empresa

El tema impositivo es un punto de profunda fricción entre políticos y economistas, con visiones a menudo dogmáticas. Los políticos buscan recursos tributarios “ajenos”, para satisfacer demandas electorales y demostrar sensibilidad social, a menudo bajo la bandera de una igualdad, controvertible. En contraste, los economistas rigurosos demuestran que los impuestos impactan negativamente en la generación de riqueza y, consecuentemente, en el bienestar social general. El debate tributario suele ser el campo de batalla donde chocan la urgencia política y la realidad económica. la evidencia económica es clara: la presión excesiva sobre el patrimonio y las utilidades frena el motor que genera el bienestar social. La obsesión de sustraer recursos del 1% más pudiente es entrampar el desarrollo económico de punta… que retribuye en más ingresos tributarios proyectados en el tiempo.

Cuando un país experimenta un crecimiento tendencial a la baja con malos indicadores económicos, la respuesta habitual de los políticos es subir los impuestos para financiar el gasto público y, supuestamente, paliar la pobreza. Este enfoque rompe el ciclo virtuoso de mayor inversión, crecimiento, creación de empleos formales y el consecuente aumento de ingresos tributarios derivado de una mayor actividad económica. Inevitablemente, la realidad obliga a estos países a dar marcha atrás y a reducir nuevamente la carga fiscal, ineludiblemente.

Por esta razón, el impuesto corporativo ha mostrado una baja sostenida en los países de la OCDE, pasando de un promedio del 32% al 24%Esta es la dirección opuesta a la que eligió, por ejemplo, Chile, que incrementó su gravamen en doce años desde el 10% hasta el 27%. Si bajarlos gradualmente al 24%, restando ciertas exenciones tributarias, obsoletas y sesgadas. La consecuencia de este aumento se refleja en la persistente caída de la inversión, un menor crecimiento y la ampliación de los empleos precarios, lo que a su vez ha magnificado la desigualdad.

Cuando la oposición plantea gravar con una mayor carga tributaria a las 1.000 empresas más grandes del país, se comete un despropósito. Son estas compañías las que verdaderamente mueven la economía: representan el 80% de las exportaciones, generan el 60% de la inversión, impulsan los avances tecnológicos, ofrecen los mejores sueldos y son la principal fuente de ingresos tributarios. Solo la Operación Renta de las 100 mayores empresas en bolsa significa US$ 25.000 millones en impuestos.

La riqueza inicial ni la circunstancial, garantiza el patrimonio de los ricos, y menos el capital per se. Lejano ha quedado el retrógrado y equivocado principio que el capital explota a las personas y de ello principalmente lucraban, por cuanto los salarios históricamente se incrementan en términos reales (la no explotación y apropiación) y la utilidad del empresario es esencialmente, la óptima asociación entre este capital, la tecnología, sentido de administración, toma de riegos e interpretar como velar por sus exigentes consumidores.

Tenemos todos bien presente el periodo de la pandemia, pues bien, pocos recuerdan, que líneas aéreas, como LAN , entraron en bancarrota, por cuantos sus aviones estaban prohibidos de volar. Sus dueños perdieron en la praxis todo su patrimonio, salieron adelante quedando la compañía en manos de sus acreedores, aun así, se reinventaron y LAN ha recuperado su excelencia. Los centros comerciales tuvieron que cerrar y mantener sus malls a base de endeudamiento y como agravante los compradores adquirieron el justificable habito de comprar online; nuevamente esta industria con el resiliente temperante empresarial de sus dueños, recuperaron, paso a paso, la actualización y diferenciación de sus malls. Ambas representativas realidades se olvidaron… solo se les enrostra su última línea/utilidades, y no las satisfacciones que recuperaron para sus millones de clientes, mensualmente.    

En definitiva, las empresas son las generadoras de riquezaempleos estables, divisas necesarias para importar y constituyen el segundo principal afluente del gasto social en el presupuesto nacional. No se debe caer en la falacia y el estereotipo de que, por ser más grandes y ricas, deben pagar más impuestos para contribuir más al país. 

El círculo virtuoso del patrimonio; de los sectores más pudientes cumple una función social crítica que a menudo se ignora. La riqueza patrimonial no es un recurso estático acumulado en una bóveda, sino capital vivo que irriga la economía de tres formas fundamentales. Estabilidad y resiliencia; Los grandes patrimonios permiten que las economías resistan crisis. Es ese capital el que mantiene proyectos a largo plazo cuando el crédito externo se seca o el consumo interno cae. Incentivo a la excelencia; La posibilidad de generar y legar riqueza es el principal motor de la innovación. Sin la recompensa del éxito patrimonial, el espíritu emprendedor se asfixia, y con él, la creación de nuevos mercados e innovaciones. Filantropía y bienes públicos; históricamente, la riqueza privada ha financiado desde universidades hasta centros de salud y fundaciones que llegan donde el Estado, por su burocracia e insensibilidad, no puede operar con eficiencia y desfalcadas organizaciones.

Cuando se propone gravar con mayor fuerza a las grandes fortunas o a las 1.000 empresas más grandes del país, se ataca al corazón del sistema:  Generan el 60% de la inversión total, creando empleos de eximia calidad y esa matriz de inversión representa un 24% del PIB y deberá de propender a alcanzar el 28%. Aportan miles de millones de dólares que financian la mitad de la totalidad del gasto social del presupuesto nacional. Crear riqueza para eliminar la pobreza Es un error conceptual y ético ver la riqueza como un botín a repartir en lugar de una semilla a cultivar. El bienestar social no surge de la redistribución de lo que ya existe, sino de la creación constante de lo nuevo.

Cuidar a quienes poseen grandes patrimonios y a las grandes empresas no es un acto de favoritismo, sino de responsabilidad integral, por su multiplicador. Si queremos un país próspero, debemos proteger el entorno que permite que la riqueza se cree, se mantenga y se reinvierta. Para que el Estado pueda gastar en lo social, primero alguien debe haber generado esa riqueza con éxito y visión. Cuidemos, pues, a las vacas lecheras; ellas son las que garantizan un mejor horizonte. El presidente Kast con convicción clama , el crecimiento no es una opción… es una obligación.

Ingeniero Comercial PUC. APM Universidad de Harvard. Columnista. Director de empresas IPSA. Presidente Instituto Libertad.

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