La derecha se asocia con pragmatismo y realismo atingente a creación de valor-riqueza, por cuanto sus partícipes se desenvuelven esencialmente en el mercado, convenciendo a los millones de consumidores de las bondades de sus servicios y productos, ante una irreductible competencia interna y desde el mundo exterior, sumada a la incertidumbre de la obsolescencia. Para ello a su pertinente escala, tienen que “invertir” arriesgando lo propio y solventar simultáneamente sus deudas. Todo ello nace de la vertiente inicial que es la inversión. Justamente lo inverso a la desidia e imposiciones del servicio público, que en su esencia prioriza el gasto.
Y el recurso humano, ajeno y determinantemente divorciado de las equivocadas teorías marxistas-socialistas, el capital, no absorbe ni se apropia excluyentemente de la generación de excedentes a sacrificio de la mano de obra obrera. Comprobémoslo con la realidad de Chile en una serie y periodo largo de años para demostrar las inexorables tendencias. Válidamente se sostiene que el mayor periodo de bonanza fue entre los años 1990 y 2015, y se reclamaba que el exacerbado neocapitalismo ahondaba las diferencias de poder de compra y de los votos monetarios para acceder al mercado, es decir, mayor desigualdad. Pues bien, en esos 15 años la renta per cápita del quintil más pobre se incrementó en un admirable 439% y el quintil más rico también se benefició, con un 208% de mayor bienestar. Deténganse en la diferencia incremental, los más modestos superaron su poder adquisitivo marginal por más del doble a los más ricos, participaron de la bonanza en términos relativos y en función de sus oportunidades en más de cuatro veces.
Aún más significativo es la indiscutiblemente mayor movilidad social ascendente que se logra con mayor inversión-crecimiento, respecto a la antojadiza sesgada y equivocada interpretación que le otorgan a la economía de mercado. Para equivalente horizonte de tiempo, 15 años, el porcentaje de chilenos que pasó a pertenecer a la clase media subió en más del doble, de un 24,3 % a un sorprendente 57,8% (datos INE). Ambos logros se capitalizaron cuando el impuesto corporativo era menor al 20% y no del actual gravoso 27%, acompañado de un mercado laboral más flexible y si virtuosamente con mayor formalidad.
Hoy en día más allá de las tasas de desempleo superando el 8%, crónicamente, y el subempleo creciendo a un insufrible, como desconcertante, 45% desde 2022 y su expansión se acelera entre las ocupaciones formales, dado principalmente por la sumatoria de costos de contratación, que la administración Boric lo tildaba de avance social, la reducción de horario. Lean las nefastas consecuencias de medidas dogmáticas, cortoplacista y ajenas a tanto a la libertad como a la ciencia económica.
La izquierda continúa negando la realidad respecto de los efectos de las regulaciones y los impuestos sobre el “crecimiento” con el indefectible daño que provocan sus sensibleras hipótesis económicas, que han infligido y afligido al debate parlamentario, con acento estas últimas semanas. No sacaron lecciones de sus imprudente y nefastas políticas públicas que no sólo estancaron al país, sino que hay que superar un lastre de un pesado sector público deficitario tanto en servicios como su financieramente, que sólo sus sueldos, de representar el 4% del PIB hoy en día superan el 6%, es un diferencial enorme y en la práctica evidenciable, no trabajan dos meses al año, por las razones, excusas y mal hábitos que son de público conocimiento.
Aparato público mentor de regulaciones y restricciones periféricamente de una y otra forma a todo el sector privado, es decir coartando tanto a las personas individualmente como a las empresas. Apróntese a cualquier servicio público y la actitud y voluntad es esencialmente reflejar su poder discrecional de exigir y no de facilitar a la suma de trámites que nos exponen y antes su fático resguardo de sus trabajos indefinidos y perpetuos por no decir vitalicios se arrogan el derecho a discernir unilateralmente. A nivel empresas su predisposición negativa lleva implícito un resabio de rencor y desidia como argucias ante las iniciativas de emprendimiento. Como no va a ser irracional desechar y desaprobar proyectos que dan mayor bienestar a la sociedad, por poner como antelación, las especies vegetales, arácnidos y roedores, preocupados de su hábitat como de ciertos reductos indígenas, desconocidos previos de la presentación de proyectos mineros y de energía de miles de millones de dólares que aportan un neurálgico soporte de la macroeconomía e infraestructuras del país. La ministra Toledo de Medio Ambiente ha enfrentado todas estas anormalidades con pragmatismo y sin menoscabar la esencia. Y más inconsistente es la excesiva y desbordada preocupación por la seudo crisis climática, cuando Chile por su menguada dimensión física y económica no gravita ni pondera en la temperatura de la Tierra. Estamos subordinados a premisas ecológicas por sobre la superación de la pobreza, la imperiosa necesidad de generar empleos y condicionar el desarrollo humano a especies insignificantes que no por excepción son depredadoras. Todos estas perniciosas subjetividades están amparadas en el desparpajo de la tesis del “decrecimiento” que abiertamente se divulgó y propuso en la fallida Constitución, que no pocos millones de electores se inclinaron por ello. Al no prosperar la lucha de clases y la tesis verídica de la revolución del marxismo, no es de extrañar que estas antojadizas y destructivas ideas dominen en sectores de las sociedades modernas…
Un contraste promisorio, ante un récord de inversión en el SEIA, en los dos primeros meses de Kast, el ingreso de proyectos a trámite ambiental alcanzó a un máximo histórico de US$22.258 millones y para cómo superar la última herencia del menor crecimiento del primer trimestre de este año de un –0,5.
En la campaña presidencial existió un amplio consenso en las principales corrientes programáticas de acentuar la inversión y darle un soporte de fluidez y predictibilidad a los procesos ambientales. Las grandes empresas y proyectos no andan en búsqueda de dádivas o auxilios, es algo muchísimo más sencillo: certezas y estabilidad, que está bien reflejada por la recuperación de la invariabilidad tributaria.

Excelente analisis.