En el ámbito económico, la actual administración asumió con una hoja de ruta clara: reactivar el crecimiento tendencial —hoy estancado cerca del 2%— y dinamizar el mercado laboral. Sin embargo, el escenario global ha impuesto una agenda de crisis que amenaza con “tomarse la agenda”.

El shock externo por el conflicto entre EE.UU. e Irán ha empujado el petróleo sobre los 110 dólares por barril. Para una economía importadora de petróleo como la chilena, esto implica presión inflacionaria inmediata y un deterioro en los términos de intercambio. La respuesta del Ejecutivo, centrada en modificar el MEPCO, es una medida necesaria que evidencia nuestra estrechez fiscal. Con una deuda pública cercana al 38% del PIB, el espacio para inyectar recursos masivos a la economía es casi nulo.

El riesgo crítico es que la gestión de esta coyuntura postergue reformas estructurales que no pueden esperar más. Para salir del estancamiento, en mi opinión, debemos abordar tres frentes que la urgencia del contexto internacional puede tender a postergar:

1. Institucionalidad e Incentivos: el crecimiento a largo plazo depende de la calidad de las instituciones. Chile requiere una reforma al sistema político que genere incentivos hacia la estabilidad y la inversión. Un sistema fragmentado, que dificulta acuerdos de largo plazo, genera una incertidumbre que dificulta el desarrollo de la economía. Las «reglas del juego» deben tratar de garantizar seguridad jurídica y tender hacia los acuerdos virtuosos (en desmedro de la “pelea chica”).

2. Permisología: Independiente de la voluntad política, la gestión de proyectos en Chile enfrenta un laberinto burocrático. La reforma a la entrega de permisos no requiere recursos fiscales, sino una reingeniería de procesos para eliminar la discrecionalidad y los tiempos muertos que hoy paralizan miles de millones de dólares en inversión. La clave en este punto es que la simplificación que se haga al sistema trascienda a este gobierno. Que independiente del color político, el Estado no pueda retrasar arbitrariamente los plazos para ejecutar inversiones.

3. Mercado Laboral: La urgencia de hoy es el costo de la vida, pero el problema de fondo sigue siendo la baja participación laboral y la rigidez del mercado laboral. Hay múltiples propuestas en esta materia, pero requieren de un capital político que se puede difuminar en un contexto de crisis.

En conclusión, el manejo de la crisis internacional es urgente, pero lo importante es volver a crecer. Si la política pública se limita a reaccionar ante shocks externos, seguiremos administrando la mediocridad. Lo urgente es el precio del barril; lo importante es corregir las bases institucionales para que el país vuelva a una senda de desarrollo.

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