Chile, al igual que muchos países enfrenta una severa crisis de natalidad. Lo que pasa en otros lugares me importa, pero me afecta mucho más lo que sucede en mi país.
Hemos llegado a un punto en que nuestra población no crece, y lo peor, es que nuestra raza chilena se desdibuja aceleradamente con la irrupción de más de 1,5 millones de extranjeros en algo más de 10 años. La mayoría provienen de Venezuela y son pobres y no pocos -leer la prensa de los últimos días- delincuentes y narcotraficantes que matan y extorsionan. Han escapado de un régimen asesino que ha dejado ir a 8 millones de ciudadanos.
Lo grave no es sólo que la población no crece, sino que cómo crece. Nuestro “ser chileno” desaparece. Ya le ha pasado a Bélgica, en que en su capital Bruselas, un 25% de la población es musulmana. En los últimos días ha tenido gran cobertura el fallecimiento de la nieta de una conocida intelectual, quien con su columna “sangre de mi sangre”, hiciera reflexionar a muchos acerca de la familia. Quienes hemos tenido la suerte de ser abuelos, podemos constatar que los nietos a uno lo hacen renacer y ratificar la importancia de los hijos y de los hijos de los hijos. También valorizar a los padres, abuelos y bisabuelos que uno tuvo. Cuántas horas y desvelos dedicaron a nosotros desde la más tierna infancia. Ser papá y ser abuelo es mucho más importante que cualquier otra cosa. El amor filial es insuperable.
En estos convulsos tiempos, en que la inmediatez y el individualismo secuestran a la sociedad, muchos jóvenes, y otros no tan jóvenes, han optado por entregar como primera prioridad su cariño a las mascotas.
Esta realidad -terrible en mi opinión- desdibuja cualquier intento de construir una mejor sociedad. Es un tema de prioridades. Es un tema ético y moral. Muchas parejas jóvenes han optado, en el ámbito de su libertad, tener y cuidar mascotas, antes que hijos. Las razones que exhiben son de una inhumanidad abismante. Se declaran ser libres y que, dentro de su libertad, no tener hijos es una opción legítima.
Lo primero que debemos recordar es que ellos no existirían sin la decisión de sus padres de traerlos a este mundo. Argumentan, algunos, que es muy caro tener hijos y mucha “responsabilidad” cuidarlos y mantenerlos. Curiosamente, muchos estudios indican que ya son comparables los costos de mantención de hijos y de mascotas.
Quienes no tienen hijos o nietos, no tienen conciencia de lo que esto significa para un ser humano. Es un estado de emoción y de amor no comparable con lo que puede generar una mascota. Sólo compararlo parece un agravio al ser humano. Como siempre sucede, distintos negocios han surgido, al amparo del aumento del número de mascotas. Algunos de ellos: escuelas para perros en que los pasan a buscar y dejar, aumento impresionante del negocio de alimento para mascotas, y ropa en tiendas especializadas. Peluquerías caninas y clínicas veterinarias. Ya muchos hoteles acogen a los perros como huéspedes con todos los beneficios de un ser humano. Estudios de abogados dedicados a mediar entre parejas que se separan, para determinar tuición compartida de la mascota post conflicto. Otros están trabajando en resolver acerca del futuro y forma de vida de la mascota si fallece el dueño. Algunas empresas ya han generado lugares para recibir a los perros durante el día y la noche en el lugar de trabajo. Se tramita ley para dar feriado obligatorio a quienes se les muere la mascota. Ya hay cementerios para mascotas, cremación y actos litúrgicos. En los aviones ya viajan en cabina de pasajeros, tienen embarque preferente y beneficios varios. En los restaurantes ya ingresan al espacio interior e incluso usan los asientos de los clientes. En los malls deambulan como un cliente más.
Toda esta aparente maravilla se desarrolla en medio de un mayoritario abandono de adultos mayores o de jóvenes que ven su futuro con desesperación. Se ha ido produciendo una tendencia creciente en que los jóvenes priorizan usar su tiempo en pasear el perro, antes de visitar a sus padres o abuelos. En familias de escasos recursos, muchas veces tienen dos o tres mascotas, con altos costos de alimentación y mantención, y simultáneamente el Estado los clasifica como pobres y les provee beneficios sociales.
El drama de los millones de perros abandonados -vagos, salvajes o asilvestrados- o como se quiera definirlos, hacen estragos en campos y ciudades. La fauna silvestre y los animales domésticos son diezmados por jaurías “intocables”. Los daños a la ganadería, a las aves, pudúes, huemules, gansos, ñandúes etc. etc. son infinitos.
La confusión en los afectos es inmensa. Cuando ya se llama hijos a las mascotas, estamos frente a un problema más profundo. Se está amenazando la propia continuidad de la especie humana. Bienvenidas las mascotas en su justa dimensión. Cómo acompañamiento de adultos mayores, como forma de alegrar a niños y sus familias, pero de ahí a meterlos dentro de la cama, hay un espacio que no se debe transgredir.
Se está dando de manera creciente un aumento de casos de “petofilia”, que se define como el apego patológico a las mascotas. Es importante recuperar urgentemente el sentido de familia, papás, mamás, hermanos, hijos, primos, nietos, nueras, yernos, cuñados y ahora muy a menudo, bisnietos. Un llamado a la sociedad a no criticar a aquellas mujeres y parejas que tienen varios hijos. La sociedad y las empresas deben apoyar para que las madres puedan trabajar y simultáneamente tener hijos en su edad fértil.
Tener hijos es sacrificado, pero los beneficios posteriores superan infinitamente al costo inicial. Tener una vejez solitaria es muy triste, y esa consideración deben pensarla los jóvenes de hoy, pues mañana será tarde. La responsabilidad de cuidar el día de mañana a los padres y abuelos es de los hijos y no del Estado. Si quiero que alguien se ocupe de mí, después de haber trabajado toda una vida, debo tener hijos. Escapar de esa responsabilidad es ir en contra de la naturaleza humana e irse por el camino del egoísmo y la individualidad.
La natalidad es una responsabilidad colectiva. Si todos deciden no tener hijos, se acaba la especie humana. Cuidemos a Chile, a los chilenos y a la familia: Papá y Mamá como eje central.

Coincido en que el amor por los nietos es superlativo y agradezco a Dios porque mis hijos me han dado ya 10 nietos y estamos esperando 4 más. Afortunadamente mis “cachorros” me dan mucho cariño y, a diferencia de un animalito, puedo hablar con los más grandes y verbalizamos nuestros mutuos sentimientos de amor .
Felicitaciones don Andres!!
Con 5 hijos y 14,5 nietos, sin perjuicio de mi cariño por los animales (creaturas de Dios al fin y al cabo) coincido plenamente con lo expresado en el artículo.
😇😇😇😇😇😇😇😇😇😇😇
A pesar de nunca haber tenido una mascota a mi responsabilidad, creo que los dueños se transformanen verdaderos papás, lo que cambia en perspectiva cuando se tiene un hijo de su sangre …..