Monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo emérito de la diócesis de Rancagua, fallecido el día de ayer, fue una figura clave dentro de la Iglesia Católica en Chile. Su trayectoria pastoral y su compromiso con los valores del Evangelio han dejado una huella significativa en la vida religiosa y social del país.
Monseñor Goic nació el 7 de marzo de 1940 en Punta Arenas, en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena. Su origen patagónico marcó su carácter y sensibilidad hacia las necesidades de las comunidades más apartadas del país. Ingresó al seminario para iniciar su formación sacerdotal y fue ordenado sacerdote el 12 de marzo de 1966. Posteriormente, continuó sus estudios en Teología, desarrollando una sólida base doctrinal que guiaría su labor pastoral.
Participó activamente en las gestiones que realizó la Iglesia Católica chilena junto con su par argentina para evitar un conflicto bélico en 1978, esfuerzo que culminó con el arbitraje del Papa Juan Pablo II. Entre 1975 y 1976 realizó estudios de Teología en la Abadía de San Andrés, en Brujas, Bélgica.
El 27 de junio de 1979, el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Concepción, siendo consagrado el 16 de septiembre del mismo año por el mismo Papa, siendo el primer obispo chileno ordenado directamente por él. En 1994 fue nombrado obispo de Osorno, donde continuó su labor pastoral con énfasis en la formación de comunidades vivas y comprometidas con el mensaje evangélico. Finalmente, en 2003 fue nombrado obispo coadjutor de la diócesis de Rancagua, y en 2004 asumió como obispo de la misma diócesis, donde se desempeñó hasta 2018.
Además de su labor pastoral, don Alejandro ocupó un rol protagónico a nivel nacional. Fue presidente de la Conferencia Episcopal de Chile entre 2004 y 2010, y presidió el Consejo Nacional para la Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas desde 2011, promoviendo políticas de protección de menores y de ayuda a quienes sufrieron situaciones de abuso.
Uno de los aspectos más relevantes del episcopado de Monseñor Goic fue su constante preocupación por los temas éticos y sociales. En 2007, como presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, promovió la iniciativa conocida como el «sueldo ético», una propuesta destinada a garantizar un ingreso digno para los trabajadores chilenos. Este llamado generó un amplio debate nacional sobre las condiciones laborales y la justicia social. También abordó temas relacionados con la dignidad humana, la reconciliación nacional y la construcción de una sociedad más inclusiva. Su labor pastoral trascendió los límites eclesiales, convirtiéndose en un referente ético para diversos sectores de la sociedad chilena.
En 2018, Monseñor Alejandro Goic presentó su renuncia como obispo de Rancagua, conforme a las disposiciones canónicas que establecen el retiro a los 75 años. Su retiro estuvo marcado por un contexto complejo debido a las denuncias de abuso sexual dentro del clero chileno, situación que afectó profundamente a la Iglesia. Expresó públicamente su dolor y compromiso con las víctimas, reconociendo la necesidad de una renovación profunda.
El legado de Monseñor Goic radica en su capacidad para combinar una sólida formación teológica con un profundo sentido de humanidad y justicia. Su vida es testimonio de un pastor dedicado a servir a Dios y a su pueblo, enfrentando los desafíos con humildad y determinación, entregando toda su vida por la Iglesia y por Chile.
