La ciudadanía está confundida con lo que sucede en energía, y no es nada nuevo, pero hoy el agravante, es la pérdida de la fe pública en la institucionalidad.
Las autoridades y políticos normalmente hablan de tendencias, reaccionan o repiten agendas de empresas con las cuales conversan sobre grandes inversiones. Ya hay voces repitiendo que hay que cambiar los contratos de las empresas eléctricas, pero creo prudente poner sobre la mesa, parte de la historia que se obvia a la hora de las grandes decisiones y beneficios a las personas.
Debemos partir por lo básico. Los chilenos usan energías distintas para sus diferentes tareas diarias. Casi 80% es de uso térmico como la leña, carbón, gas, petróleo o derivados de petróleo; y cerca de un 20% sólo es eléctrico.
Cuando se habla de transición, en simple, se refiere al paso que debemos hacer como país del uso de energías contaminantes a otras menos contaminantes o más “verdes”. Es un objetivo del cual se habla mucho, pero para que ello suceda, todos nuestros edificios, viviendas e industrias se deben modernizar, así como se intenta modernizar el transporte.
Cada edificio o empresa existente usa un mix de energías distintas para calefacción, calentar agua, iluminación, etc. No todos cuentan con tecnología o elementos eficientes en su construcción como la aislación térmica, ventanas termo panel, ascensores regenerativos que ahorren electricidad u otros. Sin eficiencia energética, más energía necesitan para calefacción o enfriar, más gastan y más contaminan. Sin embargo, hay agendas de electrificación, net zero, reducción de emisiones y varios otros conceptos, que requieren procesos previos de transformación. Tan sólo electrificar, implica nuevas normas eléctricas y electrónicas que actualmente son difícil de cumplir, pues muchos de nuestros edificios no tienen los cables apropiados. Cosa que también hay cambiar.
Entonces… cómo se resuelve el problema de consumo y exceso de gasto de los chilenos. Sólo en régimen, la ley de Eficiencia Energética debería disminuir en un 10% el consumo energético, esto en cifras significaría ahorros equivalentes a 15 centrales tipo Cerro Dominador (FV 100MW + CSP 114MW 1716MWh), construcción de seis hospitales públicos de alta complejidad, y la construcción de 70.000 viviendas sociales, por año. Así de grande es la oportunidad y poco de ello se habla y se hace.
Claramente, todos los huevos no van en la misma canasta. No sólo se trata de tarifas eléctricas. El Estado y los privados deberán potenciar programas y políticas de mejoramiento de edificaciones para que los chilenos no deban gastar de más, mejoremos la calidad del aire y nuestra salud pública. Todo lo anterior, mundialmente probado, costo efectivo y sin impactos adversos. Así, podría existir una transición realmente justa, consecuente y con menos gastos para todos.

Muy educador artículo, gracias
Los reclamos que han habido no son por el alza de la electricidad. Es porque nos han estado cobrando demás aplicando el IVA dos veces. ¿Como se espera cambiar la eficiencia energética de los edificios si las eléctricas o a quien le corresponda no han sido capaces de retirar los cables viejos que cuelgan en todas las ciudades y pueblos de Chile? Los cables hace rato que deberían ser subterráneos. Inglaterra tiene todo eléctrico y todos lo pueden pagar.