Hablar de la injerencia cubana en Chile no es para mí un ejercicio teórico o un asunto ideológico. Fui oficial de la inteligencia cubana durante once años de 1978 a 1989 y dirigí el trabajo contra Chile de 1981 a 1983. Tuve acceso a expedientes secretos, a la identidad de agentes operando clandestinamente al servicio de La Habana y a la información sobre las operaciones subversivas que conducíamos allí.
Tras mi deserción en enero de 1989, asesoré a la comunidad de inteligencia de Estados Unidos por doce años. Por esto puedo afirmar que la intervención del régimen cubano en Chile no es un episodio aislado de la Guerra Fría. Es una política de Estado sostenida durante décadas con un objetivo preciso: influir en la vida política chilena, penetrar sus instituciones y empujar procesos de radicalización funcionales a los intereses de Cuba. Sé que Cuba ha trabajado por décadas para influir, penetrar, financiar, orientar y aprovechar conflictos internos chilenos para colocar gobiernos o influir en ellos en favor de sus intereses estratégicos y planes de llevar la revolución a toda la región.
Una premisa básica de soberanía nacional es que los pueblos decidan su futuro sin injerencias extranjeras clandestinas que deformen la vida política. Pero en toda América Latina, la inteligencia cubana ha operado por más de sesenta años en dos planos: creando, financiando y dirigiendo grupos subversivos de extrema izquierda y penetrando la sociedad mediante el reclutamiento de agentes y el desarrollo de relaciones de confianza. Una de las ventajas de los servicios de una dictadura es que no están sometidos a los controles usuales de las democracias y pueden sembrar influencia durante décadas, mientras que los gobiernos democráticos reaccionan tarde o insuficientemente.
Lo ocurrido en Chile en los últimos años no debe verse solo como un fenómeno espontáneo. No digo que todo lo que ocurre allí sea obra de Cuba, pero reconozco en muchas expresiones de desestabilización, desestabilización e intolerancia los métodos, redes y narrativas que conozco muy bien.
El trabajo comenzó mucho antes del estallido de 2019. El MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez fueron creados, dirigidos y financiados por los servicios cubanos. Salvador Allende recibió apoyo de Cuba durante años, incluido el financiero. En su entorno operaban agentes y relaciones de confianza de la inteligencia cubana. Al llegar a la presidencia, Fidel Castro no se conformó con respaldarlo, sino que intentó dirigirlo. Cuba instaló en Santiago una estructura de inteligencia de gran tamaño, otra estructura dedicada al trabajo subversivo y una guarnición de tropas especiales dentro de la embajada. Eso no era diplomacia, sino una plataforma de intervención.
Durante su visita de 25 días a Chile en 1971, Fidel presionó para crear una milicia popular, apoyarse en el MIR y avanzar hacia un autogolpe para abrir paso a una revolución socialista. Allende no lo aceptó. Cuando Allende se resistió al modelo exigido por Castro, comenzó a ser visto como un obstáculo y la presión aumentó; se enviaron recursos, se enterraron armas y se impartieron instrucciones al MIR al margen de Allende para avanzar en la creación de milicias. Mientras públicamente se hablaba de solidaridad, en la práctica Cuba empujaba a Chile hacia un escenario insurreccional. Lo cierto es que Fidel denominó a Allende un traidor por negarse a romper con la legalidad chilena.
Después del pronunciamiento militar del 11 de septiembre de 1973, la operación cubana no terminó, sino que cambió de forma. Se rompieron las relaciones con Cuba, pero la inteligencia reorganizó su trabajo desde el exterior y continuó organizando, entrenando y financiando actividades subversivas, como el atentado contra Pinochet, que fue organizado en La Habana. Se siguió reclutando agentes, especialmente entre exiliados chilenos, un trabajo que se construye a largo plazo. Cuba opera sin límites típicos de las democracias y espera años para recoger los frutos de una infiltración clandestina.
Chile restableció las relaciones diplomáticas con Cuba en 1995, lo que permitió que Cuba pudiera encubrir funciones de inteligencia con cobertura diplomática y establecer relaciones públicas que permiten captar agentes y construir redes de influencia.
Considerar que la intervención cubana es una paranoia ideológica o reliquia histórica sería un grave error. Lo sucedido en Chile en los últimos años no debe verse como un fenómeno puramente doméstico ni espontáneo. Con disciplina y paciencia estratégica, los servicios de inteligencia cubanos han infiltrado la sociedad chilena con agentes secretos y relaciones de confianza en el gobierno, la prensa, la academia, los sindicatos, los movimientos sociales, en organizaciones de todo tipo, en empresas y a todo nivel. También se han entrenado incontables chilenos para hacer revolución —tanto en lucha armada como en subversión ideológica y política. Aún si terminara la dictadura cubana, esos actores representan una amenaza para la democracia chilena.

Que importante este artículo.
Sería necesario conocer los nombres de los chilenos que actúan en el país para la inteligencia cubana y a la vez desarrollar de una vez por todas una estructura de inteligencia en Chile de alto nivel, de la cual lamentablemente carecemos.
Excelente columna, gracias!
Una vez más, se revela que detrás del 18/O está la mano de Cuba y Venezuela, junto a dirigentes del PC y su brazo armado, Mir, FPMR y los tontos útiles como los dirigentes y huestes del FA.
El objetivo era la revuelta popular y destrucción masiva, la toma de la moneda, la caída del presidente democráticamente electo Piñera (QEPD) y la toma total del poder, un golpe perfecto a la medida del socialismo marxista.
Era la destrucción de Chile y el término sistemático de instituciones del estado, seguido posiblemente del asesinato de líderes democráticos, políticos, empresarios, sindicalistas y todo aquel que reniegue de comunismo, un genocidio estructural, igual a Cuba y Venezuela.
Esto no se puede dejar pasar a riesgo que se repita, con la desidia de tribunales, reporteros y medios infiltrados coartando la verdad y milicias armadas amenazando a la gente de familia y trabajadores.
Esto debe ser investigado a profundidad, enjuiciando y encarcelando a los culpables intelectuales y operativos, líderes políticos que se prestaron para esta infamia, además de la prohibición permanente del comunismo en Chile.
Muchos votamos por la derecha, pues pensamos que ese es el único camino a seguir y no hay otro, más aún después del impensable y cararajista gobierno de Boric junto a comunistas con su gran estafa financiera, económica y engaño social contra el pueblo de Chile y sus valores democráticos.
Esperamos que el actual gobierno haya escuchado a sus votantes y los tome en serio!!
Su próxima medida, cortar relaciones con Cuba y hacer desaparecer sus centros del terror diplomático!!!
Concuerdo al 100% con Rolf; hay que investigar a fondo y conocer el nombre de esos «chilenos»