Credit: 2026 Conaf - Lazos.

Los catastróficos incendios que hemos presenciado como país durante las últimas semanas, afectando principalmente a zonas de bosques industriales en las regiones de Ñuble y Biobío, han dado pie a distintas discusiones técnicas respecto al combate activo y pasivo de estos fenómenos. Cabe destacar la señal de unidad que han dado tanto el Presidente de la República como el mandatario electo, que fueron enfáticos al decir que el combate a la catástrofe no admite tintes políticos. Chile necesita unidad frente al desastre.

Se ha discutido ampliamente respecto de la ley de incendios en tramitación, en la que se dota a la fiscalía de mayores facultades a la hora de perseguir a aquellos que –intencionadamente o no – causan estos desastres. Este tipo de indicaciones tienen apoyo transversal, pero poco se ha hablado de ciertas normas técnicas que permiten la prevención de estos fenómenos y su propagación.

En 2025, la Corporación Chilena de la Madera (Corma) advirtió que en la Región del Biobío se daban condiciones de extremo peligro frente a un eventual foco de fuego. Usando simulaciones, se anticipaba un serio peligro para 30 mil viviendas y más de cuatro mil hectáreas donde había acumulación de residuos forestales que permiten la rápida propagación del fuego. En abril del año pasado, Corma hizo una solicitud a diversos actores de gobierno para que autorizaran la quema controlada de estos residuos. Sin embargo, nuestra legislación actual permite este tipo de quemas de forma muy acotada. Menos del 10% de los permisos de quema controlada son autorizados; esto, con el fin de reducir la contaminación y cuidar el medio ambiente.

Estas normas que restringen la quema preventiva están ignorando un principio importante en el cuidado de los bosques. Si bien se puede dar la discusión técnica respecto de cuál es la manera óptima de prevenir incendios y, por otro lado, cómo reducir al máximo la contaminación, creo que hay un tema de fondo que está siendo pasado por alto, y es que la quema controlada –si bien puede parecer una intervención radical– es muchas veces la mejor manera de mantener el bosque en su ciclo natural. Para explicar este tema, la teología cristiana nos puede dar luces.

La Iglesia nos enseña que el hombre es el custodio de la creación. Esto significa, por un lado, que las cosas creadas –bosques, animales, minerales, etcétera– están al servicio del hombre. Dios ha dispuesto que usemos los recursos para nuestro bien, y tenemos el deber de usarlos para el mayor beneficio de toda la humanidad. La extracción de los recursos naturales, su refinamiento y posterior uso, son parte de lo que el Señor nos ha dejado como guardianes de la naturaleza. Por otro lado, tenemos el importante –y muchas veces olvidado– deber de cuidar de la creación. Somos guardianes y no dueños, por lo que nuestro aprovechamiento de las cosas creadas debe considerar el cuidado de ellas, su debido manejo, y su uso sostenible en el tiempo.

Es en este punto sobre el que hago hincapié: la preocupación por el medio ambiente, por descontaminar, por abusar menos de la creación, debe ser siempre teniendo claro que somos sus administradores y no sus servidores. El “contaminar menos” no es un fin en sí mismo, sino que es parte de un esfuerzo por usar la creación de manera responsable. No somos los hombres los que estamos al servicio de la creación, previniendo todo tipo de alteración al “estado base” de la naturaleza, si no que tenemos el deber de cuidarla como sus guardianes, teniendo claro que está a nuestro servicio.

Esto nos lleva a pensar de nuevo las actuales leyes, enfocadas en no contaminar, que no miran el problema completo: como administradores de la creación, podemos admitir medidas como las quemas controladas, ya que son técnicamente la mejor manera de manejar los residuos forestales a pesar de las emisiones que puedan generar. No hay que tenerle “miedo” a intervenir los bosques para mantenerlos sanos y que puedan crecer de forma sostenible. La creación alcanza su plenitud cuando sirve a su fin último, que es estar a disposición del hombre.

Tengamos cuidado de confundir los medios con el fin. Si bien minimizar la contaminación es algo que deberíamos buscar, es solamente un medio para servir al hombre. Cuando hay en juego peligros mayores, como el que lamentablemente hemos visto extenderse por la zona central de nuestro país, se debe tener una mirada completa de nuestro rol frente a las cosas creadas.

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3 Comments

  1. Exacto. Veo dos problemas, uno de raciocinio puro, hay falta de tino y criterio….el dicho dice los cuidados del sacristán matan al señor cura. Y el el segundo en cuanto a lo teológico, obvio, gente con ausencia absoluta de Dios, en todos los temas

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