educación

Un famoso rector, de amplio acceso a medios de comunicación, planteaba en una charla en un seminario de un banco, sus reparos a la sociedad interpersonal. No le gustaba al intelectual que uno haga referencia al colegio donde estudió. Tampoco que uno pregunte a otro de cuál colegio era. Esta postura se ha ido imponiendo, retirando el colegio de los currículum vitae.

Discrepo absolutamente de esta tendencia, toda vez que, antes 12 años y actualmente 14 años en un colegio, marcan de por vida. Yo estudié en un gran colegio, el Verbo Divino, y estoy orgulloso de ello. Mis mejores amigos provienen de ahí. Mis grandes profesores me permitieron aprender muchas cosas. El deporte del colegio me marcó y me entregó herramientas de lucha diaria. Le debo a mi colegio la fe en Dios y tantas otras cosas. ¿Pretenderá el profesor Peña que le dé la espalda a mi pasado? Eso jamás.

Tras el colegio viene la universidad y también le tengo aprecio y cariño a mi FEN -varias facultades tratan de imitarnos- tras cinco años de estudios allí.

Los colegios y liceos forman parte del alma de Chile. Ignacianos, georgians, manquehuinos, los del Colegio Alemán, el Grange y tantos otros de todo Chile. Recuerdo a los Alonso de Ercilla, a los maristas, a los del Cumbres, a los del Tabancura y el Cordillera, a los de La Salle y tantos otros. También en su momento de apogeo a los exalumnos del Instituto Nacional, el INBA, el Carmela Carvajal, a las villamarianas, las del los Andes, Ursulinas, Monjas Inglesas y suma y sigue. De Viña del Mar los del Mckay, y las del Saint Margaret. En Puerto Varas el Germania o el colegio de Puerto Varas y en Linares el Alborada y el Instituto de Linares.

Qué fabuloso que los colegios no sean olvidados por sus exalumnos. Parece acomplejado tener que esconder parte de la historia de uno. En Inglaterra los de Eton College son orgullosos y en Madrid el Colegio Francés o el Estudio y en Buenos Aires el Cardenal Newman. ¿Qué tiene de malo hablar del colegio donde estudiamos? El desafío de los gobiernos es mejorar los colegios y liceos públicos para que también tengan exalumnos orgullosos, como los tuvo alguna vez el Instituto Nacional.

En 14 años, las personas adquieren hábitos, aprenden idiomas, profundizan su fe y se preparan para la educación universitaria. Cuando un gerente quiere armar equipos de trabajo, es totalmente legítimo que sepa lo más posible de quien contratará. Adicionalmente, cada colegio genera perfiles humanos distintos y basta ver cuántos hay en el actual gobierno que fueron educados en colegios de la cota mil. Estudié en la FEN -la verdadera- hace 45 años y los alumnos venían de todos los liceos y colegios de Chile. Hace unos meses vino a Chile un Premio Nobel, James Robinson, y en una charla en la U. Andrés Bello le dio con la misma cantinela de los colegios en Chile. Su análisis estaba atrasado como 30 años, pues mencionaba colegios decadentes y no mencionaba otros ascendentes. Le mandé un mail con mis comentarios y nunca me contestó. Lo mismo el “famoso” Ricardo Hausmann de Harvard, quien me atacó duramente por mail, cuando le refuté su tesis de que “Chile no crecía porque había muchos chilenos”.

Lamentablemente muchos colegios “de Iglesia” que fueron muy importantes en Chile, han ido perdiendo importancia, tras la caída de las vocaciones religiosas. En Chile el principal problema que tenemos es la inseguridad y la mala educación. Criticar colegios o molestarse porque alguien los defiende o los nombra como carta de presentación, parece un despropósito.

En mi actividad laboral constato a diario cómo las familias quieren optar a mejores colegios. Siempre habrá unos mejores que otros, pues depende de la calidad de los profesores y del real interés de los alumnos por aprender. Hasta ahora el interés de los gobiernos por “nivelar” ha fracasado y se da la penosa realidad que la educación pública es cada vez peor. No escondamos el pasado de cada uno, eso no se hace.     

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3 Comments

  1. Absolutamente de acuerdo.
    Orgullosa y agradecida de mi colegio San Rafael,de las monjas de La Inmaculada Concepción en Valdivia.
    La formación que me dieron en lo
    ,espiritual y las herramientas para la vida,hoy a mis 82 años las agradezco profundamente.

  2. Excelente comentario!! Yo me eduqué en el Dunalastair y después asistí a dos colegios públicos en USA donde mi padre cursaba un PhD. Tengo los mejores recuerdos de esos colegios. Mis hijos hombres se educaron en el Verbo Divinio y mis hijas en el Santiago College. Están muy orgulloso de sus colegios y de todo lo que aprendieron en ellos. Este gobierno, lo único que quiere es “quitarles los patines a los niños” e igualar hacia abajo.

  3. Adhiero al comentario.
    Como exalumno del Instituto Nacional, generación 1962, siento una pena y rabia enormes por el estado presente de «mi» colegio.
    ¿Que futuro les espera a los actuales «institutanos»?
    Una lástima perder mas de un siglo de tradición educacional y formación.
    Lo siento mucho.
    Luis del Valle M.

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