Chile no va a alcanzar el desarrollo sin una transformación profunda de su sistema educativo. Hoy, somos los últimos en la OCDE en competencias de lectura, matemáticas y resolución de problemas. Últimos. En un mundo que avanza con velocidad hacia la inteligencia artificial, la robótica y la biotecnología. Seguir rezagados en educación es una condena silenciosa.

Mientras países como Corea del Sur, Singapur o China integran programación, física cuántica y nanotecnología desde etapas escolares tempranas, en Chile seguimos alejándonos de esa ruta. Hace poco, el Ministerio de Educación anunció que más de 3.000 colegios deberán incorporar obligatoriamente el ramo de “Lengua y cultura de pueblos ancestrales”.

Respetar la diversidad cultural es esencial. Pero avanzar hacia una economía del conocimiento también lo es. En la práctica, seguimos aplazando una discusión urgente: cómo formar a las próximas generaciones para que puedan participar -y competir- en el mundo que viene.

En Singapur, el foco en la resolución de problemas complejos ha convertido su modelo educativo en un estándar global. En Japón, se enseña programación desde etapas básicas, incluyendo lenguajes como Python y Scratch. China incorporó al currículum de educación media contenidos como biotecnología, física cuántica y nanotecnología. En Corea del Sur tienen ramos de robótica y automatización desde primero medio, con proyectos prácticos “hands on” y competencias a nivel nacional, donde alumnos de todo el país compiten por resolver desafíos utilizando robots fabricados por ellos. Además, sus profesores están potenciados por inteligencia artificial en la sala de clases, con evaluaciones automatizadas y tutores virtuales para aprendizaje personalizado.

¿El resultado? Estudiantes mejor preparados para el mundo del futuro.

Si no hacemos cambios pronto y profundos en nuestro sistema educativo, la brecha de Chile con países de la OCDE y, sobre todo, con países de Asia será insalvable.

Los países desarrollados lo son porque tomaron la decisión de invertir en su activo más potente: los cerebros, las habilidades y competencias de sus habitantes. En Chile, buscamos hace mucho tiempo diversificar y sofisticar nuestra matriz productiva. Imposible lograrlo sin una educación de calidad en etapas tempranas.

Mucho por hacer en este ámbito. Una tremenda oportunidad para startups Edtech locales que puedan complementar los esfuerzos de la educación tradicional para desarrollar más y mejores mentes, capaces de construir un mejor país.

Cambiar esto no es solo responsabilidad del Estado. También hay una oportunidad concreta para el ecosistema de innovación. Las Edtech locales tienen espacio para complementar, acelerar y escalar soluciones que permitan avanzar más rápido en la formación de talento.

La educación de calidad es la única vía sostenible hacia el desarrollo. Y cada año que perdemos, la brecha con los países líderes se vuelve más difícil de cerrar. No hay tiempo que perder.

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1 Comment

  1. Es totalmente cierto lo que aquí escribe el Sr. Herrera, absolutamente de acuerdo con él. No obstante a la luz de lo que se ve en nuestro sistema educativo hoy, creo que, siquiera antes de pensar en los, indispensables por cierto, cambios profundos al currículum y a la forma de entregarlo, debe reformarse el magisterio, desde las cuestiones de carácter administrativo/normativo (estatuto docente y organización del trabajo del profesorado), hasta la redefinición completa de la carrera de pedagogía, sus fines, sus métodos, su posición en la sociedad, sus atribuciones y, dado el lamentable deterioro de su autoridad en el aula, su protección.
    No podemos pretender tener una educación de calidad mientras la carrera de pedagogía sea, en gran medida, aquella que «tuve que seguir» porque mi puntaje «no me daba para más»; aquella en que, de repente y tras 5 duros años de estudio, mi recompensa económica se parece a la de una asesora del hogar bien pagada en barrios de altos ingresos; aquella en que la sociedad me desprecia, y no me respeta, con alumnos y padres que pueden llegar a agredirme violentamente por tratar de hacer bien mi trabajo y con direcciones que no me respaldan por desidia o cobardía.
    Si no partimos por establecer un magisterio bien reconocido social y económicamente, que atraiga a los mejores a estudiar la carrera y que garantice a estos las condiciones lógicas de ambiente de trabajo respetable y respetado, mal podremos esperar un desarrollo de contenidos y preparación de nuestros jóvenes para los desafíos del futuro.

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