Chile es uno de los países más afectados por el fenómeno del cambio climático. Ello se ha manifestado en una disminución significativa de las precipitaciones, menor acumulación nival y derretimiento de los glaciares. El territorio se ha visto afectado por una mega sequía hace casi 15 años. Esta menor disponibilidad natural de aguas superficiales y subterráneas en la mayor parte del territorio, han generado creciente interés y/o desarrollo de las fuentes no convencionales de agua, tales como la captación de aguas lluvias, la desalación de agua de mar y el reúso de aguas residuales.
En esta columna nos referiremos a los avances y desafíos asociados al reúso de aguas residuales. El objetivo del reúso de aguas residuales es el de aprovechar el recurso previamente utilizado, una o más veces en alguna actividad productiva, ambiental o de otra índole, después tratarlas acorde al nuevo uso. Algunos países tales como Australia, Singapur, Israel, y Arabia Saudita se caracterizan por presentar altas tasas en esta práctica.
En Chile se pueden distinguir dos tipos de servicios sanitarios que operan en paralelo en áreas urbanas o rurales. Ambos tienen la responsabilidad legal del abastecimiento de agua potable, y de la recolección y tratamiento de las aguas servidas.
En las áreas urbanas las coberturas de estos servicios se acercan al 100%, no así en las rurales donde hay importantes déficits de cobertura. Actualmente, 49 empresas sanitarias operan concesiones urbanas, las cuales abastecen de agua potable a más de 16 millones de personas (SISS, 2022) junto con recolectar las aguas servidas en las redes de alcantarillado para luego darles tratamiento. Tal es el caso de Aguas Antofagasta en la Región de Antofagasta, Aguas Andinas en la Metropolitana, y ESSBIO en O’Higgins, Ñuble y Biobío.
En el año 2022, el volumen de aguas servidas tratadas (AST) fue de 1.225 millones de metros cúbicos. El 73% de ese volumen fue procesado en plantas de tratamiento para luego descargarlas a cursos de aguas superficiales continentales naturales y reutilizado por titulares de derechos de aguas ubicados aguas abajo, tales como los regantes. El 21% fue objeto de un tratamiento primario para luego ser descargadas directo al mar, mediante emisarios submarinos. Es el caso de las AST de sectores costeros tales como Antofagasta, el Gran Valparaíso, y la conurbación de Concepción y Talcahuano. El 6% restante se entrega directamente a terceros para uso agrícola, minero-industrial y al interior del propio sector sanitario. Cabe señalar que previo a su descarga, dichas AST deben cumplir con el tipo de tratamiento que mandata la Norma de emisión para la regulación de contaminantes asociados a las descargas de residuos líquidos a aguas marinas y continentales (D.S.N. 90, actualmente en revisión).
Por tanto, del volumen total de AST, un 21% no es objeto de ningún tipo de reúso puesto que se vierte directamente al mar. El caudal asociado a dichos emisarios es de 257 millones de metros cúbicos, equivalentes a 8 m3/segundo, lo que permitiría, por ejemplo, regar anualmente 30.000 hectáreas de frutales (8% de la superficie nacional de actividad frutícola). El reúso de este tipo de AST implica relevantes inversiones para las empresas sanitarias, por tanto, implicaría aumentos de tarifa lo que puede ser complejo de implementar. Eventuales cambios normativos, tales como el D.S.N. 90, podrían mandatar un grado de tratamiento mayor de las aguas descargadas mediante emisarios submarinos.
Otra fuente de agua residual para reúso es la de origen domiciliario. Para ello se requiere contar con sistemas al interior de los hogares para la separación de las “aguas grises” (provenientes de duchas y lavatorios) de las “aguas negras” (con excretas) y la definición de los requerimientos técnicos que permitirían un reúso seguro dependiendo del destino de dichas aguas. En este sentido, la Ley 21.075 que regula la recolección, reutilización y disposición de aguas servidas domésticas urbanas y rurales (“aguas grises”), busca impulsar su reúso con fines de interés público en el riego de áreas verdes, parques o centros deportivos, ciertos usos industriales y ambientales, tales como el riego de especies reforestadas y mantención de humedales.
Recientemente, se hizo una modificación de dicha ley para agregar el uso silvoagropecuario que incluye riego de especies arbóreas o arbustivas frutales, cereales, cultivos industriales, viveros, cultivos de plantas leñosas, ornamentales y de flores, praderas o empastadas, y producción de semillas, entre otros. Sin embargo, después de casi 5 años de promulgada dicha ley, aún está pendiente la dictación del reglamento del Ministerio de Salud que fijará los requisitos técnicos para el reúso de “aguas grises”. Si bien las aguas grises son alrededor del 30% del total de las aguas residuales, esta normativa permitiría avanzar en soluciones locales.
En síntesis, existen alternativas de reúso para las aguas residuales que se descargan en cursos de agua superficial y también directo al mar, generando un aumento de disponibilidad hídrica en determinadas cuencas y sectores. Sin embargo, ello requiere de inversiones, las que deberán ser financiadas mediante aumentos de tarifas y/o subsidios estatales, por lo que es necesario realizar análisis de los costos y beneficios de este tipo de alternativas.
