IA inteligencia artificial
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Cada vez más leemos artículos o participamos en conversaciones sobre la Inteligencia Artificial (IA), ante las que nadie es indiferente. Según una reciente encuesta de la Mutual de Seguridad y Microsoft, de casi 1.500 trabajadores, al 41% les inquieta que la Inteligencia Artificial sustituya sus funciones. Es probable que esta inquietud aumente aún más cuando se vaya develando con mayor precisión los alcances de esta herramienta.

Por otra parte, en el caso de los líderes de organizaciones, es decir, directores, dueños de empresas y gerentes, la percepción de riesgo de perder sus trabajos por sustitución de la IA, baja a 20%. El mismo sondeo consultó por las principales preocupaciones de trabajadores y líderes para el próximo año. El “agotamiento de empleados y equipos/personal” resultó ser una de las principales preocupaciones. En concreto, un 71% de los trabajadores, y el 73% de los líderes, señaló que les preocupa mucho o algo este tema. Frente a este problema, ambos grupos creen que la IA puede ayudar a prevenir o reducir el cansancio.

La información recabada ilustra bien la disyuntiva a la que nos enfrentamos al contraponer la oportunidad versus la amenaza que representa la IA como herramienta de gestión y productividad para las empresas y el desarrollo de las personas.

En tiempos en donde todo parece ser líquido, es necesario recordar cómo el manejo de la ética en la irrupción de nuevas tecnologías resulta clave para que estas se pongan al servicio del hombre y no al revés.

En la misma lógica, ante la cada vez mayor relevancia de la Inteligencia Artificial, resulta clave relevar el concepto de Inteligencia Humana. Tal como lo señala el Pensamiento Social Cristiano, el trabajo, como una actividad propiamente humana, no sólo tiene una dimensión objetiva -referida al producto externo, como su productividad y remuneración-, sino que incide en el desarrollo integral de la persona: favorece la adquisición de virtudes y habilidades de quien desempeña una labor, encontrando allí un camino de crecimiento integral y un lugar de realización.

Es importante que ambas dimensiones sean apoyadas y facilitadas por la IA sin olvidar la vital cooperación y existencia de la Inteligencia Humana y del pensamiento crítico. La persona debe prevalecer y las tecnologías también pueden ayudarnos a tener empresas más humanas cuando se ponen al servicio de la formación de las personas.  

Siguiendo esa máxima, nos enfrentamos a una era en la que los nuevos liderazgos empresariales tienen por delante grandes y desconocidos desafíos, donde el éxito económico y la tecnología pasen a ser medios para alcanzar un fin más noble que es el “buen trabajo”, entendido como el desarrollo de la persona llevada a su mayor expresión.

Este es el tema que hemos querido tratar en el Seminario Anual de USEC “Inteligencia Humana: Un Desafío para la Empresa del Futuro”. Allí el ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz; la exministra María José Zaldívar; el empresario Bernardo Larraín Matte; y el presidente de País Digital, Pelayo Covarrubias; tratarán la importancia de la inteligencia humana en el propósito y sentido de hacer empresa, en la promoción del talento y la formación de los colaboradores, y en el rol social de la empresa.

La transformación de las personas es el gran legado de todo empresario y debe prevalecer por sobre todo lo demás. La invitación es a afrontarlos con convicción, para que la dignidad de las personas, y el bien común de la sociedad, estén en el centro de cada una de las decisiones empresariales, contribuyendo de esta manera a la recomposición del tejido social. Así, desarrollar empresas plenamente humanas, altamente productivas y socialmente responsables no será sólo un eslogan, sino que una realidad.

*Enrique Cruz Ugarte. Presidente USEC, Unión Social de Empresarios Cristianos

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