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Credit: @WhiteHouse

El mundo está presenciando un cambio radical en el orden geopolítico, acelerado por la política exterior del Presidente Trump. Durante décadas, Washington ha ejercido una influencia global innegable, pero las señales recientes apuntan a un repliegue estratégico que redefine su rol en el escenario internacional. La reciente imposición de aranceles a aliados tradicionales como México, Canadá (y pronto a la Unión Europea), las declaraciones en relación con Groenlandia y el Canal de Panamá y la eliminación en la práctica de cualquier programa de ayuda internacional, especialmente vía USAID -a la cual Elon Musk denominó como organización criminal-, son sólo algunas manifestaciones de este fenómeno.

A simple vista, estas decisiones pueden parecer erráticas o incluso contraproducentes. Sin embargo, asumir que Estados Unidos actúa sin un cálculo estratégico es un error. La hegemonía estadounidense, como cualquier dominio global, tenía un límite temporal. Lo que estamos viendo no es una retirada caótica, sino un repliegue controlado para evitar un colapso más abrupto en el futuro. En lugar de persistir en la ficción de su primacía global, Washington parece haber optado por gestionar su declive en sus propios términos. Así lo expuso el secretario de Estado, Marco Rubio, durante su audiencia de confirmación, donde señaló que ahora estamos en un mundo multipolar con «múltiples grandes potencias -con un enfoque claro en China- en diferentes partes del planeta» y que «el orden global de la posguerra no sólo está obsoleto; ahora es un arma que se usa en nuestra contra».

Un ejemplo concreto de este ajuste estratégico es la reciente visita de Marco Rubio a Panamá, donde se evidenció la nueva dinámica de relaciones entre Estados Unidos y sus aliados. Tras su reunión con el Presidente panameño, José Raúl Mulino, se anunciaron decisiones significativas: Panamá no renovará su participación en la Belt & Road de China, se revisará la presencia china en los puertos del país y se fortalecerán los acuerdos de migración y cooperación en la lucha contra el narcotráfico. A tomar nota que se dijo explícitamente no hubo ningún compromiso por parte de Estados Unidos para aumentar inversiones en Panamá. Este caso refleja la estrategia estadounidense de redefinir sus alianzas sobre la base de intereses concretos más que de compromisos ideológicos o históricos.

Este ajuste estratégico conlleva implicaciones profundas para América Latina y, en particular, para Chile. Históricamente, la región ha sido tratada como un área de influencia natural de Estados Unidos. Sin embargo, la nueva postura estadounidense sugiere que sus alianzas estarán definidas por intereses pragmáticos más que por lealtades automáticas. Países como Chile deben estar preparados para negociar desde una posición de autonomía, sin esperar la misma protección o respaldo que Washington solía ofrecer.

Esto no significa que Estados Unidos dejará de ser una potencia global o que reducirá su capacidad de influencia. Al contrario, sin la necesidad de mantener un orden global basado en principios autoimpuestos, podría actuar con mayor agresividad cuando sus intereses estén en juego. El fin del imperio estadounidense no es el fin de su poder, sino la transformación de su enfoque. En lugar de ser el «país indispensable», como solía autodefinirse, pasará a ser una gran potencia más en un tablero de múltiples actores.

El desafío para Chile y otras naciones radica en adaptarse a esta nueva realidad. Depender exclusivamente de una relación privilegiada con Estados Unidos ya no es una opción viable. Se requiere diversificación de alianzas, fortalecimiento de capacidades internas y una política exterior que entienda que el viejo orden ha quedado atrás.

La transición a un mundo multipolar está en marcha. Para algunos, esto representa el fin de una era dorada de estabilidad; para otros, es una oportunidad para construir un orden internacional más equilibrado. Lo cierto es que quienes no reconozcan esta transformación y continúen operando bajo las reglas de un mundo que ya no existe quedarán rezagados en la historia.

Ex jefe del Departamento Económico de la Embajada de Chile en Estados Unidos y partner de Geogig

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1 Comment

  1. Están muy agitadas las aguas como para formular nuevos escenarios tan categóricos. Creo que es conveniente esperar un tiempo, y dar 100 vueltas. Creo que cualquier persona, institución, empresa, nación, alianzas, se cansan de sentirse explotadas y nunca agradecidas. A veces es muy bueno rayar la cancha con relaciones más justas, recíprocas y equivalentes

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