Para algunos, quienes persiguen el lucro no son más que aves rapaces. Ellos piensan que el “lucro” es algo desdeñable y el afán de lucro moralmente reprobable, y que las empresas debieran ser “sin fines de lucro”. Creen que así las empresas producirán un mejor producto a menor precio. Lo paradójico es que es mucho más probable que se produzca un bien de mayor calidad y menor precio en una empresa con fines de lucro, que en una sin fines de lucro.
Esto es relevante para cuando evaluamos la existencia o no del lucro en una empresa o en un mercado. En particular lo es respecto al cambio que se realizó en el gobierno de Bachelet II respecto de los colegios particular subvencionados. Pero también lo es respecto de los hospitales. Veamos este último caso. Algunos suponen que una institución “sin fines de lucro” como son los hospitales públicos, es una institución inherentemente más generosa, más próxima a la gente. Pero basta con ver cómo proveen servicios para cuestionarse esto.
Creer que si una institución deja de tener “fines de lucro” se traslada ese lucro a los consumidores mediante un producto mejor o más barato, es un error. Si una empresa de la noche a la mañana pasa a ser sin fines de lucro. ¿Qué deberíamos esperar? Dejar de tener lucro es muy fácil, basta con aumentar los gastos o disminuir los ingresos. ¿Qué nos asegura que se hará disminuyendo los precios, por ejemplo, o aumentando los gastos para proveer mejor calidad? Nada, absolutamente nada. Tan o más probable es que los empleados se apropien del lucro pagándose mejores sueldos, o trabajando menos horas y produciendo menos. O que el administrador se apropie del mismo haciendo mal su pega y disminuyendo la eficiencia de la empresa. Son todas formas de dejar de tener lucro.
Al hacer que una empresa sea sin fines de lucro, lo que se está diciendo no es que no haya un excedente, sino que dicho excedente no puede ir al dueño o a los accionistas como ganancias. Es como dejar una olla con oro en la calle, pensando que la van a recoger los pobres. ¿Quiénes la van a tomar? En el caso de los hospitales existen múltiples grupos que estarían interesados: el administrador y su equipo, los funcionarios, los médicos, y finalmente, solo como un grupo más, los clientes. Apenas uno hace esta lista se da cuenta que en esa lucha de poder que se genera al interior de una institución sin fines de lucro, lo menos probable es que ganen los clientes.
El tema es que el comportamiento maximizador, que es el que tiene éxito en el sistema capitalista no desaparece porque se decrete el fin del lucro. Continúa, y toma otras formas, bajo las nuevas reglas. Es una de las grandes virtudes de un sistema de mercado que logra encauzar dicho comportamiento en beneficio de todos, y en particular de los consumidores. Cuando desaparecen las reglas del sistema de mercado las instituciones dejan de tener como objetivo satisfacer a sus clientes, y pasan a tener como objetivo satisfacer a sus nuevos dueños, que en muchos casos son los funcionarios.
Las instituciones sin fines de lucro son empresas en que la apropiación del lucro se produce a través de una lucha de poder interna. Si dicha lucha no está bien encauzada por un dueño que establezca reglas e incentivos internos adecuados, la lucha resultará en que la empresa tendrá altos costos, producirá poco y/o de mala calidad. Como tradicionalmente el objetivo es lograr lo opuesto, eso muestra los errores conceptuales de quienes creen que en el difícil problema económico de producir mas y de mejor calidad, el lucro es parte del problema.

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