En el marco de Impact Minds 2025 de Latimpacto, uno de los paneles más esperados fue el de “Finanzas innovadoras para cerrar brechas estructurales”. Más allá del debate, las reflexiones abrieron una conversación urgente: ¿Cómo estamos entendiendo el papel del capital en la transformación social y ambiental de América Latina?
Ganar dinero y generar impacto: ¿incompatibles?
Durante años, se instaló la idea de que rentabilidad y propósito son excluyentes. Pero el ecosistema de inversión de impacto ha demostrado lo contrario: es posible obtener retornos financieros y resultados sociales o ambientales al mismo tiempo. El desafío está en aceptar que estos modelos requieren paciencia, métricas específicas y un cambio de mentalidad sobre qué significa “éxito” en los negocios.
Más dromedarios que unicornios
En la narrativa global, los unicornios -startups valoradas en más de mil millones de dólares- se presentan como el modelo a seguir. En América Latina, sin embargo, lo que realmente abunda son los dromedarios: pequeñas y medianas empresas resilientes, que resisten en contextos adversos y sostienen buena parte de nuestras economías. Si cuentan con apoyo estratégico, pueden escalar soluciones con alto impacto en comunidades y territorios, mucho más allá de la lógica especulativa de la valorización financiera.
El dinero no lo resuelve todo
El financiamiento importa y mucho, pero no siempre es suficiente. Muchas veces son las redes, el conocimiento y el acompañamiento técnico los que permiten que una startup social y ambiental logre consolidarse. El capital inteligente, acompañado de asesoría y conexiones, puede marcar la diferencia entre un emprendimiento que sobrevive y otro que transforma un sector.
Filantropía e inversión: aliados, no sustitutos
Otro mito frecuente es pensar que la filantropía desaparecerá para dar paso a la inversión de impacto. La realidad es distinta: la filantropía sigue siendo esencial, sobre todo para cubrir vacíos donde el capital de riesgo no llega. Lo que sí está ocurriendo es la creación de puentes híbridos entre ambos mundos, donde se exploran modelos de blended finance que combinan donaciones con capital de inversión para potenciar resultados.
Más allá de los fondos
Finalmente, está la idea de que los fondos de impacto serán la solución definitiva. Efectivamente los fondos son pieza clave del rompecabezas. Pero la transformación requiere diversidad de instrumentos -bonos de impacto, crowdfunding, coinversión público-privada, capital concesionario- y, sobre todo, colaboración entre actores que tradicionalmente no trabajaban juntos.
Un ecosistema en construcción
América Latina enfrenta enormes desafíos: desigualdad persistente, crisis climática, exclusión financiera. Pero también es una región con talento emprendedor, creatividad y capacidad de resiliencia. Las startups sociales y ambientales que emergen en este contexto no sólo necesitan capital, sino un ecosistema que reconozca su rol estratégico.
La discusión ya no es si la inversión de impacto “funciona” o no. La pregunta de fondo es cómo podemos escalarla y adaptarla a nuestras realidades, valorando a esos dromedarios que, paso a paso, están reconfigurando el mapa económico y social de la región.
