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En alguna parte leí que los hombres buscan sus regalos muchos más tarde que las mujeres para Navidad y se me ocurrió ver si esa tendencia se ve en las búsquedas de regalos en Google Trends. No encontré nada muy significativo, pero el gráfico me mostró varias cosas interesantes.

Medir el consumo en tiempo real nunca ha sido fácil. Las estadísticas tradicionales llegan con rezago, se revisan ex post y, a veces, pueden mezclar muchas cosas. Por eso, desde hace algunos años, los economistas miran con creciente interés indicadores alternativos de alta frecuencia, como los del comportamiento de los usuarios de internet. Entre ellos, Google Trends ofrece una alternativa imperfecta, pero informativa.

El primer patrón que se observa de la evolución en Chile de las búsquedas de los términos “regalo hombre” y “regalo mujer” es que diciembre es, por lejos, el mes en que más se buscan regalos. No hay ningún otro momento del año que se le acerque siquiera. Desde el punto de vista económico, esto confirma que estamos observando un indicador muy ligado al consumo, concentrado casi por completo en la Navidad.

El segundo hecho relevante es que en los últimos cuatro años el nivel de búsquedas en diciembre ha aumentado de forma clara y sostenida. Diciembre tras diciembre, el interés relativo por estos términos alcanza máximos cada vez más altos. Incluso solo entre el último diciembre y el actual, el incremento es del orden de dos dígitos. No se trata de un cambio menor.

Pero quizás el dato más interesante aparece al mirar hacia atrás. El único año en que este indicador se deteriora de manera evidente es 2019, justo en medio del estallido social. Ni siquiera durante la pandemia —con una contracción histórica de la actividad, confinamientos y una incertidumbre sin precedentes— se observa un desplome comparable. La conclusión, aunque a algunos no le guste es que la incertidumbre política y social pudo haber tenido un efecto más contractivo sobre el consumo que la propia pandemia.

Esto nos lleva a la pregunta inevitable frente al aumento observado el 2025:
¿estamos viendo el resultado de una economía efectivamente más dinámica como proponen los personeros de gobierno o, más bien, un cambio en las expectativas por el “cambio de mano” que se viene?

Mi lectura se inclina por lo segundo. El consumo responde con mucha rapidez a las expectativas (especialmente las expectativas de ingresos permanentes y no meros shocks). La evidencia empírica es clara en este punto: cuando los hogares perciben que el escenario económico futuro será más estable -aunque sus ingresos actuales no hayan mejorado aún- tienden a cambiar sus decisiones de consumo.

En ese sentido, el cambio de clima político y la sensación de cierre de un período prolongado de incertidumbre institucional pueden haber tenido un impacto inmediato sobre el ánimo del consumidor, incluso antes de que los indicadores macroeconómicos tradicionales muestren una recuperación contundente.

Conviene, por supuesto, ser cuidadosos con la interpretación. Google Trends es un índice relativo: no mide niveles de ventas, no está expresado en pesos y no captura directamente el gasto. Aunque cuenta con varias ventajas, como que no está afectado por la inflación, eso no lo vuelve inmune a otros sesgos. En particular, el crecimiento del comercio electrónico en Chile —ampliamente documentado en las estadísticas oficiales— probablemente empuja al alza las búsquedas asociadas a regalos, incluso si el consumo total crece más lentamente.

Sin embargo, ese factor estructural difícilmente explica quiebres abruptos como el de 2019, ni variaciones interanuales recientes. Para esos movimientos, las expectativas siguen siendo la explicación más plausible.

Al final, este gráfico aparentemente trivial cuenta una historia macroeconómica bastante profunda. La actividad económica depende directamente de la confianza, la incertidumbre y las expectativas. Que un nuevo gobierno llegue con un discurso firme en esta línea es una condición necesaria (aunque no suficiente) para que efectivamente salgamos del estancamiento económico en el que tristemente nos encontramos.

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