políticas en proyectos sostenibles.
Los números muestran que la relación es más concreta de lo que a veces reflejan los discursos. En 2025, el intercambio comercial alcanzó los US$1.184 millones. Chile exportó US$1.026 millones e importó US$133 millones FOB desde Bolivia, con un saldo favorable cercano a los US$893 millones. Chile vende, en buena parte mediante reexportaciones, diésel, automóviles, calzado, nitrato de amonio, neumáticos y camiones. Bolivia exporta harina y aceite de soya, alcohol etílico, minerales de cobre, cajas de cartón y palmitos.
La relación podría ser más equilibrada. Se requieren mejores condiciones de acceso, certificaciones sanitarias, cadenas logísticas confiables y una visión de largo plazo. Santa Cruz es una oportunidad: su producción agroindustrial puede encontrar en Chile un mercado cercano y una plataforma hacia el Pacífico, mientras Chile ofrece conectividad, servicios, infraestructura portuaria y conocimiento técnico.
La dependencia logística es significativa. El 74% de la carga movilizada por el puerto de Arica durante 2024 correspondió a Bolivia. Ambos países necesitan mejorar los corredores y asegurar condiciones previsibles para el comercio. La dimensión humana es profunda. El Censo 2024 registró 1.608.650 personas nacidas fuera de Chile. En Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, la migración boliviana representa una proporción importante de la población extranjera. Son trabajadores, comerciantes, familias y estudiantes que expresan una relación más intensa que la de los comunicados oficiales.
Durante los últimos tres años, académicos chilenos y bolivianos han construido espacios de conversación que han ayudado a sostener la relación bilateral en momentos complejos. Han permitido revisar la memoria común, discutir las diferencias y establecer redes de trabajo más allá de los ciclos políticos.
En este contexto se realizará la II Cumbre Iberoamericana de Ecoturismo Cultural en Sucre, entre el 23 y el 27 de octubre, organizada íntegramente desde Chile. A continuación tendrá lugar el XIX Encuentro de Historiadores e Intelectuales de Bolivia y Chile, los días 28, 29 y 30 de octubre, en la UTEPSA, la Universidad Católica Boliviana y la Universidad Privada de Santa Cruz. Que estos encuentros ocurran después de la visita presidencial ofrece una posibilidad excepcional: que el mundo académico, gastronómico y turístico acompañe un momento político relevante y contribuya a proyectarlo.
La diplomacia presidencial puede abrir una etapa y la consular puede sostenerla. La diplomacia académica, por su parte, ayuda a darle profundidad, continuidad y sentido histórico. Una relación bilateral se construye en las reuniones de ministros y en las fotografías de los mandatarios, pero también en las aulas, los seminarios, las investigaciones compartidas y las conversaciones que permiten mirarse a los ojos sin negar el pasado.
El tema marítimo seguirá existiendo. Ninguna diplomacia puede pedirle a Bolivia que renuncie a su memoria ni a Chile que desconozca las decisiones jurídicas. Pero ese asunto no puede impedir hablar de puertos, agua, energía, comercio, seguridad, cultura o tecnología. La historia permanece, pero no tiene por qué condicionar el futuro. La Paz puede ser el punto de partida político de esta nueva etapa. Santa Cruz tiene la oportunidad de convertirse en el lugar donde la relación deje de ser una promesa y comience a producir resultados concretos.
