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¿Nos interesa crecer y alcanzar el desarrollo? Si la respuesta es sí, la pregunta que sigue es ¿por qué no seguimos haciendo lo que nos permitió crecer y albergar la esperanza ser el primer país de Latinoamérica en dejar atrás el subdesarrollo?, o ¿por qué no replicamos los modelos que funcionan, y no nos dejamos de  insistir en hacernos eco de querer transformarlo todo, sin considerar lo que permite que los países avancen y crucen el umbral del desarrollo.

Chile y Estonia hasta el año 2014 tenían un ingreso per cápita parecido. La diferencia es que ese año, entre nosotros, algunos comenzaron a renegar de lo hecho y exigir que el modelo cambiara. Es cierto que hubo empresarios que ayudaron poco, y que los políticos en vez de reivindicarlo centraron su esfuerzo en defenderse ellos. Pero, no era necesario echar andar la retroexcavadora. Bastaba hacerle ajustes. Sin embargo, muchos prefirieron tener el apoyo de las redes, y sumarse a ellas en sus reclamos, contra el modelo. No ponderaron que detrás de éstas, había intereses geopolíticos, y harto joven que, miraba a los pingüinos y a sus voceros como sus héroes. Olvidaron que la verdad si bien no se oye, siempre termina imponiéndose. Es cosa de tiempo. Es paciente. Habla con los datos.

Estonia, en cambio siguió perseverando en su fórmula de éxito. Lo hizo, en base a una visión de querer salir del desarrollo y lograr liderar en áreas claves de la economía, poniendo foco en una educación de calidad y en una economía abierta al mundo y el emprendimiento. Si lo vemos descarnadamente, era una receta muy parecida a la que había adoptado Chile, y que le permitió por mucho tiempo ser un ejemplo en el combate a la pobreza. Muchos, de hecho, añoramos la calidad de vida que teníamos. El país era más seguro. La policía un ejemplo, y los ciudadanos la respetaban. En suma, éramos más seguros y también más libres. Pero no fuimos capaces de valorarlo y menos defenderlo.

Estonia les creyó más a los datos, que hablan con la verdad, que a los discursos emocionales que apelan a la tergiversación de la realidad o derechamente a sacar el foco de lo esencial que es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de un país. Cómo no hacerlo, si después de 20 años habían cuadruplicado el PIB per cápita que tenían en el año 2000. Haciendo oído sordo a políticos que buscan polarizar la sociedad  y encontrando en los acuerdos el capital de estabilidad y proyección hacia el futuro. Estonia logró que su ingreso per cápita llegara a US$ 42.138, y superara a países como España o Portugal. Chile en cambio, que quedó estancado en US$ 28.684, ahora retrocede, y a pasos agigantados.

Estonia demostró que la educación puede mejorar en base voluntad y políticas claras. No necesariamente con más dinero. Menos en base a los fierros. Tanto así que la “la nueva Finlandia” como la denominan en educación, logró consolidarse en las últimas pruebas PISA, (Programme for International Student Assessment) como país líder, básicamente porque su modelo educativo se basa en la innovación y está inmerso en una estrategia colectiva que mira hacia el futuro.

El Estado busca servir del mejor modo posible a sus ciudadanos, gastando lo necesario. No más ni menos. Su objetivo, tal como lo hizo exitosamente Irlanda, fue reducir y no aumentar la burocracia. Apostar por el emprendimiento y la innovación. Creer en la libertad, el éxito individual y la propiedad privada.

Quizás porque vivieron la represión comunista, Estonia hoy es la 7ª economía más libre del mundo. En el Índice 2022 Estonia ocupa el 4º lugar entre 45 países de la región de Europa, y su puntuación general está por encima de los promedios regionales y mundiales.

Todo eso lo han conseguido sin meterle la mano al bolsillo de los que emprenden. Tampoco azuzando el resentimiento ni ahuyentando el capital. Sólo generando un sistema impositivo competitivo. De hecho, la TAX Foundation de USA la ha reconocido así por nueve años consecutivos. Obviamente porque allá la tasa impositiva para las empresas es del 20 por ciento, y se aplica sólo cuando la renta es distribuida, y como impuesto único.

Su impuesto se aplica sobre el flujo de efectivo, cuestión que le permite a los inversionistas recuperar el costo de su capital al 100 por ciento. En lugar de exigir a las corporaciones que calculen sus ingresos imponibles utilizando reglas complejas y programas de depreciación sobre una base anual, el impuesto sobre la renta corporativa, se aplica con una tasa del 20 por ciento sobre toda distribución de ganancia (sea en forma de retiro o dividendo). Un Fut mejorado.

Sven Sester, ex ministro d Hacienda de Estonia cuando se implementaron todas estas medidas de competitividad subrayóque la combinación correcta de políticas económicas con un sistema tributario que funcione bien, es crucial para el desarrollo económico. «Un sistema tributario simple y claro es uno de nuestros principales motores económicos».

Aunque Estonia sigue teniendo retos pendientes, conserva como pilar fomentar el ahorro, incentivar la inversión y estimular el crecimiento económico. Con esas premisas ha logrado incrementar la riqueza colectiva y ciudadana, mejorar la educación, y aunque no se crea los indicadores de desigualdad, que en Chile de un tiempo a esta parte no mejoran como debieran, con la intervención del Estado.

Es paradójico que el modelo de Chile, que sirvió de base a Estonia, se haya renegado al punto de promoverse hoy una reforma que nos hará por lejos menos competitivos. Tanto así, que cada día emigran capitales, se incrementa la inseguridad, y aumenta exponencialmente el gasto, que se ve incrementado con la llegada irracional de inmigrantes. Parece que nos volvimos locos. Por algo, en el índice de competitividad fiscal de tax fundation del lugar 27ésimo caímos al 35ésimo (de 38 países).

Nuestra convocatoria es que miremos Estonia, porque si lo hacemos constataremos que se puede recaudar, crecer y desarrollarse con un sistema tributario competitivo que fomente la  inversión y el crecimiento. No olvidemos que los impuestos deben ser una herramienta y no un fin para lograr el desarrollo del país, y que más importante que lo que se recauda es lo que se gasta.

*Christian Aste es presidente de la comisión tributaria CNC y Juan Alberto Pizarro es presidente de la Comisión Tributaria del Colegio de Contadores de Chile.

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