Credit: cenia.cl

La narrativa dominante sobre la inteligencia artificial (IA) parece un guion escrito para dos actores: Estados Unidos y China. Con sus gigantes tecnológicos, inversiones multimillonarias y modelos de lenguaje que acaparan titulares, el resto del mundo parece relegado a un rol de mero espectador. Se asume que sólo las superpotencias tienen la escala para competir.

Pero esta lógica empieza a romperse. Por ejemplo, recientemente, en Abu Dhabi, el modelo K2 Think demostró que no siempre gana el más grande, sino el más astuto. Siendo mucho más pequeño que los modelos de OpenAI, logra resultados de primer nivel en tareas de razonamiento complejo gracias a un diseño enfocado en la eficiencia y la especialización. Es la prueba de que se puede competir con estrategia en lugar de fuerza bruta y millones de dólares.

Este enfoque es poderoso, pero ¿qué pasa cuando el problema no es sólo el tamaño, sino la pertinencia cultural? Aquí es donde Chile y América Latina entran en escena con una respuesta propia: LatamGPT.

Impulsado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (CENIA) en colaboración con más de 30 instituciones de la región, LatamGPT nace de una verdad incómoda: los modelos del Norte Global, aunque hablen español, no entienden nuestra idiosincrasia. Como no lo hacen, terminan inventando información porque fueron entrenados con muy pocos datos de nuestro continente.

La solución no es copiar, sino construir algo nuestro. El proyecto está reuniendo un gigantesco corpus de datos regionales -más de 8 terabytes de texto- para entrenar un modelo que refleje nuestra cultura, dialectos e historia.

El caso de los Emiratos nos muestra el camino de la eficiencia. El de LatamGPT, el de la relevancia cultural y la colaboración. Ambos demuestran que los países de la periferia tecnológica no están condenados a ser consumidores pasivos. Podemos y debemos ser creadores, forjando un futuro digital con nuestras propias herramientas y a nuestra propia medida. La primera versión de LatamGPT, que verá la luz en 2025, será un paso decisivo en esa dirección, a ver si así la máquina por fin nos cacha la onda.

Profesor asociado y director del Magíster en Innovación UC. Ex subsecretario de Economía

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