Esta semana presentamos en ICARE el estudio «Una oportunidad histórica: Inteligencia Artificial para desatar el potencial económico de Chile», desarrollado junto a Google. Sus estimaciones son elocuentes: la IA podría aportar entre 10,9% y 20% del PIB anual -entre US$ 36 mil y 67 mil millones- si el país acelera su adopción.
Pero lo más relevante no son solo las cifras, sino la naturaleza de la tecnología que las hace posibles. La IA es una tecnología de propósito general, con aplicaciones transversales en prácticamente todas las actividades económicas. Precisamente por eso escapa a la lógica tradicional de las “políticas industriales” que favorecen selectivamente a un sector y paralizan la toma de decisiones por temor a equivocarse. En la IA no hay que escoger ganadores: todos los sectores pueden ganar.
El lanzamiento del informe reunió a representantes de ambos comandos presidenciales, el de Jeannette Jara y el de José Antonio Kast. Esa coincidencia revela algo importante: existe un diagnóstico común respecto de que Chile no puede postergar una estrategia robusta para adoptar IA de manera responsable y competitiva. Hoy, apenas un 5% de las empresas chilenas usa IA de forma plena. Con esa velocidad, capturaremos solo una fracción mínima del potencial estimado.
El estudio muestra con claridad dónde están las oportunidades y qué capacidades deben reforzarse: infraestructura digital, innovación aplicada y talento avanzado. Y, a diferencia de otros países de la región, Chile parte con ventajas que no son accidentales, sino fruto de políticas de Estado sostenidas en el tiempo. Muchas se originaron bajo el gobierno del presidente Piñera -como la Estrategia Nacional de IA y los planes para atraer centros de datos- y han continuado en el gobierno del Presidente Boric, que ha seguido impulsando la instalación de infraestructura crítica y fortaleciendo capacidades científicas y regulatorias. Estos esfuerzos acumulados posicionan al país mejor que a sus pares para escalar la adopción de IA.
Sin embargo, las brechas siguen siendo significativas: diferencias entre grandes empresas y Pymes, desigualdades territoriales en conectividad y un ecosistema que avanza, pero no a la velocidad que exige la competencia global. Si Chile quiere transformar la IA en crecimiento, empleo y productividad, necesita pasar del diagnóstico a la ejecución, de los pilotos a la adopción masiva.
De cara a la elección de las próximas semanas, la economía aparece de manera consistente como la principal preocupación ciudadana. Y en ese ámbito, la IA tiene mucho que aportar. Lo razonable sería que el próximo gobierno ubique esta agenda entre sus prioridades estratégicas. Las oportunidades están. Lo que falta es decidir si queremos liderar o simplemente mirar cómo otros lo hacen.

Muy cierto Julio. Ojalá haya gente con esta preparación para aportar al estado (cualquier color de gobierno), lo que ya se ha venido realizando e ideas que permitan una sustentable adopción a los cambios que obviamente vendrán.