Credit: Cuenta de X de Edmundo González, @EdmundoGU

El 7 de agosto de 1998, Mario Vargas Llosa publicó en el diario El País una columna tan lapidara como certera en su análisis y pronóstico, titulada “El suicidio de una nación”. En ella el novelista peruano reflexionaba sobre lo sorprendente y lamentable que resultaba que un país con las potencialidades y oportunidades de Venezuela optara por su propia ruina, al apoyar electoralmente a un proyecto político que ya mostraba su plan de ejercicio antidemocrático del poder, a partir de la pérdida de confianza de los electores en la democracia y sus compromisos con el desarrollo y la inclusión social.

Este domingo 28.07.24, los venezolanos, mujeres y hombres mayores de edad de ese país, tendrán la oportunidad, quizá la más clara desde 1998, de frenar la acción destructiva del chavismo y poner fin al indetenible descenso de su Nación, a las más aberrantes situaciones políticas, económicas, sociales y morales que pueden imaginarse (se recomienda ver la película Simón, disponible en Netflix, así como el documental de Gustavo Tovar Arroyo, Chavismo. La peste del siglo XIX, disponible en YouTube, para tener una idea del horror al que nos referimos).

En Venezuela no existen condiciones para realizar elecciones auténticas, es decir, con garantías básicas para la protección y reconocimiento del voto (véase el análisis de Tomás Arias Castillo, coautor del libro ¿Elecciones Auténticas en Venezuela?. Por ello, más que una elección presidencial, hoy tendrá lugar un evento político fáctico, propicio para que los ciudadanos expresen masivamente su hartazgo y repudio al proyecto político iniciado por Hugo Chávez y continuado por su sucesor electo a dedo, Nicolás Maduro.

Y esto es importante resaltarlo: la distinción entre “chavismo” y “madurismo”, que impulsan sujetos que ejercieron cargos de poder en Venezuela entre 1998 y 2013 con el ánimo de absolver sus culpas y responsabilidades en la destrucción de la República, el Estado y la Nación venezolana, es del todo falaz e irreal. Existe plena continuidad entre las ejecutorias de Chávez y de Maduro, ambos acusados, con el debido respaldo probatorio, de cometer crímenes de lesa humanidad. La única diferencia es la cantidad de recursos provenientes de la renta petrolera manejada por cada uno, y el desparpajo mayor del segundo para usar indiscriminadamente la violencia contra sus adversarios.

De vuelta al 28.07, será la masiva y contundente participación ciudadana exigiendo un cambio político durante el “proceso electoral”, así como la valiente y heroica determinación que exista en los hombres y mujeres de todos los sectores sociales del país de defender esa decisión (Maduro ha amenazado con un “baño de sangre” si no gana), lo que permitirá contar con “resultados” que dificulten al régimen, y, más en concreto, a las facciones que lo integran, el impedir por la fuerza el fin de su permanencia en el poder. (ver análisis de Miguel Fontán y Víctor Maldonado sobre el chavismo como ecosistema criminal).

Ahora bien, ¿es realista esperar que se consiga ese cambio político a partir de ahora en Venezuela? ¿Qué expectativas asentadas en los hechos se puede tener de esto? Cabe sostener que hoy existe una mayor probabilidad de que se inicie un cambio político por la presencia de factores que no existían en “elecciones” previas. Por ejemplo, es patente el desgaste, desarticulación, aislamiento y apelación desmedida a la violencia del chavismo, lo que eleva su ilegitimidad y repudio en amplios sectores de la población, sobre todo en los más vulnerables. Por desgracia, esto eleva el riesgo de una reacción violenta, desesperada, de algunos grupos dentro del régimen que, a diferencia de otros más ganados a negociar su salida, temen pagar elevados costos si entregan el poder.

Por otro lado, existe un riesgo inferior al de “elecciones” presidenciales previas, como las de 2005, 2012 y 2013, de que, si triunfa la opción ciudadana claramente mayoritaria a favor del cambio político, la dirigencia política democrática, no obstante, claudique y acepte, por chantajes o amenazas, la permanencia ilegítima del régimen en el poder. Y esto porque la responsabilidad de defender el resultado a favor del cambio político recae, primariamente, en una líder que, como Vaclav Havel, ha usado la verdad para combatir al régimen, ha demostrado no tener miedo y una plena conciencia de su compromiso histórico, como lo han destacado distinguidos historiadores venezolanos como Germán Carrera Damas y Elías Pino Iturrieta.  

Es un hecho que la opción de cambio es mayoritaria en la Venezuela de hoy. Esto lo prueban los resultados de las primarias realizadas en octubre de 2023 y la masiva asistencia a los actos políticos con María Corina Machado y Edmundo González en todas las ciudades, pueblos y caseríos que han podido visitar en Venezuela -a pesar del hostigamiento y de la represión chavista-. Y así ha sido reconocido incluso por antiguos aliados del régimen, como Luiz Inácio Lula da Silva, José Mujica y Gustavo Petro, entre otros. De allí que sea razonable tener expectativas favorables sobre el inicio de un cambio político, a pesar de la furia de parte del chavismo, así como de oscuros intereses de lobistas y turbias inversiones extranjeras que anhelan la permanencia de este en el poder.

Aunque hasta el último minuto de este episodio político puede pasar casi cualquier cosa, son varios los obstáculos que Maduro y sus aliados tendrán que enfrentar para contener y derrotar el movimiento popular de emancipación -como lo reconoce la profesora Corina Yoris Villasana, inicial candidata de la plataforma unitaria tras la “inhabilitación” de facto de María Corina Machado- que se ha consolidado en Venezuela.

Entre ellos destacan que el régimen no tiene ya la credibilidad, la capacidad de compra y de coacción que tuvo en años pasados; asimismo, que la gran mayoría de las personas que residen en Venezuela atribuyen en términos causales los problemas más graves que les aquejan, entre ellos la partida de familiares al extranjero, a la acción u omisión del chavismo; y, desde luego, la existencia de un liderazgo político, encarnado en María Corina Machado, auténtico, valiente y coherente, que promueve una nueva relación entre el Estado y la ciudadanía, basada en la libertad, el estado de derecho y la creación competitiva e inclusiva de riqueza, y que encarna en el imaginario nacional a la mujer venezolana eje de la familia y de la sociedad, capaz de reunificar a las familias divididas por la lógica totalitaria, criminal y nihilista del chavismo.

Otros obstáculos para el régimen chavista que lidera Maduro son el inequívoco reconocimiento del liderazgo de Machado por Edmundo González Urrutia, el inesperado candidato unitario de la resistencia democrática, quien, hasta el momento de escribir estas líneas, ha demostrado altura de miras, compromiso con la Nación y mucha prudencia política; y de la oportuna subordinación de las lógicas e intereses cortoplacistas de los partidos políticos al objetivo superior del movimiento nacional de emancipación, a saber, poner fin al despotismo chavista.

Por último, dificultará la tentación chavista de cometer fraude la disposición de la gente a defender su elección hasta el fin del proceso electoral, es decir, en el conteo de votos y revisión de los resultados; la decisión de antiguos militantes del chavismo a no solo no contribuir con acciones fraudulentas, sino a trabajar para enfrentarlas e impedirlas; y, como ya se indicó, el aislamiento y hasta condena de aliados ideológicos regionales del chavismo, por su uso compulsivo de la violencia y la represión, así como por los considerables y siempre crecientes problemas colaterales -de seguridad, migratorios, económicos, etc.- que genera para los países de la región.

¿Qué implicaciones puede tener el resultado de la jornada de este 28 de julio? Son varias las que pueden señalarse. De comenzar un cambio político, las democracias de la región, la chilena entre ellas, sumarán a un aliado clave en la lucha contra la delincuencia organizada regional, al recuperar las nuevas y legítimas autoridades de Venezuela, con ayuda de sus aliados internacionales, el control sobre un territorio que es epicentro de la organización y actuación de dicha delincuencia.

Asimismo, al iniciarse el proceso de reconstrucción nacional surgirá un incentivo de retorno a su país en un número importante de venezolanos quienes, insatisfechos con su experiencia migratoria o por el deseo de reencontrarse con sus familiares, estimen que ahora tendrán la libertad, que el chavismo les había robado, de desarrollar sus vidas en su país natal. Por último, se lograría una derrota política del régimen autoritario, con abrumadora participación ciudadana, que liquidaría la legitimidad que alguna vez tuvo el proyecto revolucionario y autoritario impulsado Hugo Chávez.

Pero, si no inicia ese cambio, se mantendrá en el poder un aliado directo de grupos criminales organizados como “El Tren de Aragua”, por un tiempo indeterminado, que insistirá en debilitar, erosionar y corromper las instituciones públicas y privadas de las democracias de la región. Al mismo tiempo, se radicalizará el proceso de salida, más bien de escape, de cientos de miles de venezolanos en busca de mejores oportunidades, tras un nuevo zarpazo autoritario a la democracia, la libertad y la convivencia pacífica con igualdad ante la ley, agravando la crisis migratoria regional.

Lo anterior supondría la continuidad del proyecto chavista ante la indiferencia, complicidad o cinismo de las democracias regionales frente a Maduro y sus aliados, así como un incremento de las alteraciones al orden internacional regional y mundial, al continuar a la utilización del territorio venezolano como epicentro de actuación de regímenes autoritarios y organizaciones internacionales de crimen organizado.

Es imposible vaticinar cuál será el resultado de la jornada política que hoy tendrá lugar en Venezuela. Los números de la “elección” podrían tardar mucho en conocerse. Al no existir instituciones ni ser el Consejo Nacional Electoral una instancia independente como el Servel de Chile, sólo la presión popular, el no uso de las armas de la República contra la ciudadanía por parte de las Fuerzas Armadas y el firme apoyo de los aliados en el extranjero al candidato unitario Edmundo González Urrutia y al liderazgo de María Corina Machado, pueden hacer posible el reconocimiento del fin del despotismo chavista y, ojalá, el inicio del revivir de una Nación.

Abogado summa cum laude de la Universidad Central de Venezuela. Profesor de Derecho Público en la Universidad Finis Terrae.

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2 Comments

  1. Concuerdo con la conclusión final. Nada garantiza que la oposición triunfe ni que el gobierno respete un resultado desfavorable. Más de un cuarto de siglo en el poder son la mejor garantía para perpetuarse, por desgracia.

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