Post las respectivas convenciones en Estados Unidos, se acrecentó la superación de Kamala Harris y Donald Trump perdió tracción y ascendencia, ante el indisimulable ascenso de su adversaria en las encuestas, (+1,5% a nivel nacional) con renovado carisma, serenidad y energía entre los demócratas, algo que no se vislumbraba ante la decadencia del mismísimo Biden, con una creciente recaudación de fondos, donde el sí bolsillo importa, y es un buen barómetro en sí mismo, los aportes superan los US 7.400 millones, donde los millonarios participan con el 24%.

Como economista, sí preocupa de ambos candidatos la ausencia de directrices claras respecto al déficit fiscal, que supera hasta el portentoso PIB de la nación, mientras la principal fábrica de billetes del mundo, la FED, cuente con el respaldo del mercado financiero global, se podrá absorber y aceptar. Post el adiós al padrón oro, y la amenaza del bitcoin…

De Trump sabemos de su iracundo temperamento y sus antojadizas respuestas han sido una larga rotativa de destempladas descalificaciones y negación de verdades evidentes. Sólo en el debate con Biden, ante sus comentados rasgos de senectud, no se tomó debida nota de las 23 faltas a la verdad que registró el propio Trump; sólo enuncia conceptos aislados y reiterativos, acusando una ausencia de consistencia y flexibilidad mental, acrecentadas con sus años.

Sus postulados son arrítmicos, en el sentido que nacen más de su temperamento; sí tiene fortaleza de ser y aparecer (como la proverbial presencia de ánimo ante su intento de asesinato) como un duro, que le da credibilidad frente al casi indisoluble y desgastador conflicto del flujo de inmigrantes, y es claramente anti-Estado y promercado, así, interpreta y complace a los republicanos, con esa auto polarización. Trump pasó a ser el pretérito de la contienda. El hombre más viejo que postula a la presidencia en la historia de la nación. Como la edad se trasformó en un asunto de Estado…

Kamala Harris no sólo es un fenómeno electoral, sino de nueva concepción, lo que en elecciones presidenciales es fundamental: el cambio por el cambio, una exigencia y cábala electoral a nivel mundial. Harris está penetrando el voto joven, a los indispensables independientes indecisos y ganando terreno lógica y progresivamente entre la población afroamericana y latina.  

Ahora, ante una candidata mujer, de color, más joven, enérgica, adaptable (quizás en exceso) conocedora del establishment y las argucias de una exfiscal… Trump quedo quizás abiertamente desconcertado. Todos lo hemos percibido y oído por años, un aluvión interminable de reiterativos agravios y sus clásicas teorías conspirativas, enfatizando infundadamente que le robaron la elección anterior. El azuzar e instar la toma del Congreso es de lo más grave y dislocado de la historia política de EE.UU.

No es desidia o antipatía del Washington Post, durante la administración Trump, decidió ante un vació de credibilidad, llevar una estadística de las afirmaciones falsas, engaños, encarnando el concepto de post verdad e imprecisiones que afectaban al buen entender la fe pública, aseveraciones presidenciales reñidas a la verdad, constatado por un equipo de verificación del diario, y le contabilizaron 30.573 falsedades.

Ante unos adherentes, ahora, más abiertos a comparar la visión de los candidatos, menos estigmatizados, la visión del pasado está perdiendo tracción.  Ante referencias descalificadoras respecto a Kamala Harris, la ha estereotipado agriamente, pese a las advertencias de sus propios asesores.

Es clásico, en política, que se les reconoce “dubitativamente” al gobierno vigente sus logros. Aun así, la criminalidad ha bajado significativamente, el aborto es una realidad polémica de la sociedad actual, la inflación ha pasado de un 13% en 2021 a un 3%, un logro más de la FED. Hay pleno empleo y virtuosamente asociado con aumento de los salarios reales. Aun así, la percepción económica es negativa. El sensible ingreso de inmigrantes ha disminuido su flujo, sólo últimamente.

En el mundo de la posguerra fría, cualquier Presidente que prometiera aumentar los aranceles habría firmado su carta de despedida en política, en las décadas anteriores y esto es lo que incorporó y enfatizará nuevamente Trump: proteccionismo unilateral, generando conflictividad, distorsiones e incertidumbre comercial, una amenaza distante para Chile, aún, que tanto se ha beneficiado de la apertura comercial.

En Estados Unidos y el mundo, se está produciendo una movilidad generacional reflejada electoralmente, léase Chile. Buscan liderazgos que reflejen sus valores y preocupaciones, como el cambio climático, el emprendimiento y la justicia social, los que se inclinarían por Harris; directrices muy del partido Demócrata con soluciones efímeras y estatistas. Sí hay que tener presente que Harris es de izquierda liberal y por reacomodos electorales, se ha visto obligada a transar. La interrogante… ¿será sólo una postura electoral?

Hay que considerar que Trump está en un inestable equilibrio, por cuanto su futuro ante un resultado adverso es predecible: una larga noche negra en sus dos facetas, la política y la empresarial. Al quedar huérfano se reactivarían las causas penales pendientes, ¡que son 91! (quizás lo exima con el soporte a favor de la Corte Suprema).

A Chile, un periodo presidencial de cuatro años no le afectará mayormente por diversas razones: el desinterés por América Latina; porque es improbable que el Congreso quede en manos del triunfador para imponer su programa y, esencialmente, porque los problemas de nuestro país son intrínsicamente propios.

Las recetas dogmáticas, de origen de este gobierno, se cruzan irremediablemente. Llevamos nueve trimestres seguidos con una formación de capital negativo, superando al propio Allende y el paupérrimo gobierno de Bachelet II, y continúa en su desfiladero, el último trimestre cae un -8,7% la inversión, así no hay espacio al irremplazable crecimiento. El indispensable proyecto de ley de permisividad perdió su prioridad; esta exigencia esencial para la modernidad del Estado, sin convicciones profundas de gestión, le restará al país enormes espacios de competitividad y productividad, siendo un lastre permanente, provocado por los mandos medios, con el fuero de inamovibles.

Los próximos dos meses serán neurálgicos en EE.UU. Cada estado y persona tiene una visión e intereses diferenciados. Unos la inflación, otros el aborto y los más, el concepto del cambio. Esto último, circunstancial y excepcionalmente, corre a favor de ambos, por no ser incumbentes hoy. Es una elección a dos bandas, la votación popular y donde la definición se da en el Colegio Electoral. Los imponderables 270 votos serán en función de la proporcionalidad de la simetría social y económica de cada estado, que obliga a comprometer distintas causas, nada fácil para un país federado y un Poder Ejecutivo centralizado.

En definitiva, un “duelo de emociones” decidirá las elecciones norteamericanas, ante el antagónico historial, temperamento e idiosincrasia de los pretendientes, tan diverso.

Ingeniero Comercial PUC. APM Universidad de Harvard. Columnista. Director de empresas IPSA. Presidente Instituto Libertad.

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2 Comments

  1. Ummmm, parece muy claro que el comentarista o analista tiene una clara inclinación o un claro rechazo, y no lo oculta para nada. Lamentable, uno espera objetividad.

  2. Carlos, ¿es tu percepción de rechazo o inclinación referido a las menciones de Trump y Kamala o referido a la evolución de la economía chilena?

    Rafael, comparto con tu preocupación respecto al desdén de ambos candidatos respecto al creciente y obsceno déficit fiscal. Y decepciona que los republicanos hayan abrazado a un líder dispuesto a colocar aranceles y otras medidas populistas.

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