El mercado no es perfecto, aún así, interactuamos entre todos, lo que tiene una pulsación democrática, por el contrario, mucho más imperfecta son las regulaciones discrecionales y arbitrarias dictadas por no representativos ni idóneos funcionarios, analfabetos de la gestión comercial privada, hijos tanto del cuoteo como del padrinazgo, primeramente, de los políticos de izquierda, confesos éstos, del dogma socialista… que ante un Estado omnipresente los empodera con los impuestos-recursos que nos confiscan a todos.
Dejando atrás un espasmódico gobierno, aprendices de la escuela de la realidad y de sus tropiezos, a sacrificio del bienestar presente y anquilosar el futuro de la sociedad. Donde la moralidad pública ha estado relajada, o más claramente, divorciada a la ética. Han disfrutado del aparato público para goce de su clientela partidista y particularmente sus dirigentes, con la concomitancia del sector público, siempre en busca de mayores prebendas. Desde la sistemática y pérfida creación de las fundaciones it orbi -de un clientelismo partidista a la continua creación de cargos para sus alternos y subalternos sin méritos profesionales- con un costo de oportunidad incuantificable al desarrollo del país. Y al expandir la plantilla pública con 90.000 nuevos cargos, perpetuado la atrofia de la administración fiscal. Cada iniciativa de origen estatal ha significada un anacronismo como el negligente ámbito de las viviendas sociales asociado a la impunidad ante la desastrosa reconstrucción del fatídico incendio de Valparaíso.
La concentración impropia y anti libertaria como deficitaria del capital humano de las imprescindibles esferas de educación y salud han ahogado las opciones privadas que sí interpretan el sentir de la gente. No hay precedente en la historia de nuestro país que mueran por inacción 30.000 seres humanos por desatención médica anualmente. Por ello, elocuentes estudios de opinión (Fuente: Descifra), el 67% de la ciudadanía considera y exige que la reducción del gasto fiscal debería ser la primera prioridad para el próximo gobierno… y más concreto aún, ante la consulta sobre qué áreas deberían concentrar los mayores recortes presupuestarias de un futuro gobierno, un elocuente y lapidario 69% enfatizan en reducir el número y sueldo de los funcionarios públicos. Y ello tiene fundamentos bien sólidos, más allá de su impericia, actitudes burocráticas, bloqueadores de las iniciativas privados, que bajo este gobierno se concentran y conectan para obstaculizar la alta cuantía de proyectos privados, nítidamente por preceptos dogmáticos, que las vivencias de los empresarios y emprendedores lo han testimoniado. Al menos US$100.000 millones invernados… desperdiciando bienestar socioeconómico.
Súmesele como agravante que los funcionarios públicos asalariados tienen sueldos promedios de un 28,2% superior a sus pares privados, siendo que los primeros tienen trabajo vitalicio, y los privados por necesidades de la empresa están permanentemente expuestos a ser despedido. Sólo este año por ese concepto en los trabajos formales se han desvinculado 337.000 empleados y como consignamos los empleos fiscales y municipales sólo tienen la crónica habitualidad de crecer, a costa de la productividad y las malas prácticas de muchísimos funcionarios públicos. Sólo en el sector salud, faltan a su trabajo sin razones justificadas 30 días al año, súmenle vacaciones, días administrativos y las infaltables licencias médicas, al menos son 60 días ausentes de su trabajo, en consecuencia y resumen, se comprende el profundo malestar del país, reflejado en el estudio de opinión pública, aún más, su burocratización y desidia es el costo mayor.
La solución no son más impuestos, por cuanto son definitivamente contraproducentes, por que inhiben la inversión o dejan fuera proyectos que nos dan una rentabilidad básica y en consecuencia, se recaudan menos impuestos, como refleja esta realidad. De acuerdo con datos oficiales del Servicio de Impuestos Internos (SII), la recaudación fiscal en 2024 alcanzó el 17,5% del PIB, una cifra igual a la que se había logrado hace 13 años en el 2011. Esto ocurrió a pesar de numerosas reformas tributarias que prometieron incrementar la recaudación fiscal, mediante el aumento de las tasas impositivas.
Se ha tomado clara conciencia de los excesos incumplibles e inconcebibles regulaciones con el agravante y la distorsión que han sido acumulativas en el tiempo, dictadas por seremis regionales de la multiplicidad de ministerios vacíos de expertice (cargos químicamente sólo políticos), bajísima coordinación entre los distintos actores, que pueden interrumpir la carta Gantt en cualquier instante, sin contemplar y hacerse responsables de los costos financieros, la multiplicidad de requerimientos son entre paradójicos e inconsistentes. Si a mí consultaren, quien ha hecho retroceder el PIB y por lo tanto el bienestar de los chilenos ha sido la ministra Maisa Rojas, con una cruzada de defender el medio ambiente, siendo Chile poco influyente en el calentamiento global y la gran mayoría de los nuevos proyectos ya han incorporados en sus matrices una clara preocupación ambiental. El mayor proyecto vigente el de hidrógeno en Magallanes por US$ 11.000 millones que significaría un salto adelante para gran parte de la región en múltiples indicadores socioeconómicos está paralizado por el hipotético daño que les causaría a unas lagartijas sólo en su sensibilidad auditiva, juzguen ustedes. Y es tal su alienante obsesión que la mencionada ministra pretende blindar 99 sitios prioritarios, regulando el uso de cuatro millones de hectáreas para protegerlas con medidas de conservación. Es una meta del gobierno, que alcanza al menos el 30% del territorio nacional. Sin embargo, en los rubros mineros e inmobiliario y agrícolas han levantado críticas al proceso, es decir, nuestro territorio nacional quedaría condicionado a políticas extremas dificilísimas de comprender y menos de justificar.
En consecuencia, de lo descrito antes, el eventual nuevo gobierno de derecha, por convicción y realismo, le dará un enfático protagonismo al sector privado. Más colegios particulares subvencionados y menos a la desperfilada SLEP, de inocua descentralización que burdamente han reemplazado los municipios; más Isapres y menos Fonasa; más licitaciones y concesiones que el aletargado MOP; más asignaciones en inversión que gasto corriente en el Presupuesto Nacional; menos empleados públicos que nos desfondan con los $19.000 millones que absorbe el 20% del presupuesto; más desahucios en el sector público. Año a año, crece la plantilla con costosos rendimientos decrecientes; más inyección directa de baucher a los más vulnerables que programas estatales con altos costos fijos incompetentes; menos bonos incondicionales y más por méritos; menos cuantiosos gastos discrecionales y más auditorías de la Contraloría a las municipalidades; menos onerosos hospitales públicos sensiblemente deficientes y más Cesfam y aprovechamiento de la logística de clínicas privadas; más mercado que superintendencias excesivamente fiscalizadoras; mayores garantías de invariabilidad tributaria. Suma y continua en la convicción de ampliar las libertades y sacudirse del Estado omnipresente, que siempre ha fracasado históricamente, ineludible e indeclinablemente… y un 80% la gente quiere surgir por sí misma, como lo confirma la última Encuesta Nacional Bicentenario. La libertad es el valor central de la civilización moderna e intrínseca del sentido de la vida..

Excelente
Excelente columna.
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